TEXTOS DEL CATÁLOGO

La Figuración Renovadora

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La Figuración Renovadora
     
 


CONTENIDO

 
@Presentación
Juan Villalonga

@De exilios y de auroras
Tomás Paredes

@La difícil semilla
Álvaro Delgado-Gal

@Notas biográficas

@Lista de obras


CATÁLOGO

  • La Figuración Renovadora
  • Textos de: Tomás Paredes y Álvaro Delgado-Gal
  • Castellano
  • 117 Páginas
  • ISBN: 84-89884-03-X
  • Precio: 3.000 Pesetas
  • Disponible


 
 


Presentación

Desde hace tiempo Telefónica ha adquirido voluntariamente el compromiso de contribuir al conocimiento y desarrollo de nuestra cultura, abordando una tarea que puedo calificar de grata e ilusionante. Por ello, constituye hoy un motivo de satisfacción poder presentar un nuevo proyecto, concebido con un claro sentido cultural. Se trata de la puesta en marcha de una nueva Colección de Arte que pretende recuperar, con coherencia histórica y artística, las corrientes renovadoras de la pintura figurativa española de nuestro siglo y, más específicamente, las vinculadas a las denominadas Escuelas de París y Madrid.

Las obras que se muestran en este catálogo y en la exposición permanente que ahora se abre al público no son más que el avance de una colección que ha empezado a formarse a finales de 1997 y que está dando, meditadamente y con decisión, sus primeros pasos. Creo, sin embargo, que este embrión constituye ya un esbozo suficientemente significativo y valioso en sí mismo como para darlo a conocer públicamente. Estamos convencidos de la importancia y oportunidad de la propuesta y queremos que esté abierta desde el principio a la mirada siempre estimulante de los historiadores del arte, de la crítica y del público en general.

La adquisición de obras de arte por parte de Telefónica, como en algunas otras grandes empresas, es una constante a lo largo de su historia. Se ha basado siempre en el convencimiento de la importancia de ir creando unos fondos artísticos coherentes, aunque no necesariamente uniformes, que puedan cumplir una función social y cultural. Este planteamiento se tradujo hace ya algunos años en una primera iniciativa que culminó con la creación de una Colección de Arte Contemporáneo ligada a los movimientos vanguardistas. Esta colección, cedida ahora en comodato al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, tiene ya una configuración muy definida y se ha convertido en una de las primeras de España en su género.

En las últimas décadas, la pujanza de la vanguardia y, sobre todo, un cierto concepto excluyente por parte de alguna crítica y del mercado, han hecho que resultaran injustamente relegados muchos artistas que no seguían las tendencias estéticas dominantes y que, sin embargo, contribuyeron de forma decisiva a promover la renovación y modernización del arte en nuestro país. Con una visión que hoy ya puede ser más sosegada y plural, esta nueva Colección trata de reivindicar y recuperar a pintores figurativos españoles de una gran calidad, que ocupan por derecho propio un lugar destacado en el arte español de este siglo.

Esta voluntad de recuperación estaba ya presente en los planteamientos anteriores de Telefónica y fue la que permitió adquirir obras de pintores españoles tan señeros como Juan Gris o Luis Fernández, artistas que vivieron y crearon fuera de España y que estaban insuficientemente representados en las colecciones nacionales.

Ahora, este nuevo proyecto permitirá recuperar y agrupar a los más representativos pintores españoles pertenecientes a las llamadas Escuela de París y Escuela de Madrid. La Colección integra ya obras de casi medio centenar de autores, tan indiscutibles como Oscar Domínguez, Cossío, Antonio Quirós, Celso Lagar, Ginés Parra, Peinado, Antoni Clavé o Vázquez Díaz, dentro de Escuela de París; o Benjamin Palencia, Ortega Muñoz, Díaz Caneja, San José,. Barjola, Alvaro Delgado, Menchu Gal, Martínez Novillo, y tantos otros, de la escuela madrileña. Algunos de ellos no están directamente vinculados a estos dos grupos, como es el caso de Gutiérrez Solana, referente intelectual para los miembros de la Escuela de Madrid; o el de Antonio López, artista emblemático del realismo figurativo.

