Laura Anderson Barbata

México D. F., 1958

Realizó estudios de escultura y grabado en la Escuela de Artes Visuales de Río de Janeiro, de Arquitectura en la Universidad Motolina de México y de Sociología en la Universidad de San Diego, California. Después de haber ejercido la docencia en su país, fijó su residencia en Nueva York desde donde viaja con frecuencia para estudiar culturas primitivas (en Venezuela, el Caribe o Canadá) en las que se integra durante un tiempo para realizar diferentes proyectos de cooperación, entre los cuales destaca la enseñanza de la confección de papel a partir de los vegetales autóctonos e incluso de libros. Son los llevados a cabo en la reserva Cotocachi-Cayapas de Ecuador y en las comunidades Yanomani, Yukuana y Piaroa del Amazonas venezolano.
A su vez, se inspira en estos proyectos para realizar piezas e instalaciones como por ejemplo el ciclo Fausto. El espíritu de la tierra (1996 a 2001). Desde 1986 expone pintura, dibujo y objetos. Emplea materiales textiles como hilo y tela para una temática basada en la metáfora del cuerpo y los sentidos recurriendo a la máscara o la silueta sin rostro. En su uso de materiales orgánicos sitúa su obra en un cruce entre cultura y naturaleza.
En 1997, en el MARCO de Monterrey realizó la performance No tengo quien me ayude en casa y al año siguiente en la exposición Cinco continentes y una ciudad, sustituía los rostros de sus Retratos anónimos por grandes hojas de orquídea, silueteadas por pespuntes blancos evocando iconos religiosos, rituales indígenas, así como la visión popular mestiza. En 1999 fue invitada por el parque neoyorquino Wave Hill a realizar una instalación, vasta y compleja, en el bosque que consistió en trazar caminos tapizados de pétalos de flores que previamente había secado en su taller.
Laura Anderson Barbata es autora de una obra de múltiples registros que indaga sobre la propia identidad a través de otras culturas, sin recurrir nunca al tópico o al cliché, sino con profundo y renovado interés en la naturaleza, la etnografía o la ecología.

Merry Mac Masters Laura Anderson trae del Amazonas a Chiapas su proyecto para hacer papel

Después de una década de trabajar en el Amazonas, en especial en la zona yanomami, la artista visual mexicana Laura Anderson Barbata inicia su proyecto de fabricación de papel en la selva Lacandona, empresa que desde hace dos años desarrolla en Trinidad y Tobago. La idea es que los grupos autóctonos fabriquen libros para documentarse y para sus escuelas.
Un vídeo incluido en Terra incógnita deja en claro que las comunidades yanomami, ye’kuana y piaroa se han vuelto dueñas del proyecto, algo satisfactorio para Anderson.
Cómo hacer canoas
La artista llegó a Venezuela a raíz de ganar el concurso Eco Art, cuyo premio era hacer una edición de su obra en ese país. Unos amigos le dijeron que debía ir al Amazonas –ya conocía la Amazonía brasileña– “donde las personas hacen objetos utilitarios parecidos a tus esculturas”. En aquel entonces trabajaba en madera. En ese primer viaje, Anderson se encontró con un maestro ye’kuana que enseñaba a los yanomami cómo hacer canoas, proceso que le impactó y quiso aprender. Al planteárselo a la comunidad, la aceptaron como alumna, pero le preguntaron “¿qué nos vas a enseñar a cambio?”. Y Laura les presentó el proyecto de papel hecho a mano.
Así nació el libro Shapono, que significa “casa comunal”, del cual se hizo una edición de 50 ejemplares. Además de recibir el premio al mejor libro del año según el Centro Nacional del Libro de Venezuela, del que adquirieron ejemplares la Biblioteca Pública de Nueva York, así como las bibliotecas de la Universidad de Princeton y Parson’s New School of Design. El libro se elaboró con las mismas fibras usadas por la comunidad para fabricar sus objetos utilitarios, como los tintes que usan para adornar su cuerpo. A la hora de imprimir resultó “fácil” llevar esas decoraciones corporales al papel.
Autorretrato sin cabeza
Anderson ofrece animaciones basadas en sus dibujos, para que “la tecnología no venga a atropellar una cultura; al contrario, vamos de la mano, vamos a decir cosas”.
Ha realizado también piezas ligadas de manera indirecta con el trabajo en el Amazonas, como la instalación-escultura Autorretrato, suspendida sobre el patio del recinto, en la que una mujer sin cabeza atraviesa un puente. El artista, dice Anderson, siempre trabaja su autorretrato, tanto que se vuelve “el espejo de quien soy dentro del lenguaje visual utilizado”. Anderson se vale del autorretrato sin cabeza para indicar que “no me guío por lo que pienso o veo, porque a veces la mente y los ojos nos pueden engañar, sino por algo que siento adentro”.
En Consuelo, la imagen de la virgen también carece de cabeza para “liberarla de esa carga que lleva en la cara”.
La artista visual pugna por que “la tecnología no atropelle la cultura”.



LAURA ANDERSON BARBATA EPITOME O MODO FACIL DE APRENDER EL IDIOMA NAHUATL, 1996
62 piezas de cera con dientes humanos dispuestos en repisas de bambú. Tres módulos escultóricos, 330 x 230 x 40 cm. cada uno
Colección Galería Ramis Barquet, Ginebra



LAURA ANDERSON BARBATA CONSUELO 2001
Instalación DVD, proyección loop infinito
Colección Galería Ramis Barquet, Ginebra