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De 1924 a 1935:
Su primera aproximación a la vanguardia


BARCELONA: GATCPAC y ADLAN

A partir de la segunda mitad de los años 20 comienza a manifestarse un nuevo espíritu en el arte moderno. Se van dejando atrás las polémicas doctrinas que insistían en la pureza morfológica, suscitadas por los sucesivos movimientos que se habían ido generando a principios de siglo, para dejar paso a una mayor libertad formal.

Antes de los años veinte, los focos vanguardistas en España eran prácticamente inexistentes y sin apenas repercusión social. Sólo en Barcelona, siempre más abierta hacia las novedades que surgían fuera de España, era posible participar de este nuevo espíritu creativo gracias a unos programas expositivos mucho más audaces de los que se estaba acostumbrado contemplar en el resto del país. En los primeros años del siglo XX, Barcelona, donde el desarrollo industrial potenciaba una intensa actividad cultural y artística, daba por concluida su etapa modernista, momento de gran brillantez que la había equiparado a los focos artísticos internacionales más importantes del momento. En su desaparición tuvo mucho que ver el desarrollo de un nuevo movimiento, el Noucentisme, que rompe con los «ismos» europeos en la búsqueda de una entidad nacional propia, ligada a lo mediterráneo. La aportación que ha dejado este movimiento en Cataluña ha sido decisiva para su evolución posterior y, si bien se convirtió en un freno para la vanguardia, fue positivo en otros aspectos. Como afirma Corredor-Matheos, «...hoy, Cataluña es como es gracias a la existencia histórica del Noucentisme y —debe subrayarse— por la estela que ha dejado hasta el presente» 1.

Proclamada la II República y hasta el inicio de la guerra civil, Barcelona se convierte en un hervidero en cuanto a manifestaciones culturales se refiere. Se trabaja intensamente, con gran inquietud e ilusión, especialmente bajo el impulso del Surrealismo, movimiento que consigue dar cierta coherencia y cohesión a aquellos artistas que muestran una clara y decidida voluntad de cambio. Aparecen grupos y revistas que revolucionan el panorama artístico. Cabe destacar de entre ellas tres revistas que, curiosamente, surgen de grupos afincados fuera de la ciudad de Barcelona, pero que van a conseguir crear un mínimo estado de opinión en la intelectualidad catalana. Nos referimos a Hélix, publicada en Vilafranca del Penedés entre 1929 y 1930; Art, aparecida en marzo de 1933 en Lérida y, muy especialmente, L’Amic de les Arts dirigida por Josep Carbonell y editada en Sitges de 1926 a 1929. Alrededor de ella se agrupan artistas de la talla de Salvador Dalí, el crítico de arte Sebastiá Gasch y los literatos Josep Viçenc Foix y Lluís Montanyá.

Otro acontecimiento importante del momento y que se convertirá en una de las iniciativas con mayores repercusiones de la vanguardia catalana, lo constituye la aparición, en marzo de 1929, del Manifest Groc, conocido también como Manifiesto Anti-Artístico Catalán. Firmado por Salvador Dalí, Sebastiá Gasch y Lluís Montanyà, el texto combate la cultura catalana del momento, heredera del Noucentismo, y aboga por una nueva concepción artística basada en el maquinismo y en los nuevos conceptos que aporta la sociedad industrial. Finalmente, resulta imprescindible mencionar la decisiva exposición Logicofobista (fobia a la lógica) celebrada en mayo de 1936 en la librería Catalònia, que es indudablemente la muestra colectiva más importante del Surrealismo en España hasta el momento, ya que la de Tenerife, inaugurada el año anterior y de la que más tarde hablaremos, tuvo un carácter más internacional.

A pesar de que Luis Fernández ya estaba definitivamente instalado en París, el pintor no rompió, en un principio, con la actividad intelectual que se estaba desarrollando en Barcelona. Sólo la guerra civil española se convertirá en la causa que dificulte el sostenimiento de esta relación hasta hacerla desaparecer. Desde París, Fernández participa en dos grandes proyectos catalanes: el GATCPAC, creado en 1929 por los arquitectos catalanes Josep Lluís Sert y Josep Torres-Clavé, entre otros, y el ADLAN, dirigido conjuntamente por Joan Prats, Joaquín Gomis y Josep Lluís Sert desde 1932.