Es evidente que por su calidad y relevancia artística son todos los que están, pero todavía no están todos los que son. Por eso queremos seguir avanzando por este camino, combinando una investigación rigurosa con las posibilidades que ofrece el mercado. Esta Colección de Arte Figurativo no aspira a ser un mero muestrario testimonial de una serie de pintores cronológicamente ordenados, sino a recoger de manera selectiva las distintas fases de sus trayectorias artísticas y su mutua relación, con el fin de poder ofrecer una panorámica integradora y significativa de una importantísima etapa de la pintura española.

Pretendemos que este fondo cumpla una función cultural, como fuente de consulta para investigadores y estudiosos, pero sobre todo como una realidad viva que puedan contemplar y disfrutar todos los amantes del arte.

Juan Villalonga
Presidente de Telefónica

Madrid, mayo de 1998


 
 


De exilios y de auroras

Tomás Paredes

No hay arte sin pensamiento, sin epifanía, sin aurora. Las auroras son distintas en cada destino, en cada sueño. Asomados al cisne nostálgico del exilio, crece una sensación coral, que amanece, junto a briznas de melodías que invitan a la memoria. A veces, el arte se manifiesta; la realidad y la imaginación se convierten en un milagro, que nos transporta a todas las fronteras, cabe el ángel del acierto, junto a un nudo de gloria o soledad y ésto nos precipita a sentir el mundo, a sentirnos.

A lo largo de la Historia, los centros de atención artística, a zancadas, han saltado de acá para allá, confundiéndose con acrósticos, lugares o ciudades, que mitificados, se convirtieron en puntos de peregrinación, en los que se imaginaba el ambiente idóneo de la iniciación o el perfecto caldo de cultivo, donde germinarían los elementos constitutivos de cada idiolecto.

A partir del último tercio del siglo xix, Roma dejó de ser el corazón, la aurora aúrea, para convertirse en periferia, desplazándose el hechizo hacia París, donde los impresionistas habían puesto las bases, para que crepitaran todas las libertades y todas las trasgresiones.

A su vez, la espantada que produce la Segunda Gran Guerra, más imperativos económicos, comenzaría a arruinar el encanto francés, contribuyendo a privilegiar el mito de Nueva York, que, al final de los cincuenta, ya es la meca del mercado y la meta de todo aspirante a entrar en la industria de la plástica.

En los albores de nuestra centuria, se congregan, en París, nombres venidos de todos los rincones del mundo, los espíritus inquietos de los hijos de Saturno, quienes, a través de las vanguardias, promoverán la mayor revolución y renovación del arte, en cualquier tiempo conocido. Las auroras de la grandeza desbordaron su tiempo y sólo unos cuantos privilegiados se colocaron a su altura, conduciendo la catarsis.

A pesar del reconocimiento de algunos, la mayoría no dejó de sentir la distancia de la tierra de sus padres, adquiriendo un permanente estatus de extranjero, allí y aquí, de suyo lacerante; espoleador, tantas veces a un tiempo, de la quimera y la ceguera.

El arquetipo del hombre como extranjero es tan antiguo como la arqueología, Camus lo pondría en suerte, aunque mucho antes lo sintetizara, en su Anabasis, Saint-John Perse: «Nacía un potro bajo las hojas de bronce. Un hombre puso bayas amargas en nuestras manos. Extranjero. Que pasaba. Y he aquí que hay rumores de otras provincias a mi agrado...»

Extranjeros de las auroras del exilio, como un fuego que se resiste a todos los ocasos. Cuando no dolor, silencio no compartido o sentimiento desbordado, cuando no olvido. Bayas amargas en las manos, y todavía.

Por ello, que alguien ¬siempre está el hombre, casi siempre un hombre concreto¬, que una institución privada, en la época de las macrocifras y los cibermundos, decida que una de las partes del mundo de su colección, esté conformada por obras de artistas que se han formado, o han sufrido, o han vivido lejos de su tierra de nación, es un hecho insólito, tan excepcional como necesario y encomiable.

Que Telefónica se proponga, en decisión reciente, crear una colección de obras de arte de los movimientos inmediatamente anteriores al último tercio de nuestro siglo y que una vertiente considerable, de ese conjunto, esté formada por los trabajos de españoles, que se vieron obligados, por distintas razones, a salir de España, incluso a morir lejos de los suyos, es un empeño determinante, no sólo por la reparación que contiene, sino porque otorga coherencia y realidad, diversidad y excelencia, peculiaridad y vínculo, al discurso global de nuestra historia del arte.

