Blanca González Rosas La abstracción humanista de Boris Viskin
En las tres series pictóricas realizadas durante los dos últimos años Viskin ha demostrado una madurez y atrevimiento artístico dignos de reseñarse; a la deconstrucción y construcción que en estas series hace el artista de las obsesiones formales que lo han caracterizado, hubiera sido conveniente e interesante que aparecieran algunos ejemplos de sus obras anteriores. No obstante, a pesar de no estar presentes con reproducciones, su presencia es constante a través de las transmutaciones formales que se evidencian en las series Ptlatl, Ptlatl de mar y lluvia, Ptlatl y templos. Estas tres series, en las que predomina el lenguaje abstracto geométrico, parten de la deconstrucción de las formas de los Ptlatl mexicanos. Sin embargo, dependiendo de lo deconstruido, se integran en imágenes que difieren en el predominio de figuras o de líneas: Ptlatl, los cuadrados de diferentes materiales y texturas mantienen la evocación de los entramados de estos objetos; en Ptlatl de mar y lluvia se reducen a líneas verticales que evocan la caída del agua y a líneas horizontales que remiten a la visualidad del mar. En cambio, en Ptlatl y templos, lo deconstruido se integra en figuras y rectángulos que generan esa sensación de grandeza y pequeñez característica de los lugares sagrados, la cual también es característica de las épocas neoexpresionistas y semifigurativas del artista. Estas obras son exponentes de los nuevos conceptos pictóricos en los que el género se desborda de los materiales y formas tradicionales, generando bidimensiones diversas que parten de juegos conceptuales sobre la pintura. Por lo mismo, también se encuentran collages realizados con fragmentos fotográficos, espléndidos cuadros-objeto formados por tablas y maderas de diferentes formas y texturas y, de especial interés, algunas instalaciones que con objetos generan la ilusión de la percepción pictórica, ya sean estructuras realizadas con guacales, o marcos de madera que encuadran líneas pintadas sobre el muro. En el contexto internacional, las tres series podrían ubicarse en las categorías de los lenguajes denominados de auras frías, como los neogeos, neominimalismos y neoconceptualismos, que desde la segunda mitad de los ochenta han ponderado la reducción de formas y colores, los ordenamientos racionales y la presentación de objetos cotidianos sin referentes significativos. Sin embargo, a diferencia de estos lenguajes, en las piezas de Viskin se descubren presencias naturales y humanas de evidente emotividad. No son figuras; son gestos, líneas, texturas, tamaños, contrastes e, inclusive, referencias evocadoras que un neogeo tradicional se cuidaría de tener. Aun cuando los Ptlatl no se recrean ni se significan por sus referentes locales, su identidad es explícita para una colectividad. Aun cuando sus formas son geométricas, siempre mantienen el temblor de la mano. Incluso cuando sus retículas se repiten en cuadrados de riguroso y repetitivo orden, sus extremos se imbrican y se atreven a contener nombres de humanos en sus Ptlatl humanos, ya sea escritos o impresos en hojas de directorio telefónico.
Desde mi punto de vista, son estas disidencias respecto de los tradicionales neogeos lo que hace valiosa la propuesta de Boris Viskin. Es su osadía para referirse a objetos de significación regional, cuando sabe que los internacionalistas pueden considerarlo inadecuado y de nula contemporaneidad. Es su atrevimiento para integrar la emotividad en las auras frías como en los homenajes a Brancussi y Mondrian. Y, al mismo tiempo, es su propuesta contemporánea que mira de otra manera el petate, desde sus fisuras e intersecciones en las cuales lo mexicano es inexistente. A través de la perspectiva de estos dos años, la obra de Viskin ha transitado de la deconstrucción a la integración. En las diversas piezas deconstruye y construye las obsesiones formales que desde 1995 ha manifestado: la línea, la relación entre lo infinito y la naturaleza, la expresividad espiritual de la abstracción.
![]() BORIS VISKIN PTLATL NEGRO 1999 Óleo sobre tabla, 200 x 180 cm. Colección del artista
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