Florian Rötzer
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| CONTENIDOS DE ESTA PÁGINA: | @ Resumen @ Breve Biografía @ Enlaces @ Ponencia magistral: Castellano | Alemán | Inglés |
| RESUMEN: | Un análisis de los distintos paradigmas del concepto "espacio," reparando sobre todo en las utopias espaciales de la era digital. Sus referencias incluyen, entre otras, la ciencia ficción de Neal Stephenson, el terrorista Unabomber, la diferencia de la cíbergrafía Europea y Americana y el proyecto científico Biosphere II como modelo de la vida "High Tech" utópica. Desgraciadamente Rötzer no pudo asistir al congreso; sin embargo la ponencia que hubiera presentado durante 5Cyberconf "¿Espacio virtual o espacio cósmico? Utopías espaciales de la era digital" y el apéndice "Asaltador de máquinas en la red" han sido traducidos desde el alemán al castellano y al inglés y publicados aquí. |
| BIOGRAFÍA: | Nacido en 1953, Rötzer es un teórico y crítico de arte afincado en Munich, autor de varios libros sobre el arte electrónico y la era de la información. Ha preparado cinco ediciones especiales de la revista Kunstforum y fué editor de la revista de ciencias de la información "Tumult." También es comisario de exposiciones y simposios en el ámbito de los nuevos media entre las que destacan "Digitale Schein" en Munich, 1991 y "Telepolis" en Capital Europea de la Cultura, Luxemburgo 95. En la actualidad es el editor de la revista electrónica de World Wide Web "Telepolis". |
| ENLACES: | @ FLORIAN RÖTZER búsqueda en el web
@ TELEPOLIS, revista electrónica |
| PONENCIA: |
"Espacio virtual o espacio cósmico? Utopías espaciales de la era digital"Antes del cambio de milenio se multiplican los miedos ante el fin del mundo. Uno se imagina que cruza el umbral hacia una nueva época, mientras se derrumba a nuestras espaldas la vieja, con sus síntomas de crisis. La fecha simbólica de un calendario que se ha extendido por todo el mundo con la colonización, pero que no por ello es menos arbitrario en lo que respecta al cómputo de los años desde el punto cero, cautiva a los hombres. Incluso sin mencionar la fecha simbólica nos figuramos - lo que se convirtió en preocupación o esperanza permanente desde la edad moderna, que se dio a sí misma este nombre - que estamos en una situación de cambio fundamental. Si bien hasta hace poco nos encontrábamos en el clima posmoderno de la amenaza nuclear y de los límites del crecimiento en un horizonte cerrado con la mirada atrapada hacia atrás, que como mucho permitía ceremonias de despedida, llevaba a los intelectuales a predicar el epílogo y condenar el racionalismo, ayudaba a la esotérica y a otras disciplinas curativas a su coyuntura y, por lo demás, no prometía nada nuevo, poco a poco lo tecnoimaginario parece tomar posesión de la conciencia de los hombres y crear nuevas utopías. Encerrados en la naufragada astronave Tierra, añoramos un espacio libre y sin taras que enlace las energías utópicas, porque aún está vacío y puede llenarse de todas las esperanzas. Contrariamente a lo que muchos profetizaron, el espacio en la era de la virtualidad vuelve a convertirse en obsesión. Todavía - y quizá sea más chocante y paradójico, dada la globalización y virtualización -, las guerras y las guerras civiles también pretenden el poder sobre el espacio geográfico, y esto ya no es prioritariamente por los recursos locales o por el poder económico que conlleva la infraestructura. Cuanto más unitaria se vuelve la cultura mundial que penetra todos los rincones, más matices diferenciales deseamos tener unos de otros, sea lo que sea lo que esto quiera decir. Mientras que regionalmente se lucha por territorios para comunidades homogéneas étnicas, religiosas o basadas en clases específicas, en la conciencia de los hombres también está en juego el todo. La población creciente del globo terráqueo hace surgir miedos antiguos de convertirse en un pueblo sin espacio, mientras el programa de destrucción de la biosfera aparentemente continua sin grandes cambios de directriz, o incluso parece acelerarse tras el fin de la Guerra Fría, ya que ahora muchos países quieren alcanzar el nivel de vida y de desarrollo del mundo occidental con el instrumento del capitalismo y de las nuevas tecnologías y, por medio de la globalización de la economía, los estándares ecológicos que puedan haberse alcanzado localmente se derrumban si no pueden transformarse inmediatamente en dinero. La civilización deja tras de sí tierra quemada y ciudades destruidas. La fantasía, tal y como está aplicada en las películas de ciencia ficción, se complace en tales zonas inhabitables, especialmente de la existencia urbana, como por ejemplo en Strange Days o 12 Monkeys. Los problemas de situación, superada con el ciberespacio y con la globalización que provoca, extrañamente llevan de vuelta a la geopolítica y a la identidad del perdedor, geopolíticamente anclada. Fijación de situación significa que se trata de una aseguración de sí mismo en un espacio limitado, se trata de un aquí, de una isla que debe ser defendida contra el exterior. Además, con el derrumbamiento de los estados comunistas, el capitalismo ha quedado libre de alternativas y barreras, mientras al mismo tiempo desaparecían los respectivos Reinos del Mal. El Mal está desmembrado y se asienta en el interior de los sistemas, los atraviesa impregnándolos y, por su omnipresencia, se hace intangible. Un enemigo que, claramente reconocible, habita en el Reino del Mal, une a los hombres a pesar de todas sus diferencias, convierte a cada sistema respectivo en inatacable en sus bases. Si desaparece el enemigo exterior e identificable, aparecerá desde el interior y se extenderá el miedo, la inseguridad y la parálisis, y las reglas e instituciones estatales que mantienen la paz social a través del equilibrio se sienten como opresión de la individualidad, tras la individualización desaparece el compromiso al bien común. La sensación de estar en el umbral de algo se vuelve literal con el retorno del espacio, mientras que, igualmente, se sueña con comunidades en las que se pueda vivir en paz. Con ello sueñan incluso los que luchan contra la tecnología, los que quieren llevarnos de regreso al mundo salvaje y a sus grandes espacios. El recién detenido "Unabomber", por ejemplo, comparte la esperanza de todos los eufóricos de la red, de llegar a comunidades nuevas y abarcables, en las que el individuo aún tiene validez. Sus ataques se dirigieron contra las estructuras anónimas de la sociedad masificada de la era de la industrialización, para devolver al individuo la posibilidad de autonomía al margen de las grandes ciudades y organizaciones. Aunque la "naturaleza salvaje" y la carne, que con ella volvía a recuperar su validez, eran su utopía, intentó revitalizar la idea de la frontera y, con ella, la omnipresente obsesión por la libertad individual en un espacio abierto, que también se extiende por la cultura cibernética. Igual que en Internet, el gran jardín de juegos global del ciberespacio, se infiltran cada vez más los intranets con sus firewalls, impidiendo el libre movimiento, pero utilizando al mismo tiempo su infraestructura, se propaga la absoluta libertad del individuo mientras la comercialización de todos los campos de la vida y, con ella, su privatización y control aumentan y crean nuevas fronteras. Las coordenadas existenciales del espacio son inclusión y exclusión, dentro y fuera, lo propio y lo ajeno. Quien no quiera ser aplastado o quiera sólo mantener y asegurar de manera reactiva sus fronteras, parece tener que invertir la dirección: hay que partir hacia nuevos espacios que se colonizarán, a los que se puedan implantar las propias leyes, prometer la libertad, la riqueza y la aventura que permiten que uno mire hacia adelante con esperanza y hacia el futuro, que suministren la orientación que, por lo menos tradicionalmente, siempre está enlazada a una trayectoria en el espacio, a un progreso, a un abandono del Cocooning. Aunque los estados europeos, en su pasado, habían realizado precisamente esta extensión en la época del colonialismo y de la industrialización, sin embargo no sólo tuvieron que retirarse paso a paso, sino que ahora están en peligro de perder su preponderancia y de verse aventajados por los países antaño dominados y explotados. Ya empieza a sentirse la corriente que resta capital, puestos de trabajo y saber a los países viejos. Sólo la clase dominante en los Estados Unidos parece poder referirse aún sin ensombrecimiento, con su propia naturalidad, al tiempo de la colonización. Por eso, allí prosperan especialmente los sueños del hermoso viejo mundo de la "frontera", esa frontera que hay que superar. A diferencia de América Central o América del Sur, allí la colonización ha creado un nuevo mundo sin estrenar, la tierra de Dios, que, por medio de la extensiva eliminación de sus habitantes y de la máxima, incluida incluso en la Constitución, de estar abiertos a la felicidad de las personas (individuales), ha liberado a los inmigrantes de los lazos con sus países de origen. El logrado dominio del continente americano, la independencia de Europa, la conquista del Oeste tienen, aún para muchos, carácter ejemplar. El cruzar la frontera, el éxodo del individuo o de grupos, la fuga de las estructuras estatales pertenecen a la identidad y, a pesar de las víctimas, siguen formando parte fundamental de la historia de un éxito nacional - cimentado en el mundo de ensueño de los medios, cuyas historias siempre tienen que situar en primer plano a los individuos o a grupos pequeños, como en las películas del Oeste. Algunos incluso siguen relacionando esta historia de logros con una tarea histórica de la nación americana. Sólo que hoy ya no existe el salvaje Oeste y el planeta se ha hecho pequeño. La expansión sin trabas choca con las barreras de la naturaleza, que ya no es un enemigo sino un sistema sutil, de cuya conservación depende la supervivencia. Ya no son naciones enteras, sino sólo individuos los que pueden superar las fronteras o simular descubrimientos en el espacio geográfico de la tierra, al estilo de las vacaciones-aventura. Por ello, la búsqueda de una nueva frontera se funde más que nunca con la técnica, en la que América fue puntera y que no sólo ha creado nuevas posibilidades sobre la tierra sino que también ha permitido a la humanidad pisar por primera vez el espacio cósmico y el espacio virtual. Pero América, el país en el que supuestamente todo es posible, aquí sólo habrá de servir de ejemplo para definir el perfil de lo tecnoimaginario en el campo social. 