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Bill Vorn
Louis-Philippe Demers
La cour des miracles
Canadá
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La Cour des Miracles
Algunas veces no nos importa sacrificar nuestra capacidad de juicio crítico si, a cambio, nos prometen un gran momento de placer estúpido y visceral. Así sucedió cuando vimos Armageddon y sus asteroides arrasando el planeta, con Bruce Willis como héroe salvador de la humanidad. Darnos cuenta de las falsedades y las manipulaciones de la película no impidió que nuestro lado más animal disfrutara de ella. Aunque puede que tanta destrucción se nos agarre a las entrañas y no consiga llegar al corazón.
El único remedio para ello es el "inteligente" placer visceral que provoca "La Cour des Miracles", un entorno metafórico creado por los artistas de Montreal Louis-Philippe Demers y Bill Vorn en el Museo de Arte Contemporáneo de Montreal. Sobre las puertas de madera clara que acceden al espacio de exhibición es imposible no ver el mensaje invitadoramente inocuo que las preside : "Entrez!/ Come in!", en un gesto sutil que consigue dejarnos desarmados frente al asalto a mente y cuerpo que nos espera en el interior.
Nada más traspasar el umbral se nos viene encima una explosión de luces, sonidos y formas: andamios, acero, bidones, farolillos rojos, luces estroboscópicas, humo y un coro de aullidos, lamentos y pendencias. El espejo ha vuelto a cambiar de dimensión. En el otro lado aparece un siniestro vertedero industrial cuyos despojos debemos ir sorteando a través de pasillos largos y estrechos que van entretejiendo el espacio. Por todo el itinerario nos encontramos a los pobladores de "La Cour des Miracles", treinta entidades robóticas que se arrastran y trastabillean como si fueran los hijos bastardos mutantes de Terminator.
Cada uno de ellos está construido para exhibir su disfunción. Uno de ellos cojea. Otro, en una jaula, no deja de agitar los barrotes. Un tercero se arrastra. Aquel avanza tambaleándose sobre piezas deformes. No son antropomórficos ni zoomórficos: son cosas, o, más específicamente, cosas monstruosas, representaciones metafóricas del dolor y el sufrimiento. Y aunque somos conscientes de la falsedad de este entorno simulado, resulta absolutamente convincente.
Demers y Vorn no quieren que sus robots sean simplemente interactivos - el visitante toca un sensor y el robot se mueve - sino que los quieren reactivos, que respondan en distintos grados a la presencia de los seres humanos y a la presencia de las otras máquinas. Es una espontaneidad de mentira, pero que no se deja notar, aumentando la impresión de peligro e incertidumbre dentro del entorno de la exhibición.
En las ciudades medievales "La Cour des Miracles" era el lugar de reunión de tullidos, pordioseros y criminales, donde desaparecían, milagrosamente, todos los defectos. A medida que avanzas por esta región sobrecogedora se va formando en ti una compleja mezcla de sentimientos. Una espesa emoción reverbera en el espacio. Te hace sentir algo que no sentiste en Armageddon, ni siquiera cuando Bruces Willis se inmola para salvarte a ti, a mí y a todos. Y se llama empatía.
Texto de JOHN MASSIER
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