Karen Cordero Reiman Esto no es una fotografía
En 1929 el artista surrealista francés René Magritte pintó La traición de las imágenes, donde, con la imagen de una pipa y la leyenda manuscrita Esto no es una pipa, cuestiona el estatuto de la representación pictórica y verbal en relación con la realidad. De manera parecida, aunque sin articular tan literalmente sus intenciones, el artista visual mexicano Gerardo Suter en su obra de las últimas dos décadas ha estado cuestionando la correspondencia directa que a menudo se asume entre la fotografía y la realidad observada, utilizando este medio como punto de partida para explorar la manera en que realidades objetivas y subjetivas entran en diálogo e interacción en los procesos perceptuales del ser humano.
Desde finales de los setenta fue conocido como uno de los principales proponentes de una fotografía construida mexicana, en la que el medio no era un vehículo de documentación social sino se explotaban sus posibilidades de creación formal y conceptual, y a lo largo de los ochenta incursionó en la fabricación de obras metafóricas y narrativas ficcionales donde la tensión entre el verismo del medio y la creación de imágenes simbólicas de cada vez mayor formato adquiere un protagonismo notable. En los noventa, la impresión digital de fotografías de gran tamaño sobre soportes traslúcidos y su combinación con recursos de multimedia en la creación de instalaciones donde el discurso sobre el cuerpo tiene una presencia predominante traslada las reflexiones de Suter al ámbito del espacio: corporal, social y psicológico. Asimismo, el incrementado manejo tanto en su trabajo como en el entorno de recursos cibernéticos ha llevado al desarrollo en su obra de una reflexión sobre las implicaciones perceptuales de esta tecnología. En este contexto podemos situar la instalación Skin, el cuerpo fragmentado, donde Suter extiende su cuestionamiento del medio fotográfico un paso más al crear representaciones que parecen ser fotografías pero no lo son. Aluden a la tecnología mediática que crea representaciones visuales de nuestros procesos corporales, haciendo legible lo invisible por medio de intercalar y recomponer fragmentos de información que se traducen en códigos binarios. Los resultados se parecen a imágenes analógicas pero éstas en realidad son una mera referencia simbólica en el sistema de información que nos envuelve. Skin, el cuerpo fragmentado nos invita a cuestionar nuestra relación con y conciencia de este sistema, por medio de la percepción multisensorial de un conjunto de obras que busca hacer evidentes estos procesos.
![]() GERARDO SUTER SKIN 025 2002 Papel de arroz y cabello tejido 32 x 28 x 5 cm. Revelado cromógeno, 100 x 200 cm. (2 partes de 100 x 100 cm. c/u)
|