1 El meta-universo Una muestra de la vida futura en la red y de su repercusión en el mundo urbano se describe en la novela de ciencia ficción "Snow Crash" (Munich, 1994) de Neal Stephenson. Si se lee "Snow Crash" junto a las explicaciones de Mike Davis sobre Los Angeles (City of Quartz, Berlín/Göttingen 1994, y: Urbane Kontrolle - die Ökologie der Angst, en S.Iglhaut, A.Medosch, F.Rötzer (editor): Stadt am Netz. Ansichten von Telepolis, Mannheim 1996), se recibe una impresión del futuro del espacio urbano, plagado de las raíces de los miedos y esperanzas. La sociología del futuro hace tiempo que ha emigrado a la ciencia ficción. Las ciudades y sus comunidades cada vez se desmembran más en zonas, guetos o urbanizaciones de defensa suburbanas y barreadas, que se encierran. También esta tendencia a encerrar y homogeneizar a los habitantes tiene sus precedentes en la historia, especialmente en la de la utopía. Las ciudades utópicas siempre fueron pequeñas, abarcables y sus habitantes no estaban desgarrados por conflictos sociales. No eran lugares del anonimato, del deseo, de la superación de convenciones sociales y morales, de la lucha entre clases y niveles, más bien en ellas vivían apaciblemente miembros de comunidades que trataban los unos con los otros. Sólo rara vez se desarrollaron utopías de la vida de la gran ciudad cuando explotaron las ciudades durante la revolución industrial, se soñaba con ciudades jardín, se buscaba oponer a las grandes aglomeraciones siempre unidades pequeñas y cerradas, se propagaba siempre más bien la imagen de una comunidad pueblerina que la de una sociedad urbana, incluso cuando esto calara sólo en las ciudades dormitorio o en las urbanizaciones. Esta reacción a la sociedad masificada y su vida urbana continúa también en las utopías de los años sesenta y aún se encuentra en la metáfora de Marshall McLuhan de la comunidad constituida gracias a los medios de comunicación electrónicos como "pueblo global". Después de que fracasaran las utopías de la modernidad o quizá más bien fueran abandonadas, pues siempre apuntaban a la realización basada en la sociedad y su transformación, el ansia de comunidad parece poderse cumplir hoy en día a través del ciberespacio, mientras queda reclamada al mismo tiempo en el espacio real por medio de la construcción de nuevos muros en la ciudad dual. Los análisis sociológicos sobre la ciudad dual de Saskia Sassen, Mike Davis o Manuell Castell, los ha integrado Neal Stephenson sutilmente como realidad vital de su novela convertida en algo evidente. Los estados nacionales y sus gobiernos ya sólo existen como instancias sin poder, mientras que los territorios se dividían en guetos. Todo el que quiera penetrar en ellos será controlado. El mundo está dividido en ciudades estado, una alfombra de retales "pluralista" de guetos. En "Snow Crash", un ejemplo de uno de estos guetos es el Gran-Hongkong de Mr. Lee. No es una ciudad interrelacionada, es una acumulación arbitraria de enclaves protegidos: "El Gran-Hongkong de Mr. Lee es una formación privada, extraterritorial en toda su circunferencia, independiente y casi nacional, no reconocida por otras nacionalidades". La descomposición de las ciudades provoca miedos que fuerzan la vigilancia y el control y que aíslan las distintas capas de población unas de otras. La lucha entre pobres y ricos, entre viejos y jóvenes, entre las distintas etnias está a la orden del día. El poder político, vinculado a un territorio, queda triturado por esta fragmentación local de igual manera que por las empresas de actuación internacional que se anclan en esta red global y practican lo mismo. "Snow Crash" está situada en Los Angeles, la ciudad del futuro, en la que el crecimiento ya sólo tiene lugar en los valles y cañones de los que huye la gente haciéndolos, así, aumentar constantemente de tamaño mientras otros fugitivos emigran a ellos: "Los únicos que se han quedado en las ciudades son los que viven en la calle y se alimentan de basura; inmigrantes que el desmoronamiento de los poderes asiáticos ha dispersado como metralla; y el sacerdotado - tecnomedia del Gran-Hongkong de Mr. Lee. Jóvenes inteligentes como Da5id y Hiro que aceptan el riesgo de vivir en la ciudad, porque les gusta la simulación y saben cómo manejarla" - y porque pueden hundirse en el mundo artificial en cualquier momento, que es más atractivo que el real. Sólo en el "Meta-universo", en la ciudad virtual, queda todavía un mundo de vida comunitaria limitado en el que se encuentran simultáneamente millones de personas. Pero también en este mundo virtual se reflejan las grietas sociales del mundo real. Sólo el que posea dinero o competencia de programador puede moverse libremente por este mundo paralelo, comprarse terrenos privados o representarse en un Avatar cortado a su medida. Si en el meta-universo de Stephenson se posee un ordenador propio y se tiene dinero como para adquirir un terreno y construirse su propia "casa" privada, puede uno materializarse en ésta. Los visitantes que acceden, por ejemplo a través de terminales públicos, llegan, a través de esclusas comparables a los aeropuertos, a la carretera general sin fin del meta-universo. Se les reconoce en que sus Avatares son en blanco y negro y con poca resolución, en resumen, en que son baratos. 2 La ideología del ciberespacio Poco o nada que sea similar a semejantes escenarios básicamente realistas se encuentra en los esfuerzos de colonización del ciberespacio. Dominados por la "ideología californiana", tanto por el lado derecho como por el izquierdo, la entrada en el ciberespacio se supone que solucionará los problemas automáticamente, o se "olvida" más o menos que el ciberespacio siempre está anclado en la realidad y que influirá en ella. El manifiesto "Magna Carta para el ciberespacio" (A Magna Carta for the Knowledge Age), publicado en 1994 por los conservadores americanos (Esther Dyson, George Gilder, George Keyworth, Alvin Toffler) en la zona de Newt Gingrich puede que exprese de la mejor manera la búsqueda de una nueva "frontera" en el ciberespacio. Aunque el ciberespacio no esté anclado geográficamente, con su colonización enlaza tanto la esperanza de una seguridad del territorio como de una prominencia de la nación americana. Sin lugar a dudas para nosotros, viejos europeos, nos resulta extraño lo que Richard Barbrook y Andy Cameron han definido como distintivo de la "ideología californiana", en la que el pensamiento individualista, liberalista y, a veces, anarquista enlaza sin problemas con un panegírico del capitalismo y sus principios darwinistas, formando una amalgama que parece reunir a la nueva clase virtual más allá de todo el resto de las diferencias: "La extendida fuerza de atracción de estos ideólogos de la costa Oeste no es sólo resultado de su contagioso optimismo. Ante todo, son apasionados representantes de una actitud que se presenta como una inocente forma política liberal: quieren emplear las tecnologías de la información para crear una nueva democracia según el espíritu de Jefferson, en la que todos los individuos pueden expresarse libremente en el ciberespacio. Sin embargo, mientras celebran este ideal aparentemente admirable, estos fomentadores de la técnica reproducen al mismo tiempo algunas de las características más demoníacas de la sociedad americana, sobre todo aquéllas que proceden de la terrible herencia de la esclavitud. Su utópica visión de California se basa en una ceguera intencionada frente a las otras características, mucho menos positivas, de la vida en la costa Oeste: racismo, pobreza y destrucción del medio ambiente". El ciberespacio pasa por ser la solución de todos los problemas de mundo real, que supuestamente se dejarán atrás al cruzar el umbral de la técnica, y al mismo tiempo como continuación del sueño americano, en el que el individuo y su libertad están por encima de todo lo demás, cuando se tiene éxito. Así, en ocasiones, los entusiastas del ciberespacio, probablemente sin discurrir demasiado, entienden el acceso libre a la red y la libertad de opinión en ella como realización de la democracia, mientras tratan con negligencia las condiciones de vida en la vida