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Linda Wallace
Love Hotel
Australia
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Fórmula lovehotel para el nacimiento de lo nuevo
Autor: Chris Rose
Fuerzas diabólicas, sea cual sea su mensaje, se agolpan a las puertas y se regocijan porque pronto llegarán.
Kafka
El vídeo de Linda Wallace, lovehotel, nos habla del surgimiento de nuevos espacios de interacción, de nuevas tecnologías y de la formación del deseo; nos habla del sinuoso acercamiento de una "Inteligencia Aberrante" que se adentra sigilosa en nuestros hábitats cotidianos (físicos y cibernéticos) como una especie de espectro inescrutable e informe del futuro. lovehotel establece el dominio - la residencia de esta IA - en medio de una multiplicidad de líneas narrativas y elementos semióticos, utilizando extractos del texto "Fleshmeat", escrito y narrado también aquí por Francesca da Rimini, como sustituto desubicador o descolocador del movimiento de las imágenes en pantalla. Es la casa sin edificios o el espacio-tiempo flotante de la emanación espectral que se cuela a través de los espacios entre imágenes, entre las palabras y las imágenes, escapando a nuestra cognición pero dejándonos con una sensación de que lo que vemos es una no simulación distorsionada de algo nuevo. Es una zona de potencial en la que el deseo desquiciado y los nuevos vectores de comunicación fabrican un espacio para el despertar perverso de las marionetas vulgares que se meten en su dominio. El problema que se propone lovehotel es hacer palpable este reino efímero que explota aquí y allá en ráfagas de luz, dejando tras de sí un extraño sentimiento de desasosiego, una sensación de que lo nuevo se ha colado dentro y ha distorsionado las convenciones y los códigos de toda forma de vida. lovehotel despeja un espacio en que el deseo aberrante - la faz huidiza de lo cotidiano - pervierte el orden establecido de la comunicación y el sentimiento. Así expresa la cuestión que busca formular: la cuestión del nacimiento de lo nuevo.
Sin embargo, en cierto sentido lovehotel no es un trabajo sobre lo nuevo. Se puede detectar una vacilación en el paso dado por la artista hacia la cuestión de lo nuevo (¿qué es? ¿dónde está?). Conocemos demasiado bien la versión llena de seguridad y certeza: en ella lo nuevo es arrebatado en una ola de esclarecimiento u optimismo tecnocientífico, encadenado al ideal de progreso (ahí está Nicholas Negroponte, la "novísima" o más reciente encarnación de esta conocida tradición). lovehotel se separa de todo planteamiento que conciba lo nuevo simplemente como lo más reciente. Lo nuevo no debe buscarse en el extremo de una escala que vaya desde lo que lleva más tiempo establecido a lo que lleva menos tiempo establecido. La frontera ha de buscarse en el mismo seno de las cosas, donde lo habitual se codea con lo espectral e informe, con algo que perturbe su textura conocida y lo abra a un futuro indeterminado y, todavía, inexpresable.
Si lo nuevo pudiera ser considerado o etiquetado simplemente como lo más reciente, entonces la actividad del artista apenas se diferenciaría de la del periodista: lo nuevo llega primero, el periodista llega después (o al mismo tiempo, "tiempo real"), y el público, por fin, el tercero. La progresión del periodista hacia lo nuevo es catalizada por la percepción de una diferencia (que hoy trae con respecto a ayer), pero esta diferencia ha de doblegarse a la conveniencia de discursos y formas de expresión fácilmente transmisibles. El paso del periodista es una progresión, pero en el proceso lo nuevo retrocede al marco de lo establecido, del "ayer": una progresión hacia atrás.
El primer paso que lovehotel da en su formulación de lo nuevo no tiene naturaleza de paso. El avance hacia lo nuevo se produce en forma de vacilación inicial, nacida del hecho de que lo nuevo nunca llega a tiempo. Es, simultáneamente, lo que acaba de llegar y lo que está por ocurrir. Como dice Gilles Deleuze (siguiendo a Bergson), lo nuevo no es la cosa percibida, sino la tendencia que se expresa a través de ella. Lo nuevo llega como una tendencia que consigue enmascarar su expresión en los signos o las imágenes convencionales que encuentra a su disposición. Sin embargo, la tendencia termina por distorsionar la imagen convencional, dándonos la sensación de que, aunque es posible que haya llegado (en forma de distorsión y sensación inescrutable), su momento está por venir. De esta manera la vacilación accede a lo nuevo suspendiendo la relación con el objeto familiar, tratándolo como expresión disfrazada de una tendencia desconocida. Lo nuevo no emerge a tiempo ni plenamente formado: emerge como tendencia que deshace la relación del sujeto con lo familiar y le pone en contacto con nuevas sensaciones y un futuro imprevisible.