El GATCPAC (Grupo de Arquitectos y Técnicos Catalanes para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea) se constituye como asociación en 1930. En el momento de su fundación están los arquitectos Josep Lluís Sert, Josep Torres Clavé, Manuel Subiño, Cristòfol Alzamora, Germá Rodríguez-Arias, Ricard Churruca, Pere Armengou y Sixt Illescas, nómina que se incrementará con nuevos nombres en años sucesivos.

Los fines que pretendían conseguir, recogidos en sus estatutos, se centraban, fundamentalmente, en la contribución al progreso de una nueva arquitectura que se adaptara a los nuevos tiempos. La consecución de este ambicioso objetivo se habría de conseguir por medio de la participación de los integrantes del grupo en concursos, exposiciones y congresos.

Desde sus inicios, los componentes del grupo catalán propiciaron contactos con arquitectos de toda España que cristalizaron en la constitución del llamado Grupo Centro, cuya sede estaba radicada en Madrid, y el Grupo Norte, con sedes en San Sebastián y Bilbao, convirtiéndose así el GATCPAC en la delegación del Grupo Este. En la reunión que mantienen en Zaragoza a finales de 1939 los tres grupos, acuerdan la creación del Grupo de Arquitectos y Técnicos Españoles para la Arquitectura Contemporánea (GATEPAC), lo cual se produce a finales de 1930. Convertidas las tres secciones territoriales en una única asociación de carácter unitario, inician sus actuaciones participando en reuniones, concursos y exposiciones de carácter internacional, manteniendo, no obstante, sus respectivas sedes territoriales.

El instrumento de difusión de su ideario es la revista AC (Documents d’Activitat Contemporània), órgano oficial del GATEPAC, cuya dirección se hacía desde el Grupo Este, que se revela como más dinámico y activo frente a los otros dos. Se llegaron a publicar 25 números desde el primer trimestre de 1931 hasta junio de 1937, convirtiéndose en una de las revistas más interesantes de los años 30. En ella se exponían los nuevos postulados racionalistas al tiempo que se propiciaba el debate en torno a las novedades artísticas del momento.

Los primeros ensayos sobre arte de Luis Fernández se publican precisamente en esta revista, en concreto en el número 5 del año 1932, con un artículo sobre el escultor Julio González 2 y en el número 6 del mismo año con una cariñosa semblanza del matrimonio Arp 3.

Por su parte, el grupo ADLAN (Amigos de las Artes Nuevas) se formó en 1932 bajo la dirección de Joan Prats y en estrecha colaboración con Joaquín Gomis, Josep Lluís Sert y Carles Sindren. Desde sus inicios, sus relaciones con el GATCPAC, son tan intensas que llegan incluso a compartir el local en el que se desarrollan sus actividades en el barcelonés Paseo de Gracia. En sus estatutos de fundación manifiestan que la finalidad del grupo «tiene por objeto la protección y desarrollo del arte, en cualquiera de sus manifestaciones».

Durante su corta vida, de 1932 hasta el comienzo de la guerra civil, muchas fueron las actividades que desarrolla el ADLAN, si bien merecen ser destacadas dos. Nos referimos a la publicación en diciembre de 1934 del número extraordinario de la revista D’Ací i d’Allá y a la Exposición de Picasso de 1936.

La revista D’Ací i d’Allá se venía publicando desde 1918 por Editorial Catalana, patrocinada por Francisco Cambó. El primer director fue el poeta Josep Carner a quien sustituye al año Ignacio Folch i Torres. Se trataba del «primer magazine catalá d’estil europeu» en el que se recogían temas de actualidad, literarios, artísticos, históricos, de viajes, divulgativos, de moda y «ecos de sociedad». Era, en definitiva, una revista burguesa para la burguesía. En 1924 el joven editor Antonio López Llausás adquiere Editorial Catalana pasando a dirigir la revista Carles Soldevila. Éste introduce importantes novedades en esta nueva etapa, como la aparición de artículos de opinión y de nuevos colaboradores como Sebastiá Gasch, Francesc Trabal, Aurora Bertrana, Josep Palau, M. A. Cassanyes y Josep Lluís Sert, entre otros, que entran a trabajar junto a los habituales de clara tendencia noucentista. La revista se convierte a partir de este momento en el vehículo de interpretación de la modernidad catalana. Su nueva vocación de revista de arte se manifiesta en algunos números de Navidad, de carácter extraordinario, verdaderas joyas bibliográficas. Números destacables son los de la Navidad de 1935, dedicado a recuperar la historia y la imagen de la Barcelona antigua y, muy especialmente, el número 179, de diciembre del año anterior, dedicado al arte del siglo XX, cuya dirección es encargada por Soldevilla a Josep Lluís Sert y Joan Prats.

