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TODO ES FICCIÓN - TODO ES FiCCIÓN- TODO ES FiCCIÓN |
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LA COSMOPERRA
Piotr Muraveinik |
| La voluntad de asombrar al mundo con una tripulación mixta, en la que un animal acompañase a un humano, ofrecía dos opciones: un macaco o un perro. La experimentación con animales abarcaba desde mamíferos medianos hasta insectos. Las moscas españolas del vinagre (variedad Drosophila) eran las más apreciadas, porque su código genético era bien conocido y permitía un fácil seguimiento de su envejecimiento y desarrollo embrionario.
No había datos empíricos sobre los que orientarse, sólo suposiciones. Preocupados, médicos y biólogos urgieron a iniciar un programa de ensayos en esa dirección. ¿Podían presentar los descendientes de los cosmonautas algún tipo de anomalía? La ausencia de respuesta desencadenaría una serie de experimentos, algunos excepcionalmente con humanos, como ya se ha mencionado. Un macaco resultaba más idóneo para viajar en la cápsula porque se asemejaba más al hombre. Pero pensando en la misión conjunta con Istochnikov fue desestimado por una razón de puro sentido común: en las granjas de Kaluga había perros y no macacos. Ivan, de pequeño, había crecido con toda suerte de animales de granja. Conocía a fondo los perros, sabía como tratarlos, como interpretar los mensajes de sus ladridos o de su cola pendulante, dominaba el tipo de cosquillas tanto de barriga como de sobaco que los apaciguaba En cambio, a los macacos, la verdad es que no sabía ni qué decirles. Decidido: Istochnikov viajaría con un perro.
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EL ENIGMA DEL METEORITO
Salman Zagdeev |
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El informe original sobre el meteorito que impactó contra el módulo de reentrada del Soyuz 2 ha desaparecido. Se ignoran las causas de tal pérdida. Este informe constaba de veintitrés páginas, incluyendo el análisis mineralográfico completo efectuado por el geólogo del espacio Dr. Boris Laurentiev Laurantiev murió en 1978 y no se han encontrado copias de su trabajo. Del dossier completo sólo quedan gráficos y alguna fotografía; estos documentos a menudo incorporan notas, escritas por Laurantiev de su puño y letra. Algunos datos que pueden deducirse todavía a partir del material restante son los siguientes: bólido siderita de 20 x 20,5 x 9,5 cm., y un peso en la Tierra de 3.425 gr., con una parte cóncava de superficie pétrea rugosa y una parte convexa con cóndrulas metálicas, irisadas y volúmenes sinuosos. En su composición abunda el hierro, puro o en mineral, (un 83%), seguidos por el níquel. Viene a continuación una retahíla de elementos residuales, como selenio, titanio y uranio, en algunos casos con una alta riqueza de isótopos radiactivos y aleados con cristales de ácido nuclear de ultradensidad. Esta composición resultó familiar a los expertos, ya que coincide con la del enorme meteorito que cayó en 1908 en la zona de Tunguska, en Siberia, y cuyo origen sigue siendo un misterio. Lo más fabuloso de esta pieza y que justificaría todo el secretismo que rodeó al suceso fue el descubrimiento, en un recoveco del interior convexo, de una pequeña zona (aproximadamente 12cm2) en la que la textura superficial cambiaba de rugosidad. Examinada con luz ultravioleta, se advirtió la presencia de pequeñas incisiones que seguían una disposición lineal. Lógicamente se ignora cómo llegaron a producirse esas incisiones y si fueron efecto de algún fenómeno geológico natural o no. En su momento se barajó también la hipótesis de que esas marcas conformaban una especie de inscripción y que, por tanto, constituyeran algún tipo de mensaje. Ampliadas podían asemejarse a un fragmento de escritura cuneiforme mesopotámica. Ahondando en esta posibilidad se intentó descifrar infructuosamente este "texto". No constan los nombres de quienes acometieron tal tarea, miembros de los servicios de criptografía del Ejército y expertos en lenguas muertas de la Universidad de Moscú. Si esas marcas constituían parte de un código, ningún experto en ese momento en la Unión So-viética fue capaz de descifrarlo. Lógicamente se exigió una discreción absoluta a todo el equipo que participó en el análisis. De existir filtraciones, los medios de comunicación extranjeros se harían eco de la noticia y podía cundir una cierta alarma social. Pero, sobre todo, las autoridades temían que el meteorito actuase de cebo para una operación de desprestigio de gran envergadura, dirigida no sólo hacia el programa espacial, sino hacia todo el sistema científico soviético, que era el orgullo del régimen. En primera instancia, la explicación más plausible sobre el incidente del Soyuz 2 apuntaba a un acto de sabotaje cometido por los norteamericanos. Si esto fuese así, el meteorito y su falso "mensaje" formarían