Estoy referenciando el intento, ya presencia, de conjuntar una panorámica historicista, de calidades, ajena a coyunturas ideológicas y a posiciones personales, en las que se ponga de manifiesto la evidencia de nuestra participación en la vanguardia, las raíces de la modernización de nuestra pintura y la andadura de nuestros creadores sin solución de continuidad.

Hablo de una ambición, con fundamento, de una proposición rica y noble, desde el punto de vista ético y estético, de una nómina de creadores, entre los que se encuentran: Picasso y Pancho Cossío; Juan Gris, ahora cedido a las colecciones del MNCARS, y Vázquez Díaz, a través del cual llega el cubismo a nuestra pintura; Oscar Domínguez y Luis Fernández, Pedro Flores y Celso Lagar, Ginés Parra y Viñes, Mateos o Clavé.

No como quitamiedos para disuadir a la crítica, sino como evidencia, conviene precisar que, lo que ahora muestra la Fundación Arte y Tecnología, no sin cierto desasosiego y premura de coleccionista orgulloso, es el inicio de lo que se pretende, el arranque, la aurora de una colección en formación, que deberá continuar completándose, depurándose, ahormándose. Esto es sólo el embrión de lo que debe crecer con pericia, con vigor y con rigor, con generosidad y espíritu crítico extremado, sin caer en los defectos de las colecciones más recientes y demostrando a los que han profesionalizado el bizantinismo, qué separa el arte del objeto decorativo, de la ocurrencia, del pastiche o del oportunismo alevoso.

Esto quiere decir que, aún contando con piezas de calidad, de autores como Vázquez Díaz o Villá, Quirós o Clavé, Gaya o Úbeda, no se descartan otras de los mismos autores, así como de nombres ahora ausentes, por razones obvias, de tiempo y dificultad de hallar las piezas pertinentes.

Es una tarea apasionante y difícil, que requiere tacto y calma, serenidad y perspectiva, perspicacia y perseverancia, ya que se depende de lo que ofrece el mercado y del azar en las pesquisas.

En todo caso, esto es lo que hay. Y lo que hay son ciertas obras de enjundia, piezas de colección y citas de calidad, pero, sobre todo, la actitud: la voluntad firme de reunir una representación eficaz y suficiente, que explique en qué medida el exterior orientó a nuestros creadores, cómo evolucionaron éstos y qué implicaciones ha tenido esa circunstancia, en nuestra historia del arte, en los dos primeros tercios del siglo xx.

El arte es una epifanía de la dimensión a través de un significado formal, no sagrado, a pesar de la belleza que muchas veces atesora; una manifestación misteriosa, en la que se alían el talento, la inocencia, la imaginación, «la labor de cálculo» y «el apetito de perfección»; la fuerza de la sutileza y el instinto intimista, la búsqueda de esa globalidad material y conceptual, que dan sentido a la vida, que se constituye en valor primordial, una vez perdida la fe en otros valores, como una consumación, que nos afirma.

Wallace Stevens a cuya esencia no son ajenas estas líneas, en su ensayo Las relaciones entre la poesía y la pintura, leído, en el MOMA de Nueva York, en 1951, escribe: «...la poesía y la pintura tienen en común un elemento laborioso que, cuando se ejercita, no sólo es un trabajo sino también una consumación».

«Carere patria intolerabile est!» ¡Que sufrimiento intolerable es el vivir fuera de la patria!, exclama Séneca, en su exilio de Córcega, como recuerda el polígrafo Gregorio Marañón, ahora tan poco frecuentado, en un conjunto de ensayos sobre el exilio, con el título de «Españoles fuera de España», 1947. Y qué bien viene ese rótulo a los hombres que nos ocupan, pues no todos estuvieron en París, sino en Argentina, México, Bruselas, Alemania, Italia, como es el caso de Manolo Angeles, Parra, Moreno Villa, Mateos, Ramón Gaya. ¡El exilio se sufre o se utiliza, bendito aquel que ha vivido cada aurora, con intensidad, sin tener que desfigurarlas luego!

