INTRODUCCIÓN


Vuelo de Brujas es una obra de Francisco de Goya de 1797-98 en la que aparece una figura con la cabeza tapada por una sábana. Sobre ella levitan tres brujas que soportan en brazos a una figura yacente, quizás el doble anímico de la figura con la cabeza tapada. En un segundo plano, a punto de ser absorbidos por el negro fondo, encontramos una figura tumbada en el suelo sujetándose la cabeza y un burro. La composición triangular del conjunto apunta su vértice hacia el cielo, creando una sensación de ascensión. En esta obra parecen coincidir dos planos: la realidad terrestre y la onírica a la que pertenecen las figuras ingrávidas. En el plano terrestre, tanto la figura con la cabeza tapada como el sujeto tumbado y el burro miran hacia abajo, hacia la tierra. En ellas se intuye la ceguera (cabeza tapada), la locura (cabeza sujeta por manos) y la idiotez (el burro). En el plano onírico están las figuras ingrávidas de las brujas, cuyos cucuruchos sobre la cabeza remiten a payasos, al carnaval y al mundo de la imaginación. Es este mundo de la fantasía el que está transportando a la figura yacente, que mira hacia arriba con una mezcla de angustia y éxtasis. La figura yacente está desequilibrada, temerosa de caerse, a pesar de estar firmemente agarrada por las tres brujas.

Prevalece un negro opaco de fondo que sugiere una escena nocturna. Un fogonazo de luz penetra la oscuridad y sorprende la escena de brujería. Las figuras parecen estar protegiéndose de la luz, que por las sombras sabemos que viene del margen superior izquierdo. Esta obra nos resulta pertinente para comenzar a considerar la atracción contemporánea por la ingravidez. Vemos en el lienzo cómo la ceguera intelectual nos lleva a imaginar brujas y otras figuras flotantes. La lógica ilustrada, metafóricamente plasmada en la pintura con el fogonazo de luz penetrante, intenta descubrir y erradicar esas figuras fantasiosas como si fueran cucarachas nocturnas. Sin embargo, estas figuras quiméricas siguen apareciendo obstinadamente en nuestras mentes. Para la Ilustración la imaginación resultaba amenazante en su informe y libre deambular. La pugna entre la ordenada realidad que proponía la ciencia y la alucinación onírica de la imaginación creó una profunda desestabilización del individuo del siglo XVIII. Intuimos esta pugna en Vuelo de Brujas. Como hombre ilustrado que era, Goya creía firmemente en la iluminación de la razón que esta revolución del pensamiento del siglo XVIII trajo a la oscura Europa de la superstición. Pero intuimos simultáneamente una profunda atracción por este lado siniestro de la imaginación. El pintor indaga en estas cuevas oscuras de la mente que no pueden ser iluminadas y que amenazan constantemente el equilibrio psíquico del ser humano.

Francisco de Goya
Vuelo de Brujas 1797-98.
Óleo sobre lienzo, 43 x 30,5 cm.
Museo del Prado, Madrid

El moviemiento ilustrado
intentó eliminar las
supersticiones que
llevaban al individuo a
imaginar el vuelo
ingrávido de las brujas




La ingravidez queda por tanto asociada a un discurso de desequilibrio mental. La modernidad ha conseguido canalizar estas peligrosas fantasías de levitación a través de la experiencia moderna de la ingravidez tecnológica. Se resuelve aquí la contradicción de la Ilustración: la ciencia es utilizada para construir y materializar el profundo anhelo de la flotación corporal, y de esta forma lo asea y lo convierte en un deseo socialmente aceptable. Hoy en día las brujas han sido sustituidas por astronautas, y la magia viene dada por las tecnologías que permiten mantener a un ser humano en el espacio. Los científicos son los nuevos magos que han posibilitado el milagro contemporáneo del vuelo ingrávido. Han creado además un fascinante espacio social en el que las coordenadas tradicionales del ser humano han quedado radicalmente alteradas. Esta dislocación de la realidad nos introduce en un estado delirante que nos permite explorar deseos y fantasías normalmente recluidos en la mente. Ingrávidos investiga el viaje contemporáneo del ser humano en busca de estados de flotación y cómo su compulsivo distanciamiento de la tierra le ha cambiado para siempre.