|
|
Mexico:
identidad y ruptura
Fundación
Telefónica abre su temporada expositiva con una
aproximación al arte actual mexicano a través de la
obra de diez artistas de distintos estilos y tendencias que indagan
en la búsqueda de la propia identidad a través de la
diversidad y de la ruptura con el pasado.
La muestra
México, identidad y ruptura comisariada por María
Lluïsa Borràs, reúne con estos diez artistas
originarios en su mayoría de México D.F. salvo
Thomas Glassford, Paula Santiago y Gerardo Suter una
representación significativa del nuevo arte mexicano. Se trata
de creadores de una generación que tiene en común el
hecho de plantearse una ruptura radical, no formar grupo y
representar distintas tendencias y opciones.
Laura
Anderson Barbata, Mónica Castillo, Thomas Glassford, Maya
Goded, Yolanda Gutiérrez, Yishai Jusidam, Víctor
Pimstein, Paula Santiago, Gerardo Suter y Boris Viskincoinciden en la
promoción de espacios plásticos alternativos y han
contribuido de manera significativa a la renovación del
último panorama artístico de México.
Las
opciones artísticas que han elegido no son uniformes, sino de
la mayor diversidad, desde el punto de vista de los lenguajes y de
los medios de los que se valen. Así, los autores han utilizado
los más diversos materiales y visitado diferentes
géneros plásticos, como la pintura, la ecología,
la fotografía, la impresión electrostática o la
instalación.
RENOVACIÓN DEL ARTE MEXICANO
Según la comisaria de la muestra, María
Lluïsa Borràs, esta generación comenzó a
buscar una respuesta a este exotismo fácil y artificial que se
exportaba con gran éxito a los grandes encuentros
artísticos internacionales, como ARCO. Ellos apostaron en
cambio por los espacios alternativos donde experimentaban con los
conceptos de la identidad y la memoria. A decir de Borràs, les
preocupaban cuestiones como "cuál era la identidad que
debían construir, cómo avanzar hasta conseguir un
cambio radical y qué rupturas debían llevar a
cabo".
La
imagen oficial que se estaba tratando de dar de México no se
correspondía con la real, México D.F., habitado por
dieciocho millones de personas y grandes contradicciones
económicas y de calidad de vida. La respuesta de todos estos
artistas fue múltiple, puesto que sus intereses
estéticos no eran los mismos.
INFLUENCIA DEL ARTE EXTRANJERO Y SALAS ALTERNATIVAS
"Otro factor a tener en cuenta" afirma
Borràs "fue el intercambio renovador que
representó la llegada a México de una serie de artistas
extranjeros". Estos creadores, procedentes de Nueva York, Los
Ángeles, Londres, París y Madrid, desarrollaron su
actividad artística en México. En concreto, los que
más influyeron fueron el belga Francis Alÿs, el cubano
José Bedia, el español Santiago Sierra o los
británicos Tomás Glassford y Melanie Smith.
Los
jóvenes que se incorporaban en aquel momento al panorama
artístico de su país de origen se encontraban
Mónica Castillo, Silvia Gruner o Gabriel Orozco. Con una nueva
visión por su formación el extranjero, a decir de
Borràs "a todos ellos les unía entonces su
marginalidad, la indiferencia general con que era acogida su obra,
así como su postura de espaldas a la infraestructura cultural
de nacionalismo extremo, orientada al mercado, ciega a las diversas
subculturas y prácticas marginales eclécticas que eran
las que ellos, entonces muy jóvenes, valiéndose, de
medios alternativos, del vídeo, la fotografía, la
instalación o la performance".
Pronto desarrollaron sus propios lugares de reunión y
de trabajo en almacenes, garajes y locales, donde también
exponían su obra al público y organizaban fiestas y
conciertos, como "La Panadería", la planta baja de
una antigua panadería con grandes ventanas,
ubicada en una esquina peatonal de la colonia
Hipódromo Condesa, que atrajo a un público joven que no
solía frecuentar las galerías de arte.
DE
LA MARGINALIDAD AL RECONOCIMIENTO
Hoy
en día ese carácter marginal de aquellos jóvenes
creadores ha pasado a ser un nuevo patrimonio del país y, como
opina Borràs, "se halla en el origen de la
aportación, tremendamente sólida, al arte occidental de
nuestros días".
Esta
original aportación se define en su diversidad "por su
carácter cosmopolita y por proponer una reflexión sobre
los desafíos, tensiones y dilemas como los que caben entre
individualismo o globalización, memoria o ruptura". En
este sentido, la exposición incluye algunos de los artistas
que figuraron en la exposición itinerante que
representó el espaldarazo internacional, "Punto de
partida" de 1997 que viajó a los estados de Ohio, Texas,
Filadelfia y Carolina del Norte, entre otros, y en la que
participaron Mónica Castillo, Yishai Jusidman, Gerardo Suter y
Boris Viskin.
|