real o, sencillamente, las ignoran. El éxito del ciberespacio como nueva utopía no sólo se debe a las innovaciones técnicas y a las promesas de beneficios que van unidas a él. La entrada a él está entretejida sobre todo con la realidad urbana de las ciudades y la desintegración del espacio público, con el aumento creciente de la suburbanización y con la constitución de la ciudad dual. Las ciudades ya no son densificaciones geográficas del capital, del poder, de la cultura y del saber; se han convertido en lugares en los que se está encerrado, de los que se huye o en los que se instalan espacios cerrados, zonas de apartheid, búnqueres de alta tecnología y alta seguridad, zonas cerradas vigiladas precisamente por aquellas técnicas con las que también se construye el ciberespacio. De igual manera que en el ciberespacio se penetra en un mundo del interior, también se cierran las viviendas, las casas, barrios enteros y nuevos pueblos defensivos frente al exterior; en sustitución, se construyen ciudades en el ciberespacio y ciudades paralelas, como parques temáticos. En lugar de pasear y trabajar en los espacios públicos de las ciudades, los pertenecientes a la clase virtual lo hacen en el ciberespacio, que les permite puentear los agujeros negros y formar comunidades homogéneas que, en última instancia, están orientadas a anclarse en islas autónomas con pasillos vigilados. Tales islas aún se encuentran sobre la tierra y son, de momento, como Biosfera II, aún proyectos imperfectos; pero va cobrando fuerza la fantasía de poder dejar atrás la tierra y poblar nuevos territorios en el ciberespacio o en el espacio cósmico. A pesar de todo, los autores del Manifiesto admiten que también los Estados Unidos están muy lejos de haber llegado la "tercera ola" de la evolución de la humanidad, tras el establecimiento de la agricultura y la era industrial, que nos estamos internando en un territorio nuevo en el que aún no hay reglas. Pero saben definitivamente lo que habrá de ser condición para la entrada en el ciberespacio como logro del "sueño americano" - y de la economía americana -: desregulación, competencia, privatización, descentralización y "desmasificación" de todas las instituciones y de la cultura a cualquier precio, lo cual sólo puede significar, si sólo la burocracia estatal está entre dos fuegos, comercialización de todo para aquéllos que se lo puedan permitir e indiferencia frente a aquéllos que han caído fuera de la sociedad de la información. Según los autores, nadie sabe hacia dónde serán arrastrados los individuos y sociedades desmasificados, pero los individuos aislados se encontrarán en "comunidades dispares" de "vecindarios electrónicos", que surgirán sólo en base a intereses comunes y ya no por proximidad geográfica y compromisos comunes, exceptuando quizá aquéllos basados en el concepto de vida americano, ensalzado por los autores de manera incondicional y carente de toda crítica. La reducción y homogeneización de las "comunidades" es el gran ideal tras la ideología del ciberespacio. Aseguran que, si la desregulación pudiera efectuarse consecuentemente, el poder del ordenador estaría en "manos de los pueblos enteros" y que esta circunstancia evitaría la tiranía en las autopistas de la información, mejoraría la contaminación atmosférica y haría innecesario que los hombres - aquí trasluce brevemente la realidad americana - tuvieran que vivir en "regiones urbanas superpobladas y peligrosas", haciendo posible una vida en familia - privada, casera y segura. Como escriben con acierto los autores del manifiesto, el ciberespacio adquiere progresivamente las características de una plaza de mercado, en el que el "saber", bajo forma de hardware, software, competencia e informaciones se convierten en mercancía y en el que centran la renovada realización del "sueño americano" y de las promesas de la "vida americana", como si las condiciones sociales en los Estados Unidos pudieran constituir un ejemplo para el mundo entero. Existe el peligro de que los espacios públicos y la vida pública se desintegren aún más que hasta ahora. Los autores de la "Magna Carta" destacan tanto una euforia del individualismo incondicional como una glorificación sin alternativas de lo capitalista, de la lucha competitiva liberada de las intervenciones de cualquier estado social. Aseguran que el ciberespacio pertenece al "pueblo", no al gobierno; pero el pueblo en toda su ponderada diversidad, de la que han sido borrados los conflictos sociales y/o étnicos, se reduce a los usuarios de aquellas tecnologías que ofrecen las multinacionales y entre las que ahora, por fin, pueden elegir, como pueden elegir entre docenas de programas de televisión. A la "tercera ola" de la historia de la Humanidad, en la que hacen hincapié los autores de este manifiesto individualista y liberalista, pertenecen las empresas de ordenadores y las biotecnológicas, los lugares de producción basados en la información y los bancos y fabricantes de software que comercian con informaciones, y los pertenecientes a los sectores del ocio, de los medios, de la comunicación, de la formación y de los servicios que tratan la información. Según los autores, definirán la sociedad del futuro. Todo lo demás queda relegado a los agujeros negros, a los lugares tercemundistas descolgados social y geográficamente que también se encuentran cada vez más en los países hiperdesarrollados, o a los representantes reaccionarios de la anticuada sociedad masificada. Actualmente ya no actúan grandes grupos sociales, que son oprimidos por la representación o el poder, sino comunidades altamente diferenciadas, "formadas por individuos que ponderan sus diferencias". Estos individuos - cómo no recordar aquí a Stirner - son difíciles de reunir y no acatan las "disposiciones, imposiciones y leyes" que servían a los "barones de la industria y burócratas del pasado". Queda preguntarse si el pueblo de los individuos ahora está "representado" por las multinacionales que, como por ejemplo Microsoft, dominan el mundo en su sector, aún cuando no se trate de empresas tan gigantescas como las que definían la era industrial. Cierto es que se propaga la necesidad de cambiar las relaciones de propiedad, pero sólo se habla del fin del copyright para la propiedad intelectual, cuando se está a favor de unos plazos de descarga más rápidos de los impuestos del hardware y software y no se tienen en cuenta los nuevos monopolios de los consorcios, con su concentración creciente gracias a la fusión de los gigantes en el campo de la electrónica, considerándolos como decimales despreciables. Si bien habrán de desaparecer por completo las medidas de regulación, que pertenecen a la era de las masas, sin embargo la ideología del liberalismo recalentada por las redes de ordenadores multimediales, interactivos y de banda ancha no se preocupa por la estandarización y los imperativos que se integran directamente en el hardware y el software. La técnica de los ordenadores ha producido más que sólo una máquina: así lo formula exaltadamente el manifiesto. El ciberespacio es más bien un "entorno bioelectrónico, literalmente universal". Pero no es un entorno en el que uno se pueda internar con tranquilidad o en el que se pueda aprender a vivir, pues invita a la conquista y es una "zona fronteriza bioelectrónica". Por fin, pasada la Guerra Fría y liquidados programas como la Guerra de las Galaxias existe una "nueva frontera", sueño y trauma de los americanos, que han sustituido el "Oeste" de antaño por el "ciberespacio": el ciberespacio es la última frontera americana". Los hackers son celebrados como antaño los conquistadores y bandidos, al menos cuando éstos, tras agotar sus energías en el salvaje Oeste, terminan por integrarse en el orden económico, cuando se convierten en "técnicos" o bien "inventores" y, después, en "creadores de una nueva riqueza bajo la forma de micro-empresas", que convierten el ciberespacio, a pesar de tanto hablar de universalidad, en la propiedad económica de los americanos. Pero la conquista del ciberespacio sigue la pauta marcada por colonos, vaqueros, héroes del Oeste y soldados, que sometieron un continente que, desde su punto de vista, no pertenecía a nadie - colonialismo puro. Olvidemos los indios, la sangre que corrió, los esclavos que trabajaron en nombre de la "libertad individual": "la zona fronteriza bioelectrónica (frontera) es una metáfora adecuada para lo que sucede en el ciberespacio, si recordamos el espíritu descubridor e inventor que animó a los navegantes de antaño a explorar el mundo y a generaciones de pioneros a domar el continente americano y que, en tiempos ya cercanos, llevó a la primera exploración del espacio". Desregulación y retirada del Estado como poder de control han sido desde siempre las palabras mágicas del liberalismo económico - naturalmente, con excepción de la garantización de la propiedad, de los contratos y de los beneficios, para lo cual siempre se ha vuelto a recurrir al Estado. Pues bien, actualmente el entusiasmo se centra en la libertad del ciberespacio, sin estado y sin burocracia, que por una parte ha de pertenecer al "pueblo" y por otra parte deberá garantizar la situación de los Estados Unidos con sus consorcios. Los europeos deberían preguntarse si, a pesar del temor a dejar de ser atractivos como punto de localización, desean realmente seguir a esta extraña