Por vez primera, excepción hecha de algún marchante, tal el desaparecido Agustín Rodríguez Sahagún; de algunas galerías, la antigua Theo, Dalmau, El Louvre, y muy recientemente Guillermo de Osma; o de críticos como Julián Gállego o M. Antolín, alguien se ocupa, en profundidad, con repercusión, de este caudal magnífico y fecundo, que es el arte realizado por españoles lejos de España.

Al hilo de este evento, convendría, de una vez por todas, desechar, anular esa etiqueta falsa y equívoca de «españoles de la Escuela de París». Históricamente, la Escuela de París, poco tiene que ver con los españoles, que van recalando, en un incesante goteo, en la capital francesa: Picasso llega en 1900 con Casagemas, por primera vez. En 1903, Echevarría; Vázquez Díaz y Juan Gris, en 1906; María Blanchard, en 1909; Celso Lagar, en 1914; J. Miró y Ginés Parra, 1919; J. Peinado y Manuel Angeles Ortiz, 1923; Luis Fernández, 1924; Bores, 1927; Pedro Flores e Ismael de la Serna, 1928. Luego la oleada de 1936-39, y ya sin parar, hasta la década de los sesenta, con un ancho paréntesis, que ahora comienza a reanudarse, si bien muy puntualmente.

Sería injusto, e impropio de este decisivo proyecto, que, con el tiempo, no diera presencia a la escultura, contando con nombres como Julio González, Gargallo, Manolo, Fenosa, Lobo, García Condoy o Subirá-Puig. Del mismo modo que, a los nombres ya convocados, habrá que añadir otros, si se quiere ser lógidos y leales a la verdad, a la pluralidad, como son los de María Blanchard, Orlando Pelayo, Fin, Aguayo, Salés, Creixams, Vilató, Guansé, Pradal, Valls, Pagés.

En este 1998, año de tantos centenarios y celebraciones de la Generación del 27, tampoco es lícito olvidar los de sus pintores que tienen lugar ya mismo, como los de Bores, De la Serna y Peinado, ni desaprovechar la ocasión de incidir en los artistas plásticos de esa famosa generación, que los tuvo, entre otros: Dalí, Hernando Viñes, Moreno Villa, Manolo Angeles Ortiz, Esteban Vicente, Pancho Cossío, Timoteo Pérez Rubio, De la Serna.

El arte es una aventura, la gran interrogación, un canto auroral, de exilio o no; un mito, que se restaura y regenera a través del rito, que ayuda a vivir de otra manera. No siempre es imprescindible el tiempo para detectar el nivel de una obra ¬yo pongo siempre por delante el sentido sólido del hombre orientado¬, por eso, es preciso implicarse, comprometerse, arriesgarse, marcar diferencias, con sabiduría y pulcritud.

Muchos de aquellos hombres y mujeres, que tuvieron que salir de su tierra, por falta de libertad, de expectativas, por rechazo clamoroso a su trabajo o por cualquiera otra razón, vuelven hoy, por sus obras, ante la consideración de sus conciudadanos, con retraso, pero regresan, ¡eso sí! ante generaciones que muchas veces ignoran hasta sus nombres, y ante la exigencia de haber tenido que triunfar fuera. Sería de esperar que la sociedad que tanto les dio la espalda, al menos ahora los reciba de frente, con sobriedad y seriedad.

En el mencionado ensayo de Wallace Stevens, el inmenso poeta de Reading, una de las poesías más profundas y exquisitas de este siglo, en lengua inglesa, concluye: «En la lógica de los acontecimientos, el único error sería tratar de falsificar la lógica, ser desleal a la verdad. Sería trágico no comprender hasta qué punto depende el hombre de las artes.»

¡No falsifiquemos la lógica, renunciemos a la deslealtad! Es trágico, sin duda alguna, no saber hasta dónde necesitamos del arte, y no lo es menos el intento de amputarle continentes y paraísos, desarticulándolo, ya porque se lo presente fragmentariamente, a ráfagas, ya porque se lo ignore, ya porque se lo desprecie por falta de comprensión, cuando no se trata de eso. ¿Comprender? ¡Si no sentimos, qué es lo que hay que comprender!

