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PARRA.
Artefactos
Visuales
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| DESCUBRIMIENTO DE AMERICA |
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Nicanor Parra, el poeta chileno vivo con mayor proyección universal y uno de los escritores de lengua española con mayor prestigio, presenta por primera vez en público en la Fundación Telefónica la práctica totalidad de su obra visual que plantea una original intersección de palabra, imagen y objeto mediante los que, desde el eslogan y el antipoema, agrupados ahora en antiinstalación, realiza una crítica a la actual cultura consumista de Occidente.
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La propuesta parriana del «artefacto visual» consiste en una serie de poemas acompañados de imagen donde el eslogan publicitario, símbolo de la cultura consumista de Occidente, es vapuleado desde sus mismas raíces. El origen de esta expresión se encuentra en las clases de «trabajos prácticos» a las que asistía los miércoles por la tarde en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. Es decir, se trata, según los críticos, de la subversión del engendro visual en una época donde las voces de protesta descansan bajo el apacible manto de la mansedumbre globalizadora.
LOS ARTEFACTOS VISUALES, UNA FORMA DE ANTIINSTALACIÓN POÉTICA
Valiéndose del artefacto y el eslogan, Nicanor Parra presenta una nueva concepción del arte expositivo, la antiinstalación, donde muestra el debate en torno a la ciencia, la política, la religión, la sexualidad, la economía de mercado
a través de botellas, cacerolas, estatuas, falos de látex, teteras, planchas, cruces, máquinas de coser, etc. El artefacto visual apunta así, directamente, a una realidad que existía con anterioridad al objeto del que se sirve. El engendro o artefacto --el mismo Nicanor Parra lo ha calificado de «arma nuclear», de «chorro de palabras» hace uso de un texto tan manido como el objeto al que acompaña, en el que la función referencial ha desaparecido.
«LAS BANDEJITAS», LOS «TRABAJOS PRÁCTICOS» Y LAS «TABLITAS DE ISLA NEGRA»
«Las Bandejitas», los «Trabajos prácticos» y las «Tablitas de Isla Negra» constituyen los tres pilares básicos de Artefactos visuales. Estos elementos le sirven al poeta para realizar una revisión crítica de la cultura occidental. Para ello recurre al lenguaje y a la imagen de un objeto cargado de simbología.
Mediante el título que acompaña a la imagen, el poeta relee el significado del objeto; la originalidad de esta lectura nos revela una sorprendente conexión entre dos elementos que, aparentemente, nada tienen en común.
Esta conjunción hace «estallar» la imagen poética --de ahí la acepción de bomba que contempla el propio Parra a la hora de definir sus artefactos y da pie al alumbramiento de una nueva metáfora que es capaz de expresar «lo máximo con lo mínimo» (Nicanor Parra). Mediante un proceso de descontextualización, el autor de los Antipoemas recurre al lenguaje cotidiano y a imágenes familiares que provienen del mundo industrial y comercial.
EL ANTIPOEMA, PRECEDENTE DEL ARTEFACTO VISUAL
Estos artefactos visuales no son sino otra variante de los antipoemas, el género que le ha dado a Nicanor Parra el reconocimiento universal. El antipoema es la respuesta a una época que ya no puede recitar las alabanzas de la naturaleza, ni celebrar al hombre, ni glorificar a la divinidad, porque todo se le ha vuelto problemático y difuso, comenzando por el lenguaje.
En compensación, el antipoema trata de realizar un acercamiento desde la teoría de la relatividad, aunque imperfecto, que recupere por mediación de la palabra la subjetividad perdida y que sea capaz de crear nuevas formas de comunicación, nuevos territorios artísticos aún sin explorar. Nicanor Parra da, en definitiva, un triple salto mortal al vacío metafórico provocando el escape de energía de un objeto inerte mediante explosión. La mecha que enciende es la de las palabras que acompañan a la imagen.
NICANOR PARRA, POETA CHILENO
Nicanor Parra (1914) nació en Chillán (Chile), donde cursó estudios básicos y medios. Después se graduó en Santiago de Chile como profesor de matemáticas. Entre tanto, ya eligió un destino: la poesía. Durante este tiempo, mientras publicaba sus dos primeros poemarios y merced a esa confluencia entre Matemáticas y Poesía, el poeta descubrió una manera de interpretar el desorden que partía de la mente y de la acción humana. Su lírica arremetió pronto contra los diletantes, los doctores de la nada, el llamado progreso y la falsedad oculta tras el sintagma «moral social».
En 1943 viajó a Estados Unidos con una beca otorgada por el «Institute of International Education», donde estudia mecánica avanzada en la Universidad de Brown. Allí permaneció durante tres años. En 1948 fue nombrado director interino de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile. Al año siguiente viajó a Inglaterra con una beca del Consejo Británico, donde estudió Cosmología con E. A. Milner. A partir de 1951 enseñó Matemáticas y Física en la Universidad de Chile. Rápidamente, las universidades de diversos países comenzaron a disputarse sus charlas: Estados Unidos, la Unión Soviética, China Popular, Cuba, Perú, Panamá, México, etc, donde acudió a dictar conferencias, a organizar talleres, a asistir a congresos y a mesas redondas compartidas con personajes de la talla de Ezra Pound. En 1972 una nueva beca (Guggenheim) lo llevó a Estados Unidos.
Así, abandona el estilo metafórico del primer libro, Cancionero sin nombre, en aras de la exploración con Poemas y antipoemas (1954). Los libros se suceden ya uno tras otro: Versos de salón (1962), Canciones rusas (1967), Obra gruesa (1969), Artefactos (1972), Sermones y prédicas del Cristo de Elqui (1977), Nuevos sermones y prédicas del Cristo de Elqui (1979), Chistes para desorientar a la policía (1983), Coplas de Navidad (1983), Poesía política (1983) y Hojas de Parra (1985).
Hoy, Nicanor Parra es ya un nombre universal. Su obra ha sido estudiada en Inglaterra, Holanda, Rumanía, la Unión Soviética, Finlandia, Cuba, Suiza, Estados Unidos, Italia, Suecia, Georgia (República Soviética), España, Argentina, Alemania Federal, etc. En su Chile natal recibe dos premios municipales y el Premio Nacional de Literatura (1969). Patricio Larzundi pidió el Premio Nobel para Parra en la revista de la Universidad de Columbia y la Sociedad Hispanoamericana de Nueva York, bajo la presidencia de Mario Meza, apoyó la moción. Los trabajos sobre el poeta se multiplicaron entonces: Federico Schopf, del Departamento de Español de la Universidad de Chile, realiza un estudio sobre los poemas y antipoemas; José Miguel Ibáñez Langlois dedica más de sesenta páginas a «Antipoesía», para «Seix Barral»; Leónidas Morales, de la Universidad Austral de Chile, publica «La Poesía de Nicanor Parra»; en la Universidad de Nueva York, la profesora Edith Grosmann escribe «The Antipoetry of Nicanor Parra»; Mercedes Rein, de Uruguay, escribe sobre «La Antipoesía de Nicanor Parra»; Patricio Marchant escribe «La Poesía de Nicanor Parra»; Thomas Brons, de Nuremberg, publica «Villón y Parra», y un largo etcétera.
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