Luis Fernández publica en esta revista su artículo «Cuadro sinóptico de la evolución de los conceptos pintura y escultura 4. Sin embargo su colaboración con el grupo de ADLAN fue más allá de la mera participación como articulista, como se puede deducir de la correspondencia mantenida con Josep Lluís Sert, ya que el arquitecto supo aprovechar las importantes amistades que Luis Fernández tenía en París y conseguir, de esta manera, colaboraciones para la revista de los artistas más destacados del momento. Luis Fernández se encargaría de conectar con ellos y enviar una buena parte del material fotográfico, tema éste complicado y sobre el que Sert le apremia continuamente.

En el Archivo del GATCPAC en Barcelona se conservan 10 calcos de las cartas que Sert escribió a Luis Fernández con motivo de la publicación de este número extraordinario de D’Ací i d’Allá. Están fechadas entre el 13 de septiembre de 1934 y el 3 de marzo de 1935 y, posiblemente, a excepción de una anterior a la que hace alusión Sert en la primera carta, parece que nos encontramos ante el corpus completo de este intercambio epistolar a través del cual se puede reconstruir, paso a paso, el proceso de elaboración de la revista 5.

Ésta se realiza con los textos que Luis Fernández remite desde París de Zervos, Jakowsky y el suyo propio y con los elaborados en Barcelona por Sert, Cassanyes, S. Gasch, J. V. Foix y C. Sindreu. Completan el número, además de un poema de Hans Arp y algunos artículos publicados anteriormente en Cahiers d’Art y Herois i Aventurers, numerosas reproducciones artísticas, entre las que destacan dos grabados en color de Joan Miró, uno en la portada y otro en el interior, realizados expresamente para esta publicación.

Por la correspondencia entre Sert y Fernández vamos conociendo las incidencias que se produjeron en la elaboración de la revista, como la angustia que le provoca a Sert el retraso del artículo de Zervos, que finalmente lo envía el 19 de noviembre cuando la revista está ya en imprenta, o como Anatole Jakowsky, que en un primer momento sólo iba a realizar un artículo, termina escribiendo tres. En uno de ellos, «Despres», aparece una ilustración de Luis Fernández, «La mano de David de Miguel Ángel», de la propia colección de Jakowsky. No falta, incluso, un malentendido en uno de los pagos del material fotográfico que rápidamente queda solucionado. Sert se disculpa ante la diferencia de precios entre los dos países y se presta a ser el intermediario con el editor.

Por último, también se conserva en el archivo del GATCPAC un calco de la carta que Sert envía a Fernand Léger el 25 de febrero de 1935 con motivo de una posible exposición del pintor en Barcelona donde le dice que espera que «Fernández le haya entregado el número de D’Ací i d’Allá que le he entregado expresamente para usted». De nuevo nos volvemos a encontrar a nuestro pintor desempeñando el papel de mediador entre los artistas parisinos y catalanes (documentos del 1 al 11 del capítulo 12).

La importancia de este número queda reflejada en los comentarios de Alexandre Cirici, según el cual «...tal vez fuera el único breviario exacto y sintético que existía sobre las grandes creaciones del siglo XX» 6, y de David Giralt-Miracle, que califica la publicación como la de una revista que aspiraba a tener la calidad de Cahiers d’Art o de Minotaure, aun aceptando su mayor carácter divulgativo 7. La guerra española interrumpió esta línea investigadora, dejando, no obstante, una inquietud que posteriormente permitirá su continuación de manos de los artistas de posguerra. Este número extraordinario ha quedado en la historia bibliográfica como un documento de gran interés, testimonio de una generación de artistas que luego se convertirían en los más importantes creadores de arte del siglo XX.