La Historia no se borra, por lo menos para siempre. Se puede targiversar, ocultar, durante un tiempo. No se puede pasar uno la vida intentando borrar sus huellas, porque eso denota inseguridad, infelicidad. Importa vivir, vivir en un mundo que es de todos, y más de aquellos que mantienen la calidad de vida, que lo hacen vivible, con intensidad, a través de sus obras.

¡Bienvenida sea, esta recién nacida actitud de conciliar exilios y auroras, que relumbra, en su diversa intensidad de fuegos, «como una llamarada de paja estival, en el cénit del invierno», que así termina Wallace Stevens, uno de sus magistrales poemarios, Las Auroras de otoño!


 
 


La difícil semilla

Álvaro Delgado-Gal

La muestra que la Fundación Telefónica abre estos días al público constituye el núcleo, o mejor, esbozo preliminar, de una colección permanente que se irá depurando y redondeando a lo largo del tiempo. Los pabellones de la derecha están reservados a la Escuela de París; los de la izquierda, a la Escuela de Madrid. No les hablaré de las salas diestras, adscritas a la autoridad y jurisdicción de Tomás Paredes. Si lo haré de las otras, y de su inicio heterodoxo: Solana, sucedido de Palencia. Ni Solana, ni Palencia, participaron en las dos exposiciones que allá por los cuarenta y principios de los cincuenta sirvieron para troquelar la categoría historiográfica «Escuela de Madrid». Tampoco estuvo representado en ellas, por razones de edad, Antonio López, que aún así ha sido incorporado a la colección con un lienzo de los sesenta. Esto, como digo, es irregular, topográficamente irregular. Y sin embargo, es acertado. A explicar por qué lo es, y en qué medida podría ayudarnos a recuperar y comprender una manera de entender la plástica que exige romper con los lugares comunes de los últimos años, van destinadas las siguientes líneas.

La voz «figurativo» no es menos inane, a efectos estéticos, que la voz «abstracto». De hecho, llamamos figurativa a la pintura que nos propone asuntos reconocibles; pero resulta entonces que tan figurativo es Braque, como Rosales o cualquiera de los Madrazo. A la inversa, quedan emparejados, en nombre de la abstracción, Mondrian y Tapies y el Pollock maduro. Estas tosquísimas agrupaciones nos hacen sobrevolar sobre los estilos y artistas individuales, y provocan que echemos en olvido verdades plásticas elementales: verbigracia, que Tapies está mucho más cerca de los logros matéricos del Braque maduro que de Mondrian. O también, que Pollock es inconcebible sin Picasso, y por tanto, difícilmente separable del figurativo más versátil de este siglo.

Desviemos ahora la vista a un lado y concentrémonos en los figurativos propiamente dichos. Es posible ejercer la figuración de modos radicalmente distintos. Uno de ellos, el más frecuentado por los pintores modernos, consiste en esquematizar la realidad visual, torciéndola o alabeándola al compás de un estilo determinado. Esto es, estilizándola. En ello estuvo el cubismo, y en ello están la mayor parte de los pintores de la Escuela de París. También es posible ser figurativo por referencia a administraciones de la forma que se remontan al Barroco. Esta especie museal de lo figurativo cuenta aún con muchos representantes en activo. Pero el modo de figuración que me interesa destacar ahora es otro: el de quienes, siendo modernos genuinos, no estilizan ni esquematizan. Estos figurativos, inalojables dentro de las categorías consagradas por la historiografía convencional, se apoyan decididamente en la realidad. No hacen abstracción de ella, no intentan sublimarla. Se dedican a algo harto más raro. A evocarla... desde el mismo vocabulario que derivaría históricamente hacia la abstracción. En Alemania, originaron lo más poderoso e inquietante acaso de la corriente expresionista. En España, darian lugar a la Escuela de Madrid y aledaños. La Escuela de Madrid surge rezagada respecto de lo que se está ensayando en Europa. Representa, sin embargo, mucho más que un eco. Sus raíces castizamente españolas, su enfrentamiento inédito con el paisaje, y una perseverancia venturosa en el cultivo del oficio ¬muy tocado en el continente a partir del Surrealismo; inexistente en los Estados Unidos doblados los sesenta¬ la convierten en un archipiélago singularísimo dentro de la pintura contemporánea. Y escojo este instante para volver a Solana.

