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La problemática del trabajo infantil

Un problema de dimensión mundial

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) define el trabajo infantil como: "Toda actividad económica realizada por niños/as y adolescentes, por debajo de la edad mínima requerida por la legislación nacional vigente para incorporarse a un empleo, o por menores de 18 años, y que interfiera con su escolarización, se realice en ambientes peligrosos, o se lleve a cabo en condiciones que afecten a su desarrollo psicológico, físico, social y moral, inmediato o futuro”.

El trabajo infantil en el mundo –particularmente en América Latina– no es un fenómeno nuevo. De hecho, el Convenio nº 5 de la Conferencia Internacional del Trabajo estableció ya hace varias décadas la edad mínima de admisión en trabajos industriales. Más tarde, la persistencia y agravamiento del fenómeno llevó a que en 1973 se adoptase el llamado Convenio nº 138 sobre edad mínima de admisión a cualquier empleo, y más recientemente, en 1999, el Convenio nº 182 sobre las peores formas de trabajo infantil.

En la actualidad nos encontramos en un momento de creciente compromiso internacional para erradicar el trabajo infantil. A pesar de ello, el trabajo infantil sigue siendo uno de los problemas más preocupantes de nuestra sociedad, y sobre todo en América Latina, donde se halla el 16% de niños/as trabajadores. Según datos de la Organización Internacional del Trabajo Infantil (OIT), actualmente hay 211 millones de niños/as y adolescentes, de entre 5 y 17 años, que trabajan en el mundo, y casi tres cuartas partes lo hacen en situaciones de peligro: por ejemplo en minería, manipulando productos químicos y pesticidas; o en industria, manejando maquinaria peligrosa.

Convenios internacionales nº 138 y nº 182

La problemática del trabajo infantil en América Latina

Se calcula que sólo en el área de América Latina y el Caribe trabajan 5,1 millones de niños/as, lo que supone un 2,4% del total mundial.

En la región, el trabajo infantil es, a la vez, resultado de la pobreza y una manera de perpetuarla. A esta pobreza se suman otros factores que fomentan el círculo vicioso del trabajo infantil: la desestructuración del ámbito familiar, valores y culturas que tienden a legitimar el trabajo infantil como algo aceptable e incluso deseable, y la inadecuación de los sistemas educativos para sostener la escolarización de los menores.

En América Latina y el Caribe cobra especial relevancia la presencia de las denominadas peores formas de trabajo infantil, es decir, aquellas que más peligro entrañan para la integridad de niños/as. Actualmente, 5,1 millones de menores se encuentran en esta situación, lo que significa que un tercio de los niños/as que trabajan lo hacen en las formas más peligrosas y agresivas.