El otro gran acontecimiento realizado por el ADLAN fue la Exposición de Picasso celebrada el 13 de enero de 1936. Josep Lluís Sert y Joan Prats en Barcelona, con la inestimable ayuda de Luis Fernández desde París 8, seleccionaron 25 obras de Picasso posteriores a 1909, obviando deliberadamente las de sus etapas anteriores. Desde 1912 Picasso no había expuesto individualmente en Barcelona, lo que motivó una gran expectación por la muestra, que, si bien no fue entendida por el sector más tradicionalista de la sociedad catalana, supuso para el ADLAN la demostración de su apoyo al arte más vanguardista. Con motivo de esta muestra se emitió el día de la inauguración un programa de radio donde se leyeron textos de Luis Fernández, Julio González, Salvador Dalí, Joan Miró y Jaume Sabartés; sus voces fueron recogidas en unos discos para su emisión. Éstos no han aparecido 9 pero sí se conserva, afortunadamente, una grabación del propio Luis Fernández realizada en la casa de París del escultor Julio González el 6 de diciembre de 1935, hoy en el archivo del IVAM 10. Posiblemente se trate de una grabación de prueba que debió realizar el pintor antes de la emisión definitiva. Este mismo texto había sido reproducido anteriormente en la revista Cahiers d’Art 11 y aunque, en esencia, la grabación apenas varía del texto publicado, sí se observan algunos pequeños cambios que revelan una vez más el carácter minucioso y reflexivo del pintor, que debió de retocar el texto para exponer sus ideas con una mayor claridad.

Con motivo de la muestra Paul Eluard se desplazó a Barcelona para ofrecer dos conferencias. La primera, el día después de la inauguración: Picasso según Eluard, según Bretón y según el mismo y unos días más tarde, en el Ateneo Enciclopédico, la dedicada al Surrealismo.

El 10 de febrero la exposición viaja a Madrid, trasladándose posteriormente a Málaga y a Bilbao. Precisamente en Madrid se encuentra desde hace dos años el escultor Ángel Ferrant después de su larga estancia en Barcelona. Miembro activo de ADLAN durante sus años catalanes, se convierte, junto con Guillermo de Torre, en uno de los principales impulsores de ADLAN/Madrid. El será quien organice la exposición de Picasso en la capital de España y, al igual que hiciera Sert, solicita la ayuda de su amigo Luis Fernández para aquellos asuntos que no puede resolver en Madrid.

Se conservan en el Fondo Ferrant de la Colección Arte Contemporáneo de Madrid, hasta ahora inéditas, dos cartas del pintor asturiano del 5 y 15 de enero de 1936 en respuesta a otra del 1 del mismo mes de Ferrant en la que le pide una foto de Picasso para la propaganda de la exposición. En la primera de las misivas, Fernández le sugiere que sea «la fotografía más reciente de Picasso» que a juicio del pintor es «acaso la mejor que de él se ha hecho, es una que ha hecho Man Ray hace poco, en la que está de medio cuerpo, de frente, en una actitud muy característica de él, y con el impermeable que lleva habitualmente». A continuación, le comenta las medidas y otras observaciones donde se evidencia su buen hacer en temas tipográficos. «Está pegada sobre un cartón de color rojo-naranja [...]. El color del cartón tiene su importancia. Se trata de una conformidad maravillosa entre ese color y la psychologia (sic) del personaje (como se puede ver ensayando de colocar (sic) la fotografía sobre otro color) [...]. La firma podría ser en blanco y así tendrían tres colores haciendo solamente un tiraje de dos, negro y naranja. El negro serviría para las letras y la fotografía y el naranja para el fondo». Fernández se despide diciéndole «sabía que la exposición Picasso iba al Museo de Arte Moderno de Madrid, pero ignoraba completamente la existencia del grupo ADLAN madrileño, y le felicito muy seriamente».

El día 15 del mismo mes, dos días después de la inauguración de la exposición en Barcelona, Fernández vuelve a escribir a Ferrrant desde París: «Parece que con Barcelona han tenido un gran éxito. En compañía de Picasso y de Breton y otros amigos oímos el vermissage por T.S.F. y estamos (sic) noche vamos a oír a Eluard». Este dato aclara definitivamente la duda sobre el posible traslado a Barcelona de estos artistas para asistir a la inauguración de la exposición de Picasso, como han querido ver algunos historiadores.