Solana no pertenece, estilísticamente, a la Escuela de Madrid. No ha sido rozado por el cubismo, ni tan siquiera por el postimpresionismo. Pero sin él, lo mismo que sin el Palencia de la inmediata posguerra, no se comprende la entraña, la originalidad profunda, de la Escuela de Madrid. A fin de comprobarlo, recomiendo que se compare la magnífica naturaleza muerta que lleva por título «Bodegón del pavo muerto», con el paisaje arbóreo de Vázquez Díaz situado también a la entrada de la sala, a mano derecha de las escaleras. El Vázquez Díaz responde con docilidad a las taxonomías estilísticas que llevamos, por así decirlo, en la punta de los dedos. Vázquez Díaz es un cubista en la línea derainiana: en su lienzo, excelentemente construido, los troncos y copas de los árboles han sido depurados en formas geométricas evidentes, de cuyo ensamblaje resulta una composición equilibrada y estable. Es esta coherencia de los volúmenes, y no el motivo o lo que asociamos a él, lo que en definitiva más nos interesa en el cuadro. El bodegón de Solana, por contra, elude todo intento rutinario de clasificación. En muchos sentidos, se ajusta al molde clásico. La gama obscura, evoca el arte español del pasado; el modelado, ídem de ídem. Y aún así, el cuadro es moderno. La aplicación directa, brutal del pincel, y el apiñamiento de los objetos en un espacio que parece demasiado reducido para alojarlos, vulnera cualquier canon de los que se usaron en la Academia de su tiempo. Al lado de Solana, y no sólo del Solana bodegonista, sino también del que pinta escenas y retratos de grupo, Zuloaga semeja un costumbrista. ¿Qué diablos pasa aquí? ¿Cómo puede ser moderno un realista inmediato, casi táctil? La clave reside en la factura, y simultáneamente en el modo de narrar. En el fondo, y pese a sus valentías modernas, Zuloaga supedita la técnica a un planteamiento narrativo de índole escenográfica. Templa el clarooscuro, o utiliza los contrastes, con el fin de glosar el motivo central del cuadro. En Solana, este juego ha desaparecido. Está todo pintado con el mismo denuedo feroz, con un desembarazo que excluye las jerarquías figurativas clásicas. En esto, es como Beckmann. Sólo que más potente, más hondo, que Beckmann.

Tenemos ya los ingredientes básicos de la Escuela de Madrid: figuración no idealizadora, y ruptura estilística. O para ser más precisos, la ruptura conforme vino sugerida por la absorción de lo francés a manos de Cossío y Vázquez Díaz. Aunque estos dos últimos influyeron sin duda en la Escuela de Madrid, me parece celebrable la decisión de incluirlos en la Escuela de París. Uno y otro fueron, ante todo, esteticistas, especuladores e idealizadores de la forma. En la Escuela de Madrid, y bajo la influencia innegable del Palencia no vanguardista, predominó, al revés, el substrato realista. Sobre todo, el compromiso con el paisaje, cuyas tierras y ocres se prestaban a las mil maravillas a la manipulación según las técnicas modernas. Dentro de este bastidor, caben luego desarrollos distintos. Hay más estilización en Redondela que en San José; o una aproximación más deliberadamente poética en Zabaleta que en Martínez Novillo; o más parentesco con Vázquez Díaz en Menchu Gal que en varios de sus colegas; o mucho más arrimo a la línea en Alvaro Delgado que en Luis García Ochoa. En cualquiera de estos casos, sin embargo, no se usa la pintura como un sistema de formas en las que alojar a continuación un motivo, un motivo que ya es poco más que un pretexto. No se acepta la disciplina moderna ortodoxa, sino que se deja que el motivo viva y reclame un lugar bajo el sol. De resultas, la experiencia retínica, y aún más la táctil, vibran a través del oficio. En este sentido cabe hablar, a propósito de la Escuela de Madrid, de un retorno a la tradición. Fue ajeno a la pintura europea, hasta el momento cubista, el concepto de autonomía formal. La pintura no buscaba segregarse de la realidad; pretendía, más bien, apropiársela con los recursos de la línea y el color. Agotado un estilo, se transitaba hacia otro, sufriendo en el camino los placeres y sustos de la invención estética. Los pintores de la Escuela de Madrid se encontraron, en la España de la posguerra, con la pintura del primer tercio de siglo, un sentimiento del paisaje que se remonta al Noventaiocho, y dos ojos para ver. Abrieron los ojos y vieron rastrojeras, perdices, montes y mares. No habrían pintado como lo hicieron si no llegan a ser modernos. Pero tampoco habrían pintado como lo hicieron sin las rastrojeras, las perdices y el mar. Ahí está el secreto. En esa grieta se depositó la difícil semilla.