mezcla de conciencia de emisión liberal e individualista con dramatismo nacional y voluntad de dominio económico, lo que probablemente significaría cerrar islas sociales y territoriales de la cultura de la alta tecnología frente al resto de la sociedad y ponderar una diversidad para cuya garantización ya no existen instrumentos políticos. Las redes de ordenadores conllevan el peligro de que afilan los niveles de mediación y representación y sugieren posiblemente el sueño de una democracia directa y anarquista, que estaba definida hasta ahora territorialmente - en comunas, países y estados. Ciertamente estamos viviendo la progresiva decadencia de la democracia representativa y anclada en el estado nacional, a la que se sustraen tanto las personas como la economía globalizada y la red de los Medios. Los europeos han aprendido de su Historia que las utopías abrazadas ciegamente sólo engendran nuevos horrores. El ciberespacio o Telépolis abren un nuevo mundo vital, pero dependerá de qué bien común, qué vida pública, qué cultura de la diferencia resulte activa para crear un mundo vital en el que todos puedan existir y en el que también la supervivencia biológica sobre este planeta no siga peligrando. El ciberespacio o Telépolis, porque plantean un nuevo mundo vital, aparentan ofrecer la posibilidad de hacerlo todo nuevo, de dejar atrás el pasado y los problemas sociales del presente. Las inversiones de capital, tiempo y pasión para el ciberespacio posiblemente reducirán aquellas que pudieran emplearse en la conformación del mundo "real". La garantización de puestos de trabajo y de ubicación en una economía global, de igual manera que la fascinación que ejerce el nuevo mundo vital virtual y sus nuevas formas de actuación y comunicación, pueden llevarnos a dejar la realidad en manos de la indiferencia, pueden conducir a un distanciamiento progresivo de la vida en el espacio de los lugares y la situada en el espacio de las corrientes de datos. Pero Telépolis o ciberespacio no son un lugar inocente más allá del mundo. Tan anclados en el mundo real como los hombres con sus cuerpos, el orden del nuevo mundo afecta al viejo. El manifiesto "liberalista" sólo es otro modo de jugar al fundamentalismo que despierta por todas partes, que se asienta en lugares, sean barrios bajos o urbanizaciones vigiladas. El espacio de los lugares, el espacio de las ubicaciones no quedará eliminado por telépolis, en él encontrarán su expresión las batallas durante la colonización del ciberespacio. El discurso de la ausencia de lugar, de la destrucción del espacio sólo oculta el hecho de que no sólo en el ciberespacio están surgiendo nuevos espacios, nuevas propiedades y nuevas formas de poder, sino que éstas se reflejan en el espacio real. 3 La solución provisional: Biosfera II Hasta ahora, la realización de un modelo definitivo de mundo vital de alta tecnología cerrado, que pudiera encontrarse en cualquier parte, aún ha fracasado. Biosfera II, construida en el desierto de Arizona, es el más reciente proyecto de cápsula espacial que se separa de la tierra y que conecta con otras cápsulas sólo a través de contactos por telecomunicación. Además, Biosfera II es un experimento para estudiar cómo se comporta una pequeña comunidad social bajo la condición de la exclusión del mundo exterior, qué estructuras deben estar dadas para que pueda funcionar la convivencia y supervivencia de los nuevos agricultores de alta tecnología. Esto distingue a los encerrados en la estación terrestre de los astronautas. Como en todos los proyectos de la sociedad de la información, en el fondo está la esperanza de ofrecer a pequeñas comunidades homogéneas, a pesar de la globalización del mundo vital, un espacio que habitar, que ofrezca protección frente a los conflictos del resto de la sociedad. El ciberespacio es un espacio así protegido que puede vigilarse, controlarse y asegurarse por completo; Biosfera II sería su traslación al mundo real, pero con todas las ventajas de la televirtualidad propias del ciberespacio. Biosfera II ya no es un interfase del mundo real con el ciberespacio, sino su anclaje y su reflejo en él. La relación entre simulación y realidad empieza a invertirse. Lo que no halla resolución en la virtualidad, se encierra en cápsulas y se conecta a la red. Biosfera II es el modelo para la realización de Telépolis, para un espacio interior estanqueizado, autárquico con relación al mundo exterior y que, de hecho, representa un sistema bioelectrónico tal y como lo ensalzan los autores del manifiesto del ciberespacio. El proyecto real Biosfera II, sin embargo, desde hace algún tiempo se ha desviado de su meta - construir una cápsula de supervivencia autosuficiente con circuitos cerrados, en la que sólo puedan entrar y salir corrientes de datos y que también fuera adecuada para poblar el espacio cósmico. Durante los dos años de fase de prueba, por ejemplo, parte del equipo tuvo que abandonar el mundo artificial para recibir asistencia médica y, a su regreso, llevaron piezas para el equipo, como componentes de ordenador y manuales. Fue necesario insuflar oxígeno, porque se producía demasiado dióxido de carbono y los alimentos cultivados por ellos mismos no resultaron ser suficientes. El trabajo de mantenimiento del sistema, es decir, la siembra y cosecha de los productos alimenticios, el cuidado de los animales y la caza de cucarachas y hormigas dejaba a los encerrados poco tiempo para la investigación. Ahora, Biosfera se convertirá en el laboratorio más grande del mundo para la investigación de interacciones ecológicas, en las que se pueden controlar con exactitud las condiciones marginales. Con todo, Biosfera II es el saldo de visiones urbanísticas sobre el medio ambiente capsulado y autosuficiente de un gigantesco sistema hombre-máquina y un modelo del mundo vital del futuro, que se conduce como una máquina y cuyo principio es la vigilancia y control completos de todos los componentes. Apoyada en las hiperestructuras de Buckminster Fuller, Biosfera II es una cúpula de cristal y enrejado de acero inoxidable, en la que los ciclos del agua, el aire y los alimentos están completamente cerrados y se reciclan dentro del sistema. 1600 sensores vigilan el clima, la composición del aire, del suelo y del agua, y comunican esas informaciones a un sistema de control central. La red de ordenadores interconectados posibilita una representación continuada de los datos del medio ambiente. Dentro del sistema se encuentran, además de algunas personas, 4000 especies diferentes de plantas y animales, sin contar los microrganismos. Biosfera II está dividido en cinco ecosistemas "salvajes": selva amazónica, sabana, zona costera, pantano y una zona marítima con un banco de coral. Además, hay zonas para la agricultura y viviendas para los encerrados. Junto a la cúpula hay dos cúpulas más conectadas a la zona principal que funcionan como "pulmones" y equilibran las oscilaciones de la atmósfera. La temperatura se regula desde fuera por medio de un sistema de agua y la electricidad también sigue suministrándose desde el exterior. El entorno material y biológico de los cuerpos, como ya muestra la actual valoración del cuerpo y de la naturaleza, en la sociedad de las redes digitales no dejará en absoluto de tener importancia, pero se organizará y se pondrá en escena según rígidos criterios funcionales, teniendo en cuenta que, según el ejemplo de Biosfera II y de las ciudades paralelas, centros comerciales, malls, parques temáticos y de aventuras, además de la construcción de Telépolis como mundo vital virtual, cada vez más funciones del mundo exterior serán incluidas en el mundo interior del espacio cubierto. La informatización de los sistemas ecológicos, la constante vigilancia por medio de sensores de todo tipo, aunque en primer lugar sirve para montar sistemas de seguridad y aviso para poder proteger las bases de la vida humana, sin embargo los conocimientos obtenidos tienen como último objetivo hacer posible el control de la compleja máquina ecológica y, si esto no fuera posible, construir microcosmos autónomos y cerrados al medio ambiente que puedan ser vigilados por completo y "conducidos" como otros macrosistemas técnicos. El espacio exterior está dedicado al transporte de mercancías y personas, la naturaleza a la producción de alimentos y ciertas necesidades para el reposo, entre las que también se cuentan la percepción estética de la naturaleza puesta en escena en los parques, las reservas naturales y los biotopos. El medio ambiente sigue siendo, en determinados aspectos, un recurso a proteger para mantener la vida en los espacios recubiertos, que indudablemente, con su "inteligencia", tienden a hacerse cada vez más independientes y autónomos, a convertirse en "estudios individuales" unidos a la red de una Telépolis espacialmente dispersa, cuyos "agujeros negros" podrán puentear a través de conexiones por cable y satélite aquéllos que puedan salvarse en las cápsulas, como arcas de Noé, de la era de la información y, así, relegarlas al olvido. 