Conocemos también otro intercambio de cartas entre Fernández y Ferrant anterior a las de la exposición de Picasso. En esta ocasión es Luis Fernández quien le pide a Ferrant que escriba a la revista Gaceta de Arte con motivo de una posible publicación. Se desconoce el paradero de esta carta pero, afortunadamente, Ferrant transcribe una parte importante de ella en la que él envía, a su vez, a su amigo Eduardo Westerdahl, fundador de la revista y personaje clave de ADLAN/Tenerife. A esta carta, escrita el 29 de enero de 1935, le siguen otras dos más: una del 12 de marzo del mismo año y otra que no está fechada pero que por el contenido de la misma cabe pensar que fuera escrita en una fecha intermedia a las otras dos cartas 12.

Reproducimos en su totalidad la primera de ellas en la que se recoge parte de la remitida por Luis Fernández (documento 12 del capítulo 12):

    «Señor D. Eduardo Westerdahl.

    Mi querido Amigo: Un amigo de París me dice lo siguiente:

    “Un escritor de aquí Anatole Jakowsky escribe un libro que piensa titular Los españoles del Siglo Veinte. Este libro contiene un estudio (que irá acompañado de 4 ó 5 fotos) sobre cada uno de los artistas siguientes: Pintores: Picasso, Gris, Miró, Dalí, Fernández, Bores, Cossío, Torres-García. Escultores: González, Ferrant, Manolo. Arquitectos: (Por designar aún).

    Jakowsky querría encontrar un editor en España y yo he pensado en Gaceta de Arte de Tenerife. Le ruego que me diga su opinión sobre la manera que a usted le parece mejor para realizar este proyecto, así como todas las observaciones que juzgue convenientes y que pueden ser muy útiles.

    Cahiers d’Art se encargaría de la difusión fuera de España, a condición de que el texto no fuera solamente español sino también francés. Si el texto es solamente español Cahiers d’Art lo haría también con mucho gusto pero seguramente con menos eficacia.

    Jean Cassou escribiría un prefacio. Dígame Vd. su opinión enseguida. Por una vez le ruego que me conteste deprisa.”

    Le transcribí textualmente la parte de la carta de mi amigo que se refiere a ese asunto, a propósito del cual le contesté como sigue:

    “Escribiré enseguida a Gaceta de Arte transmitiendo la proposición de editar la obra de Jakowsky tal como Vd. lo plantea. Me parece muy bien. Creo que Gaceta de Arte es quien, en los momentos actuales, puede únicamente encargarse de un asunto así. Y le tendré al corriente de lo que me contesten en la idea de aprovechar la ocasión de poner a esos señores en relación directa con Vd.”

    También le transcribo con una fidelidad textual esta parte de mi carta a dicho amigo.

    Me complacería mucho haber acertado en mi gestión. Ahora espero saber lo que Vd. piensa para llevarla adelante.

    Muy cordialmente le saluda su amigo
    Ángel Ferrant

    Madrid 29, Enero, 1935»

Este «amigo de París» no es otro que Luis Fernández, enigma que queda resuelto en la segunda carta (documento 13 del capítulo 12):

    «Señor D. Eduardo Westerdahl.

    Mi querido amigo: La serie de razones, con los acertados matices de apreciación en que Vd. se extiende al contestar a mi carta anterior, he creído que deben ser conocidos íntegramente por mi amigo de París Luis Fernández. Y, por eso, no he vacilado en remitirle la interesante carta que Vd. me envió. Me parece que es el modo más claro y más rápido de tratar el asunto de la pretendida edición del libro de Jakowsky. Si después de todo ello; si después de los buenos deseos de unos y otros no pudiera lograrse me cabría al menos el gusto de haber puesto en relación a dos buenos amigos...»

Ante las dificultades que Westerdahl le expresa en su carta, Ferrant se lamenta de que «circunstancias puramente materiales» impidan que el proyecto pueda realizarse. A pesar de todo, al final de su carta le adjunta la dirección de Luis Fernández, en la esperanza de que pueda llegarse todavía a un acuerdo.