 
 


Notas biográficas


ÁRIAS ÁLVAREZ, Francisco
Madrid, 1911-1977

Pintor perteneciente a la Escuela de Madrid. Desde pautas figurativas (generadas por su etapa de formación con Cecilio Plá y Moreno Carbonero) incrementa progresivamente ¬influido por Pancho Cossío¬ su interés por la materia, al tiempo que sus formas se diluyen. Su obra ha sido internacionalmente considerada tras su participación en las XXV y XXVII Bienales de Venecia, la II Bienal de Sao Paulo, en la Exposición Nacional de París de 1952 y la IV Bienal de Alejandría de 1963. Posee diversos premios nacionales, entre ellos el de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1936, a los 25 años.


BARJOLA, Juan (Juan Antonio Galea Barjola)
Torre de Miguel Sesmero, Badajoz, 1920

Su pintura se la ha calificado frecuentemente como seguidora de una línea dramática típicamente española (influencia del Barroco, del Goya de las Pinturas Negras y del Solana más visceral). Su estilo es de raíz expresionista con ligera influencia surrealista, fruto de su contacto directo con la vanguardia gracias a una beca europea que le fue concedida por la Fundación Juan March en 1960. En los años cincuenta había mezclado cubismo e impresionismo, dos corrientes de las que existía suficiente información en España, siempre que se mostrase interés en hallarla. El dramatismo violento de su ejecución plástica indica que se encontraba advertido de las corrientes informalistas y del expresionismo abstracto, haciéndose más perceptible en sus trabajos de los sesenta y setenta, lo que motivó la crítica coetánea lo incluyese en la fracción del realismo crítico. Esa violencia se suaviza, sin perderse totalmente, en sus escenas taurinas de los años ochenta donde una paleta más luminosa y una mayor libertad de pincelada le aportan una mayor elegancia plástica.

Posee importantes premios nacionales (Gran Premio en el I Concurso Nacional de Artes Plásticas de 1962, Premio Nacional de Artes Plásticas en 1985 y medallas en las exposiciones Nacionales de Bellas Arte de 1964 y 1968). En 1988 se funda en Gijón el Museo de Arte Juan Barjola merced a una donación de su obra.


BEULAS, José
Santa Coloma de Farnés, Gerona, 1921

Tras su influencia neo-impresionista inicial resuelve dedicarse plenamente al estudio del paisaje, ejerciendo un método depurativo hasta lograr la esencialidad. Privilegiando la sensación sobre lo meramente descriptivo sabe diferenciar plenamente la emotividad sugerida ante distintos paisajes (Huesca, Gerona, Ávila, Toledo). Receptivo durante un tiempo a las corrientes del informalismo, acusa en sus obras las cargas matéricas.

Diversas medallas en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de 1954, 1960 y 1968. XVIII Bienal de Venecia de 1956.


BORES, Francisco
Madrid, 1898 - París, 1972

Abandona sus estudios de Ingeniería y Derecho para estudiar con Cecilio Plá e introducirse en los circuitos de vanguardia, especialmente el ultraísmo y las tertulias del café Pombo. En 1925 llega a París donde, de la mano de Pancho Cossío, se mostrará enormemente receptivo con las corrientes de vanguardia, especialmente con el cubismo (traba amistad con Picasso) y el surrealismo (automatismo). En 1930 se produce un gran cambio en su pintura, perdiendo austeridad y ganando en colorismo pero siempre manteniendo el lirismo y la sobriedad mediante la sugerencia de formas e imprecisión de las manchas de color. André Malraux lo nombra en 1966 Officer de L'Orde des Arts et des Lettres lo que significa su consagración internacional. En los años cincuenta pasa por una etapa que denomina "manera blanca" en la que incrementa la luminosidad y esquematización de sus composiciones. Pertenece a la denominada Segunda Escuela Española de París.