Quizá sea esta la razón de que lovehotel omita imágenes de nuevas tecnologías, prefiriendo aislar las antiguas (trenes, teléfonos, sillas), pero logrando al máximo su propio extrañamiento, su alejamiento de sí mismas. Para ello las yuxtapone a lo que, en el momento de su aparición, supondrían: la silla y el teléfono supondrían la condición para una movilidad nunca vista ni previsible. Las cosas comienzan a perder su forma reconocible cuando se las ve desde una perspectiva de tendencia. El movimiento habitual comienza a llevar a puertas diferentes - o a "visitantes" diferentes - a medida que se desvía imperceptiblemente hacia las demandas apenas audibles, casi susurradas, de la Aberración que hay dentro, la casa o el hotel. Algo insistente golpea con dedos desfigurados en la puerta de mi casa, o mi teclado... Es la aparición de lo nuevo la que provoca una formulación vacilante, más que estridente, que capturaría el propio movimiento del surgir, y no su resultado sin más. Lo nuevo se anuncia a sí mismo como una perturbación de lo que se prevé y se percibe, una suspensión de la reacción habitual y una apertura por la que el sujeto se ve empujado hacia la faz deforme del futuro. La vacilación aísla esa zona en la que, en pleno paso, las fuerzas del futuro agarran el pie que se habría posado en el viejo suelo de siempre.
lovehotel transmite la sensación de que la historia que quedará en el futuro del espacio de hoy - sus habitantes, sus mecanismos - está siendo ya susurrada en una lengua diabólicamente extraña. La historia nos permite ver un módem al extremo de una anticuada línea telefónica. Pero, ¿y si miramos la línea antes de que se haya extendido, antes de que, por unas circunstancias u otras, se haya extendido por aquí y no por allá? ¿Una línea telefónica al futuro, abriéndose camino a través de una inflexión innovadora (módem) y que, de repente, expone al cuerpo sentado a una multitud de sensaciones, visiones, sueños e intercambios hasta ese momento inimaginables? Lo percibido, el objeto funcional otorga una semejanza de sentido o dirección a la tendencia que se materializa entre nosotros, pero también se abre a la indeterminación (el futuro, lo nuevo) con la que el percibir o el sentir de esta tendencia pone al habitante en contacto. La línea indeterminada, virtual al futuro coexiste con la línea a la casa de tu amigo.
lovehotel es el nombre de una fórmula que distingue la cara deformada y deformante de la tendencia en una época de vacilación. Articula la conjunción del deseo carnal, de la carne ante "tendencias peligrosas innombrables" con el espacio desterritorializado de encuentro que hace de cada habitación de hotel la posibilidad pura de que algo suceda. La vacilación-suspensión corresponde a la sensación de una irrupción de potencial en los vestíbulos de lo conocido. Sin embargo algo está teniendo lugar en el mismo centro de nuestros movimientos, de nuestros pasos, en el espacio-tiempo del "acaba de llegar pero aún no está aquí". Es como si una puerta o un tabique separara a los habitantes de dos espacios. Un golpe, un timbre: una llamada a la comunicación. Pero el mero inicio del encuentro es también una invocación a las posibilidades no vistas. La llamada va acompañada de un roce que sugiere la presencia de otras fuerzas. Junto a la comunicación "transparente", la comunicación de tendencias innombrables. Sigue una extraña comunicación polifónica, en la que cada habitante responde a palabras y gestos tensados entre, por una parte, la claridad de su significado y la claridad de rumbo y, por la otra, su tendencia aberrante, su tendencia a mutar y a significar algo o moverse a algún sitio distinto. Es como una conversación telefónica sobre una línea que se extiende hacia otro tiempo, buscando nuevas formaciones-encarnaciones que permitan nuevas combinaciones. "love" y "hotel" llegan por fin a significar lo mismo: un emparejamiento de tendencias que es también un lugar de reunión. lovehotel: "una puerta esplendente", una mirada al futuro entre palabras, gestos e imágenes, pero también una coreografía de sensaciones mutantes que responden a los gestos deformes de una Inteligencia o un Cuerpo que sólo se puede expresar como aberración de lo convencional... de momento.
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