Este tema no vuelve a mencionarse más en el resto de la carta y Ferrant, a la pregunta de si ha visto a Guillermo de Torre que le formula Westerdahl, aprovecha para expresar la desesperación que le produce el reencuentro con su ciudad natal después de sus activos años catalanes: «A Guillermo de Torre hace tiempo que no le veo. Sus horas de expansión son las que yo tengo ocupadas. Uno de estos días le llamaré, nos veremos, hablaremos de ustedes, del Almanaque que está entronizado en los escaparates, muy gordo, pero no por haberse tragado muchos grabados 13. Y luego hablaremos de muy pocas cosas de las que comentar por aquí porque esto está francamente desolador. Me pregunta si expondré en Madrid. Por ahora no puedo. Es posible, aun cuando las cosas sigan lo mismo, en un día, me lance y destape lo que hice para que lo vean cuatro conocidos. Aparte de éstos, casi, casi sería exponer en un páramo, pero, en fin, quién sabe. Sin duda aquí hay mucho que hacer, precisamente porque todo está por hacer, o, mejor dicho, por deshacer. Aún no tengo local de trabajo. Todavía no me puse a trabajar en Madrid...»

En la última carta (documento 14 del capítulo 12), muy breve, Ferrant se congratula ante el anuncio de «una posible gran noticia...» que no parece que tenga que ver con la pretendida publicación de Jakowsky. A continuación escribe lacónicamente: «De mi amigo Fernández no supe nada más».

No obstante, las presentaciones ya están hechas y Eduardo Westerdahl entra a formar parte del círculo de amigos de Luis Fernández. Dos cartas dan fe de ello 14, una primera (documento 15 del capítulo 12) en realidad una postal, del 11 de enero de 1936 enviada por Fernández como contestación a otra de Westerdahl con motivo de un viaje de éste a Madrid, y una segunda (documento 16 del capítulo 12), del 23 de mayo del mismo año, de la que se desprenden datos importantes. En ella, Fernández le felicita por el número de la revista dedicado a Picasso 15 y por la creación de ADLAN en Madrid y Tenerife. También le anuncia la exposición que en junio de ese mismo año se llevaría a cabo en la galería Cahiers d’Art de París, con obras de Picasso, Dalí, Miró, González y él mismo. Efectivamente, la muestra, de la que más adelante hablaremos, abre sus puertas el 26 de junio y en ella Fernández tendrá la oportunidad de formar cartel con los artistas españoles más destacados del momento, si bien Dalí no llegó a participar finalmente en la misma.

La carta también incluye unos datos que Luis Fernández envía a Westerdahl para completar la información que deben de llevar dos obras suyas Un violín, tres peras, una manzana, una pipa, un vaso a mitad lleno de vino y una caja de cerillas entre dos cortinas 16 y Manzana, dodecaedro, pipa y caja de cerillas que van a ser publicadas en un próximo número de Gaceta de Arte. Por desgracia Luis Fernández no pudo ver reproducidas estas obras ya que la revista, al igual que otras tantas de la época, dejó de publicarse al inicio de la guerra civil 17.

También en junio de ese mismo año se está preparando en Canarias la exposición de Arte Contemporáneo que finalmente se celebra en el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife, en el mismo lugar en el que un año antes se había realizado la gran Exposición Surrealista con la asistencia de André Breton, su mujer Jacqueline Lamna y el poeta Benjamín Peret, además de otros destacados surrealistas europeos.

«Con la presente exposición colectiva de Arte Contemporáneo, la revista internacional de Cultura Gaceta de arte inaugura por delegación las actividades del grupo ADLAN (Amigos de las Artes Nuevas) fundado en Barcelona en 1932 y en Madrid en el presente año con la Exposición Picasso», escribe Eduardo Westerdahl en el catálogo de la exposición. Se expusieron un total de 74 obras de 27 artistas 18. Luis Fernández presentó un aguafuerte titulado La mano de Miguel Ángel, con el número 32 de catálogo.

El año 1936 avanza y con él la grave crisis política que invade España se agudiza hasta provocar lo inevitable. Con el estallido de la guerra civil las posturas ideológicas se reafirman y los artistas, al igual que el resto de los españoles, toman partido según sus ideales políticos.

