JOSÉ SUBIRÁ-PUIG


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José Subirá-Puig

Una retrospectiva de las obras del escultor catalán José Subirá-Puig.

Del 17 de septiembre al 16 de noviembre de 1997 en las Salas de Exposición de la Fundación Arte y Tecnología.


Introducción

La obra escultórica de Subirá-Puig es una de las más singulares que hoy conforman el panorama del momento plástico internacional. Para el análisis de sus intenciones creativas corresponde considerar los elementos que condicionan su realización, destacándose principalmente la madera, como elemento ideal, como materia determinante en sus intenciones de honesto oficio, que le conduce a nuevas y siempre interesantes concepciones, por la consciente práctica en una materia en la que va descubriendo armonías y belleza que enriquecen la obra, mimando el equilibrio fundamental que posee la madera, por el innato sentido que le lleva a sentir su armonía y conseguir la expresividad deseada de unas figuraciones de hondo sentido mágico.

No es menos significativo la armonización de las líneas que inciden los perfiles de sus equilibrados volúmenes, creando una pesonal intención emotiva, como la expresada en esos trágicos huecos de sus cráneos de superficies cuidadosamente elaboradas con una disciplina muy grande, que constituye una garantía expresiva en la unidad de la obra, evitando que el resultado dependa de una creación surgida al azar. He aquí su principalísima cualidad profesional en este decidido dominio de la materia, para someterla completamente a formas determinadas, deseadas y fijadas por el autor en un concepto preciso a la vez simbólico y realista, al cumplir el doble objetivo de satisfacer a nuestros ojos y a nuestro espíritu infinidad de sensaciones armoniosas y variadas, que dan a la obra impresión de vida creativa, de singulares ritmos y cadencias, cuya comunión provoca y crea la realidad de los movimientos que engendra la vida armónica de la obra en la que cada plano establece una proporción congruente de exigida disciplina plástica con los equilibrios de las masas, distribuyendo inteligente y sutilmente acentos incisivos de expresiva emoción.

He indicado más arriba que una de las cualidades más sugeridoras de Subirá-Puig en sus obras es el concepto preciso a la vez realista y simbólico, que expresan por la emocionada serenidad nostálgica que preside sus figuras solitarias e inquietantes, conjugadas en una especial cosmogonía de un rigor expresivo singular, en un itinerario incensante entre lo real y lo irreal, en esa constante búsqueda de siluetas impasibles, atadas o desmembradas, en las que el contenido simbólico queda expresado con extraordinario rigor, por una personal teoría conseguida felizmente por el autor, de encuentros y desencuentros emocionales, que es a mi entender donde radica toda su intensidad y pureza el juego plástico de lo maravilloso al tratar de establecer un diálogo entre lo implícito y lo explícito en la doble naturaleza de la realidad, abriendo al espectador unas posibilidades de participar en el universo de lo increíble, para el que cada una de las obras es una señalización hacia el encuentro, por la virtud de una surgerencia onírica que nos descubre una dimensión emocional diferente.

Las piezas monumentales de Subirá-Puig son concebidas generalmente como simbólicas veletas de cierta dimensión magicista, que responden a la finalidad que motivaron su realización, ofreciendo una singular unidad plástica en la que domina el equilibrio de masas, consiguiéndose unos ritmos de luz, por la acertada cadencia de formas, que son una pura alegría sensorial del ojo, por su acertada concepción en esa sorprendente sensación de estabilidades en los equilibrios de sus nervios de intensa expresividad, realizadas con la misma entrañable calidad de siempre, que aporta una indudable belleza en la armonía de sus proporciones.