Su aval internacional viene de la mano de su inclusión en el Salón de Artistas Ibéricos (París, 1925). Su obra está presente en los principales museos de arte moderno del mundo (París, Nueva York, Götteborg) y su pleno reconocimiento internacional se verá rubricado con su referido nombramiento como Officier de l'Ordre des Arts et des Lettres por el gobierno francés.


CLAVÉ, Antoni
Barcelona, 1913

Sus inicios se encuentran en el campo de la publicidad, sin duda debido a sus orígenes humildes. Reside en París desde 1939 por lo que debe ser incluido en la Segunda Escuela de París. Desde unos inicios influidos claramente por Bonnard y el Picasso de la época azul, inicia una etapa más personal de figuras monumentales, evoluciona hasta acercarse a la abstracción donde se desenvuelve con gran libertad apoyado por su virtuosismo técnico, adquirido mediante una constante investigación de materiales, no sólo en pintura sino también en el amplio campo del grabado. Si bien en España resulta ser un desconocido hasta su exposición individual en la Galería Gaspar de Barcelona en 1954, su prestigio internacional era muy anterior, como lo demuestran diversas exposiciones en París (1940), Londres (1947 y 1956), Buenos Aires (1951) y Roma (1954), acreditándolo hasta el punto de que le fuesen realizadas exposiciones monográficas en el Museo Ruth de Ginebra y ser elegido para participar en la Bienal de Venecia de 1954.

Ha recibido el Premio de la UNESCO en la Bienal de Venecia de 1954.


COSSÍO, Pancho (Francisco Gutiérrez Cossío)
San Diego de Baños, Pinar del Río, Cuba, 1898 - Alicante, 1970

Su familia regresa a Cantabria en 1899. En Madrid será alumno de Cecilio Plá desde 1914, y traba una gran amistad con Francisco Bores que por entonces era también discípulo de aquél. Durante su estancia parisina, iniciada en 1923, bebe de la obra de Braque. En 1929 es contratado por la Galerie de France. Pintor de técnica depuradísima, supo unir la tradición española con las corrientes de vanguardia que conoció directamente en la capital francesa; si bien en España fue calificado, tan despectiva como erróneamente, de afrancesado, aun a pesar de ser un partidario declarado del régimen vigente. Sus temas contradicen notoriamente tal calificación, pues las referencias a Cantabria (donde vivió la posguerra hasta el año 1945) y al paisaje de la sierra de Madrid (ciudad en la que vive desde 1945 hasta su muerte) serán constantes a lo largo de su trayectoria plástica. Igualmente cultivó el bodegón de rancia tradición española. Su realismo atmosférico roza la abstracción por la disolución de las formas a mínimos poéticos, libres de cualquier concesión a la anécdota y con una paleta reducida pero de gran elegancia. Poseía, como señaló Vivanco, una marcada personalidad llegando a rozar el egocentrismo.

Primera Medalla en la exposición Nacional de Bellas Artes de 1957. Académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.


DELGADO RAMOS, Álvaro
Madrid, 1922

Alumno de Vázquez Díaz y compañero de estudios de Martínez Novillo y García Ochoa durante la Guerra Civil, forma parte de la Segunda Escuela de Vallecas con Palencia, Pascual de Lara, Gregorio del Olmo y San José. Desde un paisaje lírico cercano a Benjamín Palencia, propio de la Escuela de Vallecas, y de una etapa de un cubismo muy personal, llega a un expresionismo impulsivo pero armónico. Sus principales realizaciones muestran paisajes e individuos fracasados (especialmente tras el proceso expresivo y desintegrador del inicio de los sesenta) y revisiones de obras pictóricas de artistas del pasado, especialmente Goya.

Académico de la Academia de Bellas Artes de San Fernando y Presidente de la Calcografía Nacional. Participó en grandes muestras internacionales como las Bienales de Venecia (1950 y 1964), Bienales de Sao Paulo (1959, 1963), Bienal de