4 El espacio sideral Biosfera II es, como ya se ha dicho, el gran ejemplo para las futuras colonias espaciales y, en su día, nació de esta idea, aunque ciertamente puede ser válida como modelo definitivo para un espacio vital sobre la tierra, nuevo, posible técnicamente y enmarcado. ¿Por qué pensar en la colonización del espacio? La NASA cita en primer lugar sencillamente motivos biológicos de la expansión espacial y del crecimiento desenfrenado: "¿Por qué salió la vida de los océanos y colonizó la tierra? Porque los seres vivos crecen y quieren extenderse. Tenemos la posibilidad de vivir en el espacio, por eso lo haremos". Pero se ha aprendido de la Historia y se han adoptado nuevos motivos para la colonización: "La principal ventaja de la colonización del espacio sideral es la posibilidad de construir nuevas tierras sin quitárselas a nadie. Esto admite, pero no garantiza, una enorme extensión de la humanidad sin guerras ni destrucción de la biosfera de la Tierra". Con la emigración podría evitarse la superpoblación de la tierra, la destrucción de su biosfera y la posible colisión con asteroides. a) First Millenial Foundation http://www.millenial.org/intro/faq.htm Pero también hay organizaciones privadas que fomentan la colonización del espacio cósmico y que desean convertirla en tarea nacional. Por ejemplo, la "First Millenial Foundation" considera que nuestro modesto destino es llevar la vida a las estrellas muertas, cosa que nos ocuparía por completo durante los próximos mil años, por lo menos. Lo ven como un "deber sagrado", ya que la vida, si permanece sujeta a la tierra, está condenada a muerte. En algún momento podría destruirla precisamente un cometa o un asteroide y en algún momento el sol, al fin y al cabo, también explotará. Aseguran que la tierra ya se encuentra en una crisis debido a la explosión demográfica humana. ¿Cómo iban a encontrar sitio y alimento suficiente 10.000 ó 15.000 millones de personas? Como siempre que se trata de encontrar soluciones simples para problemas complejos, no se intentan combatir las dificultades sobre la tierra o analizar las relaciones de producción y de poder reinantes. Más tierra, un espacio vital mayor es la salida propagada. Por cierto que la primera vía de colonización que propone esta fundación es la creación de islas flotantes en las zonas cálidas de los mares. Aseguran que se formarían solas, si se sumergiera en el agua un metal conductor y se hiciera pasar corriente por él. Entonces, los minerales disueltos en el agua se ligarían al metal y producirían un espeso sedimento de una piedra calcárea artificial. Si además si se le montaran refuerzos de metal con una tela metálica eléctrica, podría resultar una base lo suficientemente firme para las islas artificiales. Las personas que vivieran sobre ellas vivirían del mar, dedicándose a la cría de peces y el cultivo de algas y también podrían producir su propia energía sin agredir al medio ambiente. Los mares aún se asemejan a "continentes abandonados" y "desiertos biológicos", pero la vida sobre las islas flotantes en un clima tropical será muy agradable. Nos prometen seguridad, porque de la misma manera en que allí se vive respetando el medio ambiente en circuitos cerrados, las colonias estarán "relativamente libres de crímenes y otros males que imperan en las ciudades". Porque se trata de "una sociedad de individuos estrechamente relacionados entre sí", es decir, una comunidad de tipo no-urbano. Las colonias marinas nos preparan para existir en sistemas cerrados y en una "comunidad aislada y altamente integrada", lo cual, al fin y al cabo, también es la premisa para abandonar este planeta, que precisamente hace necesarias estas condiciones. b) NASA: Space Settlement Basics http://www.nas.gov/NAS/SpaceSettlement/Basics/wwwwh.html Las personas de la NASA naturalmente desean forzar la idea de la colonización del espacio por razones institucionales de autoconservación. Tras el fin de la Guerra Fría, aunque aún lanzan satélites, que ya giran alrededor de la tierra a cientos, pero el programa espacial tripulado se ha vuelto demasiado caro y, por ello, se redujo extremadamente. Los viajes espaciales debían convertirse en algo asequible para las personas normales, no sólo una tarea de especialistas altamente cualificados. Por lo tanto, los vuelos espaciales habrían de ser baratos y seguros, pues sólo entonces podrían aprovechar esta oportunidad miles o millones de personas y aliviar la Tierra. Argumentan que, al fin y al cabo, hace cien años nadie había volado en un avión, mientras hoy vuelan más de 500 millones de personas por año. Lo interesante es que se mencionaron algunos grupos de personas que podrían considerar especialmente atractiva la colonización del espacio. Así, la estancia en el espacio sin la carga de la gravedad sería ventajosa para minusválidos. No necesitarían máquinas ni aparatos para caminar, quizá podrían moverse flotando. También cabría la posibilidad de instalar emigrantes menos voluntarios, porque las colonias espaciales podrían servir, como antaño algunas islas, para instituciones penitenciarias bastante seguras. Esto resulta bastante evidente, aunque quizá de manera distinta a la que imaginaron los autores, puesto que las estaciones espaciales son, en cualquier caso, una especie de cárcel, incluso si están concebidas como castillos defensivos. También sugieren que serían apropiadas para algunos grupos religiosos que no quieran vivir cerca de "infieles" o bien para aquellos que desearan experimentar con nuevas formas sociales y políticas. El modelo, naturalmente, vuelve a ser Biosfera II, una "biosfera independiente" realizada técnicamente con un circuito cerrado. Quizá habría que llevarse solamente, según proponen los autores, un poco de oxígeno y algunos alimentos, después de todo. Tampoco se pretendía colonizar planetas o la Luna, sino primeramente hacer girar alrededor de la Tierra contenedores de la forma que fuere, pero gigantescos, para que por lo menos se pudiera seguir viendo la tierra y visitarla. Más tarde sería cuestión de extenderse por el sistema solar o mudarse a nuevas estrellas, puesto que algunas generaciones más tarde, a los hombres les daría igual donde estuvieran. No se extienden aquí en las propuestas para la realización técnica, según dicen. Apuestan por la nanotecnología, que lo hará todo sola y que, por ejemplo, haría posible construir una "torre orbital", que se elevara de la superficie de la tierra hasta el espacio. Así podría llevarse y traerse material y personas en ascensor hasta la órbita con un gasto mínimo. Pero aún cuando todo dure mucho y cueste mucho, tampoco "Nueva York, California o Francia" se crearon en un día y "Canadá, Francia o San Francisco" han costado mucho dinero. Ya hemos conocido algunas de las razones por las cuales el espacio cósmico sería "un hermoso lugar para vivir". Pero aún hay más razones, que no quisiera ocultar a nadie. Los autores mencionan varias. Primero, hay un motivo estético de las "bellas vistas". Desde allí fuera puede admirarse sin el oscuro filtro de la contaminación atmosférica el magnífico paisaje del sistema solar y, naturalmente, la preciosa Tierra. En segundo lugar, parece ser que la escasa gravedad favorece la práctica de los deportes y el baile. Ambas dos razones especialmente atractivas para abandonar la Tierra. Pero naturalmente, aún hay más. En tercer lugar, estaría la independencia con respecto al medio ambiente, puesto que, lamentablemente, todos vivimos sobre la tierra en una única biosfera y todos tenemos que sufrir los alevosos crímenes ecológicos de los demás. Como cada colonia espacial está completamente aislada de su entorno, no le afectan las consecuencias ecológicas globales de la sociedad del riesgo: "Si una colonia contamina el aire, nadie más se ve obligado a respirar su porquería". La cuarta razón es paradigmática para nuestro tema, por lo que la citaré completa: "En la Tierra, los distintos grupos tienen que aprender a vivir muy próximos los unos a los otros. Es arduo convivir con cinco o seis mil millones de pertenecientes a la especie homo sapiens, y algunos no lo soportan demasiado bien. Las colonias espaciales ofrecen una alternativa a la transformación del ser humano o a los eternos conflictos, a saber: la posibilidad de vivir en grupos prácticamente homogéneos como era el caso normal de la existencia humana durante millones de años. Quien no se adapte, puede poner entre sí mismo y los demás millones de kilómetros del mejor vacío, cosa que a veces parece necesaria. Todo acceso a una colonia espacial pasa por una esclusa de aire. Por lo tanto, el control de la inmigración no debería suponer ningún problema". Por el momento, sólo relativamente podemos elegir cómo deben ser los lugares en los que vivimos. Tal obligación de conformarse es difícilmente soportable para auténticos viajeros del espacio, individualistas todos, buscadores de felicidad y constructores de mundos. Citaré la quinta razón, pues yo no sería capaz de expresarlo mejor: "Dado que todo el entorno ha sido fabricado por el hombre, se puede conseguir realmente lo que se quiere. ¿Desea usted una parcela a la orilla de un lago? Pues muy sencillo, se fabrica usted lagos. ¿Le gustan las puestas de sol? En ese caso, programa usted el sistema climático para simulaciones de puestas de sol cada hora. ¿Le gusta ir descalzo? Pues se hace un entorno adecuado para los pies". Quizá todo esto no vaya en serio, quizá sea sólo una sátira de los primitivos sueños de emigración, escrita en 1995. En cualquier caso, hay mucho del espíritu de la época en estas bases para la colonización del espacio por parte de la NASA, que quizá ni siquiera sepa lo que uno de los suyos ha introducido