Luis González Robles
Comisario
(extracto del catálogo)


Subirá-Puig no es un artista moderno, sino un creador contemporáneo. Si no ha adoptado los métodos convencionales, la iconografía ni las perspectivas filosóficas o los criterios estéticos de moda, es porque él así lo ha querido, o le han llevado hacia una vía donde Subirá-Puig ha favorecido una técnica, un material que no sólo le perwtenece a él. Su vida, su arte se conjugan en presente; este arte responde a los deseos y a las necesidades de los hombres de su tiempo con los que comparte miradas. Su escultura le pertenece, y se nos presenta como una necesidad de la que valoramos el esfuerzo, el impulso vital, la angustia y la plenitud. Esta escultura se nutre de una razón imperiosa, el empleo de un único material, la madera; es el elemento constitutivo de la escultura de Subirá-Puig, en estrecha y profunda relación con el espacio y la luz que se unen concreta y literalmente a ella.

Su obra tan fuerte en cuanto a realización como ha podido serlo en pensamiento, clama a través de gestos precisos esas operaciones del espíritu que se supone son la pena, la paciencia y el fervor. Subirá-Puig aplica a cada obra una concepción del trabajo cuyas huellas permanecen visibles y permiten al espectador recrear todo el proceso. Da a la mirada del otro la oportunidad de penetrar en su creación, y lo invita -excepto si es habitualmente respetuoso- a intentar deshacer las articulaciones de tal escultura para conocer estas articulaciones. Subirá se da cuenta entonces que todos los componentes se unen exclusivamente por ajuste y ensamblados unos contra otros. Sucede exactamente lo mismo con cada obra nacida de los dedos mágicos, inquietos y en alerta de Subirá.

El tema de la escultura se plantea de este modo; nada está esculpido en sus obras, en el sentido del diccionario: labrar con el cincel o mediante cualquier otro medio un material duro en forma de figura o adorno. De entrada, me gustaría que se reconociera la originalidad y la autenticidad de los medios y del lenguaje de Súbira Puig: la madera no es un material de fuerza o de violencia, hay que manipularla con precaución, no es fácil encorvarla, combarla, curvarla, redondearla, articularla, que permita el ensamblaje o el añadido. Subirá construye pieza a pieza, desde el corazón, del esqueleto a la piel, estas figuras, cabezas, animales, naturalezas muertas, fragmentos de un mundo en disposición de formas y de ritmos únicos en la creación contemporánea.

Pierre Cabanne
Mayo, 1997
(extracto del catálogo)


"Tirso", 1990
64 x 47 x 24 cms. Roble

 

"Recuerdo de Braque", 1992
86 x 54 x 40 cms.
Maderas diversas

 

"Cacerola esmaltada", 1993
34 x 43 x 30 cms.
Maderas diversas

 

"Trampa para peces", 1997
52 x 24 x 20 cms.
Maderas diversas

 

"Bajo la máscara", 1984
32 x 2 x 29 cms. Roble-hierro

 

"Autorretrato III", 1994
39 x 24 x 31 cms. Olón con patina

 

"Torso negro", 1993
124 x 34 x 22 cms.
Roble-Ovangol

 

"Caballo de Troya", 1984
118 x 43 x 74 cms. Roble


Obra, totalmente desmontable,
encargada por la Maison des Arts, de Laon

"Margarita", 1992
111 x 37 x 32 cms. Multiplis

 

"Mariposa-Eco", 1965
60 x 44 x 30 cms. Roble

 

"Pájaro con plumas", 1976
91 x 38 x 43 cms. Olón

 

"Pájaro-jaula", 1992
46 x 64 x 25 cms. Roble

 

José Subirá-Puig, 1972
Forêt de Sénart

Catálogo

José Subirá-Puig

Textos de: Luis González Robles, Pierre Cabane y Tomás Paredes.

Castellano y francés

163 Páginas

ISBN: 84-89884-01-3

Precio: 3.000 Pesetas

Disponible

 
"Relieves táctiles", Loos-lez-Lille, 1974
300 x 400 x 70 cms.
 
"Gran veleta", Saint-Quentin-en-Yvelines, 1983
760 x 400 x 135 cms.


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