Maya Goded

México D. F., 1967

Estudia fotografía en Coyoacán y en el International Photography Center de Nueva York. Fue asistente de Graciela Iturbide a la que considera su maestra.
Después de exponer repetidamente en México, de haber publicado varios libros de fotografía entre los que cabe citar Terra negra (México 1994), participó en la exposición colectiva de fotografía contemporánea mexicana, “Territorios Singulares” que se presentó en Madrid en 1997 en el Canal de Isabel II y luego tuvo una exposición individual en el Museo Reina Sofía de su serie sobre las prostitutas titulada “Barrio de la soledad”.
En su obra viene a proseguir la tendencia mexicana que siente un compromiso social y que en la década de los setenta estuvo ligada a los cambios revolucionarios que se vivían en Latinoamérica, en Cuba, en Nicaragua, en El Salvador, siempre tratando de lograr dar a la crónica una expresión artística.
En esta exposición presenta al público por primera vez una muestra de su trabajo sobre las “enyesadas”, en la que denuncia la cruda realidad de las mujeres que rodean su cuerpo de una gruesa capa de escayola para no engordar.

Elena Poniatowska Las mujeres de Maya Goded

Las mujeres de Maya Goded están expuestas a todos los avatares de la vida, nadie las protege, ni siquiera Maya que las evidencia una y otra vez. Aunque las degüellen, aunque su cabeza salga por encima de la guillotina, sobreviven para que Maya Goded las eternice. El baño de vapor semeja una guillotina en potencia porque la presión baja provoca el desmayo. Claro, hay que someterse, la cintura se ensancha con la carga; hijos y años pesan sobre los músculos. Nada de perímetro jovial. Siempre nos están midiendo con la cinta-metro del duro oficio de la belleza.
En México, ser mujer cuesta un poquito más de trabajo que en Estados Unidos o en Europa. El índice de violaciones es muy alto; el número de abortos, incluyendo espontáneos e inducidos, es de 1.700.000 al año, el porcentaje de analfabetismo es también aterrador. El porcentaje de mujeres que llegan a la educación superior es de menos del 7 por ciento. La diferencia de oportunidades entre hombres y mujeres también es inmensa. Cuando Claude Broyelle dijo que las mujeres eran la mitad del cielo, olvidó que una gran mayoría vive en el infierno. ¿Cuántos años más estaremos condenadas a ser gallinitas ciegas a las que se les ha perdido una aguja y un dedal? ¿Cuántos años más de desgaste al ir de la cama al fregadero, de la cocina a la alacena, del mercado a la iglesia, de hacer hoy y deshacer mañana, de la azotea a la alcantarilla?
Miro las fotografías de Maya Goded. Las barajo y las vuelvo a barajar. Las veo de adelante para atrás y de atrás para adelante, una y otra vez. Y salvo la propia Maya, que como Lázaro resucita del fondo del agua, su niña por delante, me pregunto qué es lo que nos espera.
Hace años, Alaide Foppa me contó una anécdota acerca del progreso de la mujer soviética, su acceso a labores que sólo desempeñan los hombres, el privilegio de manejar tractores, tranvías, trailers, trascabos, remover la nieve en invierno con palas mecánicas, conducir autobuses, un sin fin de tareas antes reservadas al hombre. Dentro del grupo de empleadas, obreras y campesinas que festejaban su promoción a la modernidad, una mujer pequeña, con guantes y sombrero, se atrevió a levantar una voz adelgazada por la timidez: “¡Ay no! Yo, mejor puta”.
¿Todavía oscila la población femenina entre esas dos alternativas? Maya Goded fotografía a cuatro manos que despluman a una gallinita a punto de quedar descuartizada. ¿Es esa la suerte que nos espera?



MAYA GODED FOTOGRAFIA DE LA SERIE MUJERES ENCORSETADAS PARA NO ENGORDAR 1999 - 2003



MAYA GODED FOTOGRAFIA DE LA SERIE MUJERES ENCORSETADAS PARA NO ENGORDAR 1999 - 2003