parte de los señuelos y pistas falsas, encaminadas a confundir a los científicos soviéticos, e inducirles a anunciar a los cuatro vientos el hallazgo de un "comunicado sideral". Si luego se demostrase su falsedad, el bochorno sería monumental. La idea, pues, de que el meteorito fuese como una carta enviada desde el espacio exterior por algún tipo de inteligencia capaz de hacerlo, resultaba poética pero poco convincente y sumamente peligrosa. El Presidium de la Academia de Ciencias desestimó esta vía interpretativa y prohibió su investigación. Pero los expertos pensaban que si todo se trataba de una trampa, chapeau, estaba magníficamente bien puesta. Y detrás de la admiración, había el miedo: ¿cómo diablos lo habrían podido hacer? Porque a todas luces estaba claro que se requerían unos recursos y un nivel de tecnología, que no se suponía ni remotamente que los enemigos tuvieran. La explicación más verosímil, por tanto, era la del agente secreto: alguien infiltrado en el equipo de investigadores o algún científico traidor habría producido las incisiones. Se supo que la KGB detuvo a sospechosos. Pero además había otro elemento perturbador. El hecho de que el meteorito se inscrustara en la pared de la nave sin causar su destrucción indicaba una velocidad de colisión relativamente baja. Más que un impacto de proyectil, es como si el meteorito se hubiera alojado en la parte exterior de la cápsula para ser transportado. Este enigma de mecánica celeste mantuvo absortos a los atrofísicos de la Academia, pero al final tuvieron que reconocer que, dejando de lado soluciones fantasiosas, la estricta aplicación de las leyes de la naturaleza no facilitaba ninguna respuesta aceptable. Además tal vez las muescas eran fortuitas: kapriznaia proroda ("la naturaleza es caprichosa"). Si después de pacientes siglos el gota a gota calcáreo es capaz de erigir las maravillosas arquiecturas de estalactitas y estalagmitas, poco mérito tiene una secuencia de garabatos. Se sabe que Ustinov bramó como una fiera al conocer el fracaso de la comisión investigadora. Estaba rodeado de científicos incompetentes que aún no se habían enterado de que la ciencia debe estar al servicio de la política. ¿A santo de qué le venían con una sarta de dudas y especulaciones marcianas? El, lo único que necesitaba, eran evidencias para inculpar a los norteamericanos. |
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ANALISIS DEL ASTEROIDE
Salman Zagdeev |
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El tema astronómico de 1968 fue la existencia de los pulsars o estrellas de neutrones, pero seguía coleando el descubrimiento del asteroide Kadok el año anterior, desde el observatorio de Kivinsk. Su gigantesco radiotelescopio, orgullo de la Academia de Ciencias, había detectado este cuerpo celeste irregular en el cinturón principal de asteroides, que orbitaba en una elíptica de gran excentricidad y llegaba a cortar la trayectoria de Ceres. Las perturbaciones de su órbita, a diferencia de otros de los millares de asteroides similares, no eran causadas por la proximidad de Júpiter y eso desorientaba a los estudiosos de la mecánica celeste. Keldysh y otros cosmólogos de talla propusieron enviar una sonda a Kadok. Todavía no podía afirmarse con certeza si esas rocas informes, sin aparente atmósfera ni vida, simples desiertos a la deriva, eran los restos de un planeta que estalló en una colisión cósmica, o los de un astro que ni tan sólo llegó a formarse, o simples condensaciones minúsculas de la escoria primordial de la galaxia. En cualquier caso, su estudio iba a facilitar mucha información de la historia primitiva del sistema solar. A veces uno de estos cuerpos era arrancado de su lugar por la acción combinada de Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno y, como los casos famosos de Kali y Gaspra, empezaba a vagar errando en su caída hacia el sol. Nuestra sonda iba equipada con un sistema de transmisión de imagen, una pinza mineralográfica, un sensor para analizar fluidos, un espectrómetro de masas y una ra-diobaliza, que permitiría trazar la trayectoria del asteroide. Con 87 km. de largo y 63 km. de ancho, Kadok presentaba una morfología caprichosa: dos caras claramente diferenciadas, como si el astro se hubiera partido por la mitad. Los rasgos geofísicos de una cara mostraban las cicatrices habituales causadas por los meteoritos, mientras que en la otra, más parecida a la corteza terrestre, el paisaje era el resultado del corrimiento de placas tectónicas y de la erosión del agua que pudo existir en el pasado. Se apreciaba también la presencia de cráteres, que rememoraban antiguas erupciones (indicando, a su vez, la existencia de una fuete interna de calor, ya fuese producida por fuerzas garvitatorias o por radioactividad). Kadok había atrapado en su modesto campo gravitatorio a una luna diminuta llamada Hexar. |