La preocupación internacional por los peligros que puedan afectar al tesoro artístico español desencadenan numerosas iniciativas de instituciones culturales y políticas, con el fin de adoptar medidas de protección y evacuación de las obras de arte a otros países. Luis Fernández viajó a Barcelona, recién estallada la guerra, acompañando al matrimonio Zervos con el objeto de ayudar en la defensa y recuperación del patrimonio artístico. Nada se sabe acerca de la autoridad que les hizo el encargo ni el resultado final de la gestión 19, pero como testimonio de este viaje se conserva una foto realizada en el claustro del Monasterio de Pedralbes donde aparece el pintor y el matrimonio Zervos junto a Josep Lluís y Monxa Sert, Josep y Mercé Torres-Clavé, Roland y Lee Penrose y Catalá Pic 20.

El desenlace final de la guerra provoca una masiva salida de artistas al exilio, cesando todas las actividades intelectuales y artísticas vinculadas a la vanguardia que se habían venido realizando desde los años veinte. Luis Fernández pierde sus contactos catalanes y el vínculo con su país de origen se va distanciando cada vez más.

En 1976, tres años después de la muerte del pintor, la Bienal de Venecia dedicó la parte central del programa de ese año a rendir un homenaje a la España democrática con la exposición España. Vanguardia artística y realidad social, 1936-76. Con esta muestra se quería analizar el arte de vanguardia en los países capitalistas y la relación arte y política en la España de ese período. A partir de un análisis histórico-teórico de esos años se pretendía evitar cualquier supuesto simplista que condujera a una lectura estrictamente moral, y que pudiera presentar el arte español ya como victoria, ya como instrumento de denuncia de la represión franquista, como había sucedido con la Bauhaus por parte de los nazis o la represión del formalismo ruso bajo el régimen estalinista.

La exposición se realizó en el Pabellón Central «Giardini di Castello» del 18 de julio al 10 de octubre de 1976. Un total de 112 artistas, individualmente o en grupo, expusieron un total de 520 obras entre pintura, escultura, obra gráfica, fotografía y documentos. En la sección dedicada a «La victoria y el exilio» se expusieron 19 obras de Luis Fernández junto a otras de Enrique Castelo, Óscar Domínguez, Julio González, Joan Miró, Pablo Picaso, Josep Renau y Alberto Sánchez 21. En la semblanza que se le dedica al pintor en el catálogo de la exposición se destaca su particular personalidad artística, de la que dice: «Todavía más anormal es el desarrollo de la obra de Luis Fernández que después de haber practicado una etapa de abstracción geométrica en los años 30, y de haber entrado con violencia en lo que podríamos denominar surrealismo español, hacia 1939, inicia un camino hacia atrás en la historia, paralelo al que han seguido tantos otros intelectuales españoles exiliados y que le conduce a un mundo extremadamente cerrado y hermético» 22.

1. Corredor-Matheos, J., «Balance y valoración de la vanguardia catalana», en AA.VV.: Las vanguardias en Cataluña. AC 1906-1939, Barcelona, 1992, p. 25.
2. Fernández, L., «El escultor González», en AC, n.º 5, primer trimestre de 1932, pp. 30 y 31.
3. Fernández, L., «Hans Arp y Madame Arp», en AC, n.º 6, 2.º trimestre de 1932, pp. 42 y 43.
4. Fernández, L., D’Ací i d’Allá, Barcelona, 1934, XXII, p. 179.
5. En la revista Rosa Cúbica, n.º 1, Barcelona, 1987-88, pp. 26 y 28, aparecen publicadas las cartas correspondientes a las fechas del 13 de septiembre y 10 de octubre de 1934, esta última parcialmente. Los autores de la revista buscaron las cartas de Luis Fernández a Sert Fondo Arxiu GATCPAC, procedencia Arxiu Històric del COAC, y en el Archivo Sert de la Universidad de Harvard sin resultado positivo.
6. Cirici, A, «L’aportació de Joan Prats», Serra d’Or, n.º 11, noviembre de 1963, p. 35.
7. Giralt-Miracle, D., en AA.VV.: Las vanguardias en Cataluña. A.C. 1906-1939, Barcelona, 1992, p. 103.
8. García de Carpi, L., La pintura surrealista española (1924-1936). Madrid, 1986, p. 236.
9. Pradilla, V., y Alegre Heitzmann, A., «Imagen de Luis Fernández», en Rosa Cúbica, n.º 1, Barcelona, 1988, p. 30.
10. Biblioteca y Centro de Documentación del IVAM. Centre Julio González. Generalitat Valenciana.
11. Fernández, L., «Art sur-descriptif et art non-figuratif», en Cahiers d’Art, n.º VII-X, 1935, pp. 225 y ss.
12. Estas cartas se encuentran en el Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerífe, Fondo Westerdahl (Gobierno de Canarias).

