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El románico nace en torno al año 1000 en el norte de Italia y se extiende rápidamente por toda Europa.
A finales del siglo XI, la Vall de Boí es un valle feudal: campesinos ligados a la tierra y bajo el dominio de los señores feudales, la familia de los Erill.
Siglo XII. Con las riquezas que los Erill recibían de su participación en las campañas de reconquista, patrocinaban la construcción de iglesias en el valle, contratando para ello a los mejores constructores y artistas del momento.
Esta circunstancia, unida a la cercanía entre los diferentes núcleos de población del valle, ha dado lugar a una concentración de iglesias con un elevado nivel artístico en un territorio muy pequeño.
Aún más excepcional es la conservación a través
de los siglos de estas iglesias sin apenas modificaciones que hayan
alterado su concepción inicial.
Es de destacar, como una de las características principales
del románico de la Vall de Boí, su unidad de estilo
arquitectónico.
En 1907 tuvo lugar una expedición, organizada por el Institut d'Estudis Catalans, para conocer y estudiar los monumentos de la Ribagorza. Esta misión encabezada por Josep Puig i Cadafalch evidenció la existencia de las riquezas artísticas existentes en el valle de Boí.
Las iglesias de la Vall de Boí han alcanzado en su conjunto el nivel de paradigma de todo el arte románico catalán. Aparte de su belleza intrínseca y de su esmerada armonía con el paisaje, estos edificios han llegado a tener un papel singular en el arte catalán por la riqueza de sus elementos decorativos y mobiliarios, en un estado de conservación y de una calidad que es necesario calificar como excepcionales.
Es por ello que este conjunto monumental único fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000.
A mediados del siglo XIX se inicia en Cataluña el movimiento cultural de la Renaixença. Con la voluntad de conocer y estudiar los monumentos románicos del país, en 1907 el Institut d’Estudis Catalans organiza una serie de viajes histórico-literarios.
De esta voluntad por conocer el país, definir y reivindicar una identidad propia, surgen fotografías, dibujos y planos que serán la base de una serie de publicaciones. Entre ellas, la obra Les pintures murals romàniques, que años más tarde fue utilizada por coleccionistas y museos extranjeros a modo de catálogo para comprar y trasladar estas obras de arte.
Ante este peligro, la Junta de Museos de Barcelona decidió acometer un proceso de “salvamento”. La mayor parte del conjunto de pinturas murales románicas se extrajeron, arrancándolas mediante la técnica del strappo, y se trasladaron al Museu d´Art i Arqueologia de Barcelona entre los años 1919 y 1923.