
“Ya no reparto tortillas y quisiera ser abogado.”
Jonathan Arana nació en Managua hace diez años. A los ocho tuvo que dejar a un lado su pasión por el fútbol porque empezó a trabajar. Debía levantarse a las cuatro de la mañana para repartir por su barrio las tortillas que hacía su mamá, Carmen Aguirre Ponce. Para Carmen, soltera y con otros dos hijos que criar, esa decisión no fue fácil porque siempre había tenido muy claros los principios y valores de su familia, pero su situación económica se volvió tan difícil que al final optó por convertir a su hijo en su ayudante. Los dos pensaron que sería algo temporal, pero Jonathan trabajó dos años.
Durante ese tiempo no abandonó la escuela, pero su rendimiento ya no era el mismo. Tenía la responsabilidad de ser el sustento de su propio hogar, siendo apenas un niño y ya no tenía ratos libres, estaba siempre cansado y con sueño.
La llegada de Proniño a la escuela José de la Cruz Mena de Managua cambió la situación de Jonathan. “Ya no reparto tortillas y quisiera ser abogado para ayudar a los necesitados. Ahora cuando llego a casa, además de hacer mis tareas, puedo jugar al fútbol con mis hermanos y amigos de la cuadra”, dice Jonathan con orgullo.
© 2007 Fundación Telefónica. Todos los derechos reservados.