La educación como estrategia de erradicación progresiva del trabajo infantil

Si bien se incluyen actuaciones orientadas a la sostenibilidad económica del entorno del niño (fundamentalmente, la familia), la intervención de Proniño, se ordena en torno a una lógica de intervención, en la que la afirmación central sería que “la escolarización es un instrumento eficaz para la erradicación progresiva del trabajo infantil”.

Se tratará entonces de justificar la afirmación, y luego, se plantean las condiciones que debe cumplir el proceso de escolarización para ser eficaz.

Hay que aclarar además, que en este texto, se usa el término “escolarización” en un sentido amplio, y quiere expresar que se busca mantener a los niño/as seleccionados por el programa para ser atendidos dentro de sistema de educación formal, independientemente de la situación de “escolaridad” previa que tuviesen. De esta manera, se amplía la concepción usada en algunos ámbitos sociológicos, que restringen el término exclusivamente a la acción de rescatar niño/as que estaban fuera del sistema educativos para (re)insertarlos en el mismo.

Otra cuestión importante, es recordar que la noción con que se trabaja, incluye centralmente la noción de que son aquellas prácticas que producen conculcación de los derechos del niño. Desde esta afirmación, debe comenzarse reconociendo que el sólo hecho de poder mantener al niño/a escolarizado implica restituir un derecho básico que normalmente le conculca el trabajo infantil: el derecho a estudiar.

Entrando ya en la justificación del modelo de intervención, se reconoce que en primer lugar, hay que generarle al niño las condiciones “personales” básicas para que pueda afrontar con cierto éxito un proceso educativo, condiciones que van desde dotarlo de los materiales educativos mínimos hasta asegurar que su salud y alimentación le permiten asimilar el proceso de aprendizaje.

Acto seguido, dado que el niño/a trabajador participa de una situación de precariedad social y personal importante, para sostener el proceso de escolarización no basta con intervenir en el “Sujeto Niño/a” sino que es necesario intervenir en su entorno.

Por ello, también se interviene la familia, que debe comprometerse a hacer viable y sostenible la escolarización. Pero al hacerlo, ya la propia familia comienza a transformarse: reconoce los derechos de niño, reflexiona sobre su relación afectiva y el buen trato, se revaloriza el estudio y por tanto, el trabajo deja de ocupar la posición central en el esquema de vida que se le impone al niño/a, subordinándolo (por lo menos) a que no bloquee la educación.

Por otro lado, se interviene en la relación niño-escuela (1). Se busca compensar las deficiencias acumuladas por el niño en relación al estudio (equilibrar su capital cultural previo, su “educabilidad” a través de larecomposición de la autoestima, apoyos educativos especiales, ocio creativo, etc.) y por otra, trata de adaptar el entorno pedagógico a una necesidad de aprendizaje necesariamente distinta. Y se utiliza a la propia escuela/centro educativo como plataforma para crear una nueva relación niño-familia-escuela. Dentro de esa nueva relación, surgen oportunidades para los propios padres (formación, fortalecimiento comunitario, visualización de nuevas alternativas de vida, etc.).

Finalmente, cuando la intervención adquiere una cierta continuidad y escala, comienza a ser social e institucionalmente visible, por lo que posible crear redes de contención de distintos tipos, que expanden la protección de los derechos del niño/a.

Toda esta acumulación de transformaciones en cascada, permiten crear una nuevo entorno social, familiar, escolar e institucional, que posibilitan una erradicación progresiva del trabajo infantil.

Y aún en aquellos casos en que no se logre que el niño/a abandone el trabajo, la retención dentro del circuito formal de educación, produce a medio-largo plazo que mejoren sus posibilidades de inclusión social y laboral positiva, evitando así que cuando llegue a la adultez, reproduzca en forma ampliada, el círculo vicioso de pobreza/exclusión que genera más pobreza y desde allí, más trabajo infantil.

Para que el proceso anteriormente descrito pueda funcionar con eficacia, obviamente se requieren cumplir con algunas condiciones de mínima:

- La escolarización debe ser sostenida y sostenible. Sostenida porque tiene que perdurar en el tiempo para dar lugar a que los procesos de cambios que se generan en el propio niño y en entorno se produzcan y consoliden. Sostenible, porque hay que generar garantías de que la inserción o mantenimiento del niño en sistema formal de educación no dependen sólo y exclusivamente de factores externos al propio proceso de escolarización (por ejemplo, que asistan a la escuela sólo para obtener ayuda alimentaria).

- En segundo lugar, la educación a la que accede el niño en su escolarización debe tener un mínimo de calidad, de excelencia, a fin de asegurar reales posibilidades de continuidad de estudios o formación ocupacional que le permita un acceso digno al mundo laboral. De otra forma, sólo se lograría retrasar el ingreso a la exclusión y/o trabajo infanto-adolescente. En otras palabras, resulta claro, que mientras más calidad tenga la oferta educativa a la que accedan los niño/as, más efectiva resulta la estrategia de erradicación y mejores oportunidades de inclusión social y laboralse generan.

(1) Esta cuestión está siendo ampliamente discutida por instituciones especializadas, expertos y responsables de educación en América Latina. A título de ejemplo, ver “Equidad educativa y desigualad Social”, Néstor López, IIPE-UNESCO, Sede Regional Buenos Aires.

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