en sus páginas Web. Pero al fin y al cabo hay otros para quienes es un asunto muy serio: el sueño americano de una nueva frontera, entretejido con la colonización del espacio. c) Welcome to the Revolution: The Space Frontier Foundation http://www.users.interport.net/~bengfer/ La "Space Frontier Foundation", con sede en Nueva York, es una organización de ciudadanos americanos que trabajan mucho con Internet y que también mantiene una lista de mailing con colaboraciones para la serie "The Frontier Files". Sus exigencias tienen como objetivo la colonización del espacio, porque si no la Humanidad desaparecería, y además, cuanto antes mejor. Para ello los Estados Unidos, como nación de la frontera, tiene una especial responsabilidad. Sin embargo América, - así se pretende estimular el sentimiento de orgullo nacional - a finales del siglo XX, está nerviosa. En la "nación más grande que ha existido jamás" reinan demasiadas dudas. Tras el fin de la Guerra Fría, las personas necesitan otra orientación, una "visión del mañana" que ofrezca algo mejor que la mirada sobre el presente. Ven a los americanos como "una nación de pioneros sin una nueva frontera. Ya no hay un enemigo exterior claro, a través del cual pudieran organizarse. Dicen que la historia se repite". En una palabra, son tiempos terribles. Demasiadas personas ven el futuro obstruido. Imperan las imágenes de una cultura agonizante, en su mayoría llenas de ciudades en ruinas, como en "Blade Runner". Desempleo, pobreza, luchas sociales, retirada hacia el ámbito privado, descenso social y reducción del nivel de vida generan inseguridad, miedo e individualización. La nación se está desmembrando. La "Space Frontier Foundation" tiene una solución: "Los Estados Unidos han de reconocer la disonancia filosófica que impera entre lo que la nación debería hacer en el espacio y lo que estamos haciendo actualmente. Entonces podremos reformular nuestro programa espacial mal orientado para organizar uno nuevo, que abarque más, que sea más emocionante y más provechoso para la nación. Gracias a esta transformación, nosotros, que comprendemos la oportunidad que nos brinda la frontera espacial, podemos dar a América una nueva imagen de su futuro - un futuro lleno de esperanza, un futuro emocionante, que impulse a toda nuestra sociedad. Un futuro de infinitas opciones, en constante ampliación..." Lo finito, tanto en el espacio como en el tiempo, parece muy difícil de soportar. El futuro tiene que mostrar la imagen de una línea de progreso en avance infinito, si no todo se derrumba, como sucede con el mercado capitalista si no sigue creciendo. Igual que las guerras contra un enemigo exterior cohesionan a la nación, el "vacío del espacio" deberá rehacer una nueva comunidad que incluya a todos. ¿Pero cómo eran las cosas antaño, cuando fue colonizado el salvaje Oeste? ¿Surgió allí una nueva comunidad? ¿Se acordó fundar ciudades nuevas, sin oprimir otras? Pero la historia concreta con la que se enlaza no interesa. En primer plano está la ola que, bajo el lema esperanzador "Go West", colonizó el espacio (y a los que lo poblaban). "25 años después de Lewis & Clark, los vagones del ferrocarril rodaban hacia el Oeste, a Oregón, trayendo miles de pioneros desde los barcos a las costas de California... 25 años después de los hermanos Wright, las personas podían comprarse un billete de avión y viajar en un aeroplano... pero 25 años después del alunizaje, seguimos sentados viendo a los viejos astronautas que en la televisión recuerdan los buenos viejos tiempos". Hay que avanzar de una vez - en el ánimo y en el espacio. La ideología del "desarrollo sostenible", dirigida a la conservación de la biosfera, paralizaría a los hombres, mientras que de lo que se trata es de crear "una nueva era de la esperanza siempre creciente". Si se tiene la conquista del espacio como perspectiva, que sólo es positiva porque el espacio sideral está deshabitado y porque así se protege la biosfera terrestre, entonces "ya no tendremos que cuestionarnos a dónde vamos como humanos ni qué lugar ocupamos en el gran cuadro ni lo que tenemos que hacer seguidamente. Sólo tenemos que dirigir nuestra mirada hacia las miles de nuevas estrellas que se extienden por el cielo nocturno para encontrar la respuesta. Y el mundo nos seguirá. Porque somos una nación de pioneros, ésa será nuestra nueva tierra. Y porque todos somos capaces de ello, ya es hora de que nos den la oportunidad de demostrarlo". Pero, ¿quién se interpone en el camino? El Estado, que obstaculiza el acceso al espacio. Entendido como pura maquinaria de dominación y no como portador del procedimiento democrático y del equilibrio social, no puede abrir el camino hacia el futuro. Eso sólo pueden hacerlo, a la manera capitalista e individualista, los individuos con sus esfuerzos por lograr la felicidad y el beneficio - cuanto menos reglamentado, mejor, el espacio como un nuevo salvaje Oeste. Al fin y al cabo, se supone que los Estados Unidos son un pueblo de personas libres, firmemente unidas por la creencia de que "los hombres tienen preferencia frente al estado y que los individuos deberían tener el poder de crear nuevas riquezas, sin trabas del estado". El ejemplo es la conquista del Oeste, que se realizó precisamente bajo tales leyes o bajo la ausencia de leyes. La fundación no aclara cómo esta individualización radical, típica y orientada contra el estado puede ir de la mano de la esperanza de una nueva creación de comunidad. Si se permitiera funcionar a los individuos y empresas solamente en el sentido del "grandioso caos del sistema empresarial libre y democrático", sería posible el bienestar general, la libertad para todos y una vida mejor. Como antaño en el salvaje Oeste, la única correa de transmisión es el dinero: "Si no hay beneficios, no habrá ninguna meta nueva". Conclusión De manera similar a los propagandistas del ciberespacio, la fundación relaciona la colonización del espacio cósmico con la individualización, que siempre se identifica con el mercado libre del capitalismo y la reducción del estado. Desregulación es la única máxima de la felicidad. La vida pública no tiene importancia, si no conlleva dinero. Los individuos así considerados tienen que imponerse y ganar, si no estarán perdidos y serán relegados al olvido igual que los indios, en su día. Libertad sólo significa libertad del mercado, es decir competencia. En esta amalgama, paradigmática de nuestro tiempo, las utopías sólo pueden sostenerse mientras abran un camino hacia adelante, pero no podrán describir el lugar que debe surgir allí, y mucho menos formular reglas colectivas sobre cómo ha de ser organizado socialmente. El efecto antiestatal, la orientación hacia los individuos, grupos y comunidades victoriosas es demasiado fuerte. ¿Cómo serán, pues, las ciudades y colonias en el espacio y en el ciberespacio? No muy distintas a las del mundo real, que cada vez están más marcadas por las mismas máximas del individualismo capitalista y de la desregulación, como los parques para el ocio, Disneylandias y zonas comerciales, como las zonas suburbanas que se extienden alrededor de las viejas ciudades sin ofrecer ya vida urbana, como el ciberespacio, cada vez más comercializado y marcado por organizaciones privadas, con sus Intranets y sus zonas de peaje, en resumen: tal y como Mike Davis, entre otros, describe el futuro de nuestras ciudades, que se desmembran bajo la presión de las empresas de actuación multinacional y de la nueva clase virtual, se desmembran en segmentos, ciudadelas y "Scanscapes". "Scanscapes" son, para Mike Davis, zonas protegidas, modelos de todas las biosferas y colonias espaciales, que sirven de lugar de ubicación a las comunidades homogéneas y en las que se vigila cada paso, para no ofrecer ni una posibilidad a los intrusos extraños. Están comunicadas a través del ciberespacio o por medio de autovías, trenes de alta velocidad y aeropuertos. "Asaltador de máquinas en la red"El que fue durante muchos años el terrorista más buscado de los Estados Unidos, al que llamaban Unabomber, y que actuaba bajo el seudónimo de un grupo llamado "FC", fue detenido el 3 de abril, delatado por su hermano a la policía. Por lo menos el FBI está bastante seguro de haber capturado, con el antiguo profesor de matemáticas Theodore J. Kaczynsky, al que, desde 1978, depositó 16 cartas bomba con las que mató a 3 personas e hirió a 23. La mayoría de las víctimas procedían de círculos universitarios, como David Gelernter, de la Universidad de Yale, o bien tenían que ver con compañías aéreas, por lo que se le bautizó Unabomber. Fue localizado en una pequeña cabaña de madera, en las solitarias Montañas Rocosas de Montana, donde desde hace muchos años vivía en soledad, igual que Thoreau, el gran arquetipo americano de los pioneros intelectuales independientes del estado, en relación con la naturaleza y ambiciosos de autonomía. Solo y por cuenta propia, completamente poseído de su misión, marchó como un héroe del Oeste o como Rambo para luchar contra el Mal: contra el estado, la técnica, la ciencia, el comercio, en resumen: contra el modo de vida antinatural de la sociedad industrial que amenaza con destruir sus propias bases vitales y, de alguna manera, también la libertad de los hombres. El año pasado causó sensación su exigencia de que los periódicos importantes publicaran un manifiesto escrito