Luis Martín Lozano Atl Agua de Yolanda Gutiérrez
Hay propuestas como la de Yolanda Gutiérrez, que su didáctica de recepción y estimulante visualidad parecen haber podido sortear esta brecha entre el público y las estéticas contemporáneas. Su obra a menudo se nos revela con toda su potencialidad, de una manera clara, precisa e incluso bella de entender el mundo que nos rodea. Por varias razones su trabajo nos resulta no sólo muy actual, sino también propositivo a la reflexión de un futuro cercano, a la vez que muy consciente del origen y de la historia de los valores culturales que heredamos del pasado.
Dos son los momentos de creación y de recepción que deben distinguirse en su trabajo: uno, que corresponde a los contenidos es decir a la conceptualización de una idea y otro que se refiere a la subsecuente manifestación de dichos conceptos, lograda a través de la creación de un lenguaje visual que llamamos comúnmente la forma en el idioma de la historia del arte. De tal suerte que este binomio, de forma y contenido, que tiene ya una larga tradición de siglos, se hace nuevamente presente con una increíble lógica consecutiva: pienso, luego existo. En Yolanda Gutiérrez, la manera de concebir el fenómeno estético guarda continuidad con una actitud ética por intentar entender a la naturaleza y su lógica compositiva; estudia y analiza los materiales desde la creación, increpa la consistencia de las hojas, la nobleza de un madero, el carácter de una roca, la transparencia del agua. Nunca está satisfecha, aprende con cada paso que da, y en su mente inquieta se volatilizan las ideas hasta convertirse en planteamientos éticos concretos. A ratos creo que procede como un chamán vagando por el cosmos, capturando el secreto de las esencias y de lo primitivo, de lo ancestral y de lo permanente, de lo que trasciende el tiempo y nos llega hasta el presente. Todo el mundo visual de Yolanda Gutiérrez está implícito de dualidades, de luchas y enfrentamientos, de pactos y convergencias; en fin de una sabiduría primigenia que valora el complemento de los opuestos. Como se podrá observar, el trabajo de Yolanda Gutiérrez no está exento de asociaciones poéticas. Disfruta, enormemente, la capacidad lírica que transmite la naturaleza y en ella encuentra la belleza que resulta inherente a todo lo que alguna vez fue orgánico. Por belleza entiende que ante todo la imagen visual sea sencilla, profundamente simple, depurada en sus códigos hasta la más mínima expresión. Pero a la vez que contenga toda la información de la que se propuso reflexionar. La belleza de la que habla Yolanda Gutiérrez puede ser delicada y frágil, pero existe también en una tensión constante, en el contrapunto de una realidad resuelta fugazmente.
![]() YOLANDA GUTIERREZ ARAQUITECTURAS II 2000 Estructura de bejuco que da forma a un caracol, 35 x 60 x 60 cm.
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