13. Ferrant alude irónicamente a la nota que apareció en el n.º 33 de la Gaceta de Arte de enero-febrero de ese año, página 2, donde se recogía la noticia de la aparición del «Almanaque Literario 1935», publicado en Madrid por Guillermo de Torre, Miguel Pérez Ferreo y Ernesto Salazar Chapela. La nota decía: «La editorial Plutarco da a conocer un Almanaque Literario de un acierto extraño en las letras españolas. Los que lo publican vienen a afirmar en la presentación del libro que “es, ante todo, un acto de afirmación literaria” (...) Llenar 300 páginas, nutridas en un texto robusto, sin grabados (es nuestro el subrayado), de cuanto afecta a un orden espiritual, recogiendo valiosas opiniones en encuestas, algunas de ellas vitalísimas en un plano de inquietud europea (...) Con hombres así, en varios años de trabajo bien pudiera ser francés el panorama español, donde libros semejantes aparecen con insistencia, exigidos por un público».
14. Estas cartas se encuentran en el Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife, Fondo Westerdahl (Gobierno de Canarias).
15. Gaceta de Arte, n.º 37 (marzo 1936). Número Picasso.
16. Se trata del mismo cuadro al que su amigo Hans Arp le dedicó un poema surrealista en la revista Vrille, n.º 1, 1945, París y del que desconocemos su actual paradero.
17. El último número que se publicó de Gaceta de Arte fue el 38, en junio de 1936.
18. Se expusieron obras de Arp, Baumeister, Dalí, Óscar Domínguez, Dreup, Max Ernst, Luis Fernández, Ángel Ferrant, Giacometti, Georges Hugnet, Ismael, Kandinsky, Paul Klee, Lamolla, Miró, Nicholson, O. Kamoto, Ortiz Rosales, Paalen, Séligmann, Taeuber-Arp, Tanguy, Vordemberge-Gildewart y Vulliamy, además de 7 objetos surrealistas de Óscar Domínguez, Eduardo Westerdahl, Pérez Minix, García Cabrera y Ortiz Rosales.
19. Fernández, A., Luis Fernández. Materiales para una biografía, Oviedo, 1985, p. 32.
20. Esta fotografía se conserva en el Fondo Arxiu GATCPAC, procedencia del Arxiu Històric del COAC.
21. Las obras expuestas fueron las siguientes: Abstracción, 1933, o/l, 35 x 19 cm.; Abstracción, 1933, o/l, 19 x 30 cm.; Cabeza de cordero y jamón, c. 1935, o/l, 55 x 34 cm.; Composición surrealista, 1939, o/l, 54 x 38 cm.; Bodegón mural, c. 1945, o/l; Bodegón con dos manzanas, c. 1949, o/l, 40 x 25 cm.; Bodegón geométrico, c. 1951, o/l, 35 x 54 cm.; Cráneo y velas, c. 1967, o/l, 55 x 38 cm.; Cráneo y velas, c. 1967, gouache, 54 x 37 cm.; Rosa, o/l, 60 x 80 cm.; Dos palomas, o/l, 40 x 35 cm.; Estudio de palomas, c. 1965, lápiz/papel, 54 x 75 cm.; Retrato de mujer, o/l, 100 x 75 cm. y seis estudios de cráneos, lápiz, acuarela/papel. Catálogo general, I volumen, La Bienal de Venecia, 1976, p. 184.
22. Catálogo general, I volumen, La Bienal de Venecia, 1976, p. 178.


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