por él, con el título La sociedad industrial y su futuro, prometiéndoles a cambio cesar con los atentados, por lo menos contra personas. La revista Penthouse quiso poner a inmediata disposición de Unabomber, a modo de compensación, una columna mensual. Pero Penthouse le parecía demasiado poco seria o demasiado poco extendida. Amenazó con otro atentado, hasta que finalmente el Times y el Washington Post publicaron una versión resumida. De alguna manera, el sangriento atentado llevado a cabo por "Desperados" de orientación derechista el 19-4-1995 en Oklahoma City, que tuvo un saldo de 168 víctimas mortales, pareció desconcertar al Unabomber. De repente, el interés público ya no estaba centrado en él y el terrorismo de la derecha, de motivación antiestatal, perseguía metas similares, por lo menos analizado superficialmente, como el autoinvestido salvador de los hombres ante la alienante sociedad industrial. Se sentía contrariado, escribió, de que le preguntaran sus motivos para abandonar el terror: "Lamentamos profundamente la clase de carnicería arbitraria que se produjo por el incidente en Oklahoma City", comunicó al Times. Esta historia ya es conocida aquí, pero su manifiesto menos o nada. En América se leyó y discutió sobre todo porque, a través de sus actos, captó la atención de los medios de comunicación. La "propaganda por la acción" es un viejo concepto anarquista que, como los propios anarquistas, surgió con el medio de comunicación de masas Periódico. El Unabomber lo utilizó explícitamente y con palabras claras, porque era de la opinión, indudablemente correcta, de que "para la mayoría de los individuos y pequeños grupos es prácticamente imposible llamar la atención de la sociedad sólo con palabras": "Para hacer público nuestro mensaje con ciertas posibilidades de suscitar una impresión duradera, tuvimos que matar personas". El Unabomber en los medios de comunicación Solitario absoluto y purista, que se alejó voluntariamente, por su existencia ermitaña, del mundo del éxito y del consumo, se le considera un chiflado extravagante, aunque inteligente, que se esfuerza por sublevarse contra aquello que nosotros, aparentemente, debemos aceptar como obvio. SPIEGEL calificaba sus tesis, con las que incitaba a destruir la sociedad industrial, de "farragosas", comentando: "En el estilo abstracto de una tesina universitaria, se dedica a describir el supuestamente ya indomable demonio de la técnica". Se le describe como "profeta loco e implacable asesino a la vez", como "estrafalario aproado" que vivía en su choza como un hombre primitivo, pero que poseía "estanterías llenas de libros". People se pregunta - aquí nos es familiar por nuestras discusiones sobre terrorismo - con asombro: "¿Cómo pudo un joven brillante, con todas las posibilidades que tenía - una familia que le apoyaba, una buena infancia, una formación Ivy League - convertirse en un asesino múltiple?" Un autor de WIRED sólo ve en él el ansia de conseguir la fama y, con ella, publicidad como "asesino múltiple". "Sin conexión con la red y sin lavar" - una extraña combinación -, dicen que era: un "mountain man" que ha ocupado el puesto del "confundido drogadicto Manson en el papel de nuestro monstruo de la era digital". Al fin y al cabo, añade el autor con delectación, sería precisamente esa técnica que tanto ha condenado la que demostraría su culpabilidad si se pudiera demostrar su identidad genética examinando la saliva encontrada en los sellos de sus mensajes. De cualquier manera, WIRED ve en el Unabomber sólo un "antiguo modo de pensar" con una "tecnología vieja", y nadie querría tener nada que ver con algo así, porque hay que estar siempre en el carril de adelantamiento. Otros jóvenes entusiastas de la red y de la alta tecnología, que no quieren que nadie les agüe la fiesta, critican así su aburrida palabrería anarquista: la conclusión que sacó es que, como nadie le escuchaba, empezó a atacar a los managers y profesores con sus bombas de fabricación casera para "confrontar por la fuerza a los inocentes consumidores de los medios de comunicación con su ridículo manuscrito y para, vulgarmente, abrirse paso a fuerza de bombas hasta el centro de la atención". Y además, ya es un fastidio: "La cosa ha llegado ya tan lejos que ni siquiera se puede ir a una fiesta o a un bar sin que algún aburrido "Neo-Ludita" te aplaste con su filosofía de catalejo direccional sobre los males de la tecnología. Según cuántas copas hayas tomado, te reirás una o dos veces de esos tipos, pero después de un tiempo resulta duro resistir a su vulgar ataque tan parcheado de desconocimiento histórico y lógica circular. Los anarquistas y sus rezagados primos Hillbilly, los Neo-Luditas, son incapaces de comprender una verdad humana fundamental: los hombres prefieren MTV a la lepra". Por lo demás, no es necesario que el Unambober nos advierta de los males del cibercapitalismo: "como si no lo supiéramos ya, colega". Cibercultura y crítica de la civilización Ciertamente, el Unabomber ha forzado su acaparamiento de la atención pública primeramente por medio de la condenable "propaganda por la acción", apostrofada por él escuetamente de necesaria, pero su manifiesto no es más confuso que las declaraciones de otras personas y su actitud fin-del-mundo acierta a tocar la llaga de muchos. Las condiciones anormales de nuestra moderna sociedad industrial son, entre otras, una densidad de población extremadamente elevada, el aislamiento de los hombres frente a la naturaleza, la aceleración excesiva del cambio social y la desintegración de las pequeñas comunidades naturales como la familia, el pueblo o la tribu. Su crítica ataca la complejidad de una sociedad que, por la tecnología, se vuelve cada vez más global e incontrolable porque con ello, al mismo tiempo y a pesar de todos los mitos de descentralización por medio del ciberespacio, se está produciendo un proceso de concentración política y económica. Lo que aquí, más o menos, formuló Ulrich Beck con el título de sociedad del riesgo como irresponsabilidad organizada, el Unabomber lo ha expresado de manera muy similar, sólo que él ha sacado la consecuencia de apartarse del estado y de la técnica para volver a conferir al individuo la posibilidad de la autonomía, tal y como se supone que la tuvieron los hombres, antes de la sociedad industrial, organizados en pequeñas comunidades. Lo que nos da sensación de seguridad no es la seguridad objetiva sino la confianza en nuestra capacidad de cuidar de nosotros mismos. El hombre primitivo, amenazado por los animales salvajes o el hambre, puede defenderse o buscar comida. No tiene certeza del éxito de sus actividades, pero en ningún caso se encuentra indefenso ante estas amenazas. Por otra parte, el individuo moderno está amenazado por muchas cosas frente a las que está indefenso. Accidentes en centrales nucleares, carcinógenos en los alimentos, contaminación del medio ambiente, guerras, aumento de los impuestos, la infiltración de grandes organizaciones en su vida privada o bien fenómenos sociales o económicos de alcance nacional que intervienen en su modo de vivir. De su desasosiego ante el mundo de la alta tecnología, bajo forma de un cortocircuito, el Unabomber saca reglas sencillas. Revolución en lugar de reforma, emigración en lugar de adaptación. Reducción de la complejidad a través de la huida a un mundo anterior a la técnica, a través de una glorificación del mundo anterior al pecado técnico original, pero sin exponer más detalladamente con qué técnica se cometió éste. Más sutilmente pero con similitudes básicas critica Neil Postman, por ejemplo, el Technopol. Pero mientras que el Unabomber, ante todo, sitúa en primer plano la pérdida de la autonomía de la persona individual y celebra la vida en pequeñas comunidades, Postman pretende restaurar el aglutinante de la sociedad por medio de grandes relatos con sus normas y reglas sociales, para dar orientación a los hombres y volver a hacer posible un compromiso. El Unabomber, con su manifiesto contra la sociedad industrial publicada por mor de sus atentados, ha contribuido a una primera expresión de un temor quizá difuso, posiblemente creciente, ante la dinámica, aparentemente imparable y ya incontenible, del progreso técnico. Actualmente, este miedo se enfrenta a la oposición decidida de la industria, del sector de la población que depende de la alta tecnología y de los políticos, que creen poder salvar la posición que representan sólo a través del equipamiento técnico. En este tiempo sin alternativas frente al progreso técnico cuya economía global y competencia entre países es imposible eludir, bajo la premisa de la conservación del nivel de vida y ante el que han de retroceder cada vez más los logros ecológicos y sociales conseguidos por los países individuales, el Manifiesto, con su perspectiva radical, cayó también como una bomba. Lo que sí da que pensar es la pretensión de librarse, con la figura del Unabomber, de una crítica a los fundamentos de nuestra forma de sociedad, que en muchos casos sólo representa la inversión del determinismo de los tecnófilos y que, por lo demás, ha integrado la tan ampliamente extendida ideología americana de la frontera y del individuo. Tampoco el Unabomber piensa políticamente y cree que las "viejas" posiciones de derecha e izquierda de la sociedad industrial quedarían atrás con sólo eliminar la técnica, igual que los tecnófilos opinan que por medio de la técnica, quizá a través de las redes de ordenador, surgirá inmediatamente una democracia nueva y directa que podría renunciar al principio de la representación. Por muy criticable que sea el procedimiento democrático y a pesar de la debilitación de los órganos democráticos, siempre vinculados a un territorio, con la globalización, los tecnófobos y tecnófilos, habiendo integrado en su pensamiento una amalgama irresoluble de anarquismo y liberalismo, repiten el error de los grandes movimientos revolucionarios de los siglos XIX y XX. La crítica al estado, habitualmente unida al procedimiento parlamentario y la creencia de estar en manos de un sistema demasiado poderoso reúne, a pesar de todas sus diferencias, a anarquistas, comunistas, fascistas y fundamentalistas de toda clase. El Unabomber y la "ideología californiana". Hay que modificar el comportamiento humano para adecuarse a las necesidades del sistema. Esto no tiene nada que ver con una ideología política o social que maneje el sistema tecnológico. Es el fallo de la tecnología, porque el sistema no obedece a una ideología sino a unos condicionantes técnicos... La revolución que nos imaginamos no necesariamente incluye una revuelta armada contra todo gobierno. Puede ir o no acompañada de violencia, pero en cualquier caso no será una revolución política. Su centro se sitúa en la técnica y en la economía, no en la política. De igual modo que el Unabomber advierte siempre tenazmente que su motivación no es política ni social, sino que considera solamente la técnica como fuente de todo mal, hoy se ha hecho habitual hablar de una revolución de la tecnología digital que cambiará todo y con la que habrá que entenderse. Si se sustituye la imagen recurrente de la "naturaleza salvaje" y de la vida sencilla como código de esperanza por el ciberespacio y las utopías relacionadas con él, no hay gran diferencia. También el Unabomber procede del ambiente californiano de los hippies de los años sesenta, que solían estar contra la técnica, a pesar de los equipos de música, que huían de las ciudades y criticaban las consecuencias ecológicas de la sociedad industrial. Pero pronto, continuando sus a menudo irracionales misticismos, este ambiente fue cayendo dentro de la borrachera de la técnica y, a través de ella, encontró otra relación con el dinero y con los negocios, una relación positiva con la que podían arreglarse también la industria y los conservadores a la Gingrich. Siempre se opera a través de la cruda antinomia de sociedad y comunidad, de individuo y sistema - creyendo que, especialmente la estructura de la red repartida de la libertad individual, podría recibir un nuevo impulso y que, a través de ello, podría encontrarse una salida de la complejidad de la sociedad masificada. Ya la movida sicodélica de los años sesenta con su imagen conductora de la autorrealización veía en la realidad sólo una construcción que podía transformarse en cualquier momento, según cada gusto personal, con drogas o revoluciones. Después de que las drogas sicodélicas, la vida en el campo, las comunas, el amor libre y Buckminster Fuller Dome hubieran demostrado ser callejones sin salida con respecto a una transformación de la sociedad, los ordenadores de repente aparecieron bajo otra luz y se convirtieron en un nuevo camino hacia el mundo de la fantasía, marcado tanto por sueños anarquistas de emigración como por ecotopía, el Señor de los Anillos y escenarios de ciencia ficción. Ahora lo que se esperaba, si uno no se convertía a los verdes, en definitiva una variante más o menos moderada de la visión del mundo del Unabomber, era la revolución, como apunta Mark Dery con suficiencia en Escape Velocity, ya no surgida de la actividad de radicales políticos sino de las irrupciones tecnológicas de los visionarios capitalistas, que ponían a la vista un edén cirbernético. Ya las primitivas redes de ordenador, con su comunicación basada en textos, posibilitaron la formación de la creación de nuevas comunidades y, así de una contracultura como describió Howard Rheingold, por ejemplo, en su libro Comunidades Virtuales, de manera tan rosada. Suceda lo que suceda, es innegable que la tecnología ha creado para los hombres un nuevo entorno material y social completamente distinto al que ha adecuado física y mentalmente la selección natural de los hombres. Si el hombre no se adecúa a este nuevo entorno por medio de una transformación artificial de ingeniería, entonces lo hará a través de un largo y doloroso proceso de selección natural. Pero lo primero es mucho más probable que lo segundo. Sería mejor destruir todo el putrefacto sistema y sacar las consecuencias. Los utópicos de la red, tanto de izquierdas como de derechas, están de acuerdo en la lucha contra todo tipo de regulación por parte del estado. La consigna es "desmasificar". También tienen en común que no discuten las consecuencias sociales de la instalación de la sociedad de la información. La libertad individual y la libertad de expresión se unen con la libertad de mercado. Ya se han desprendido del estado como comunidad solidaria que compensa el liberalismo económico y que intenta mantener la paz social por medio del equilibrio. Richard Barbrook y James Cameron llaman a esta extraña actitud, ya extendida por Europa, de la nueva clase virtual ideología californiana. Por medio de la condena del Unabomber no sólo se quiere ridiculizar la crítica convencional a la sociedad de la información, además se procesa contra los intelectuales de izquierdas y contra el propio enraizamiento en la ideología de los años sesenta, de la que sólo ha quedado la búsqueda de la autorrealización y la diversión junto con la creencia de ser vanguardia y contracultura. La brillante y romántica figura del hacker, situado en el frente tecnológico y que se interna sin temor en los ámbitos cerrados del poder para dejar circular libremente la información, es el precursor del ciberpunk y de la "clase virtual" de los magníficamente pagados especialistas y fundadores de empresas de alta tecnología. "¿Aborrece usted los ordenadores? ¿Le fastidia profundamente la avanzada sociedad industrial? ¿Busca usted una vía para bicicletas en la superautopista de la información? Luditas on-line es el único lugar del ciberespacio que está exclusivamente dedicado a los luditas, tecnófobos y otros fugitivos de la revolución de la información. (Ludites on-line). Pero el Unabomber, con su manifiesto, también ha vuelto a sacar con más fuerza a la luz de la atención pública a los asaltadores de máquinas. Pero según el New York Times, en el Internet el Unabomber ya es una estrella. Pathfinder ha instalado una página para el Unabomber. Es de esperar que, con al afianzamiento de la sociedad de la información y sus parcialmente arrasadoras consecuencias - ciudad dual, desempleo, empobrecimiento de amplios sectores de la sociedad, aumento de la concentración económica, etc - también crezca la resistencia contra la clase virtual y contra la tecnología, el progreso tecnológico y las utopías técnicas. Incluso en la red se extiende la nueva impresión, cuando se trata de los luditas, se forman grupos de fans e incluso ha surgido un movimiento irónico-anarquista que quiere nominar candidato a la presidencia al Unabomber para caricaturizar las elecciones que, según ellos, sólo son una farsa, porque el sistema es demasiado poderoso para poder ser transformado de otra manera. No se puede hacer nada con chicos como Clinton, Gingrich, Powell, Perot, Forbes, Dole, Gramm, Lugar, Alexander, Dornan, Keys, etc: ¿Es posible imaginar un candidato, unas elecciones o un debate que traten las auténticas preguntas? El Unabomber, por lo menos, tiene una visión: si fuera elegido no se convertiría en presidente y la difusión de sus teorías, por lo menos, tendría un valor de entretenimiento. Además, es digno de confianza. La violencia utilizada por el Unabomber no debería descalificarlo para la reflexión. Su disposición y su capacidad de emplear la violencia de manera efectiva para alcanzar metas estratégicamente políticas sólo muestran la cualificación decisiva para ser presidente. Al fin y al cabo, la UNICA cualificación de Colin Powell es su eficacia como buen matón. Nadie le ha llamado asesino múltiple ni ha dicho que desee acapar la atención. Ningún candidato a la presidencia ha condenado el genocidio de la guerra del Golfo... Muertes y enfermedades provocadas por el trabajo... ¿Violencia? Muerte por cáncer, provocada por toxinas en el aire, en la comida y en el lugar de trabajo... ¿Violencia? Un salario mínimo muy por debajo de la frontera de la pobreza, con hambre, estrés, enfermedad y muerte prematura como consecuencias... ¿Violencia? En los medios de comunicación acaba de retomarse la justificación del bombardeo de Hiroshima y Nagasaki... ¿Violencia? ¿Terror? Y también se quiere hacer negocio con el Unabomber en el efímero mercado de la atención. Los dos primeros libros sobre Theodore Kaczynsky ya están en la lista de espera. El funcionario del FBI retirado John Douglas, junto con un negro, escribirá el libro "Unabomber: sobre la pista del más buscado asesino en serie de América", para Pocket Books, y que aparecerá ya a finales de abril. Y Nancy Gibbs publicará en mayo en Warner Books su libro "Genio loco: la odisea, persecusión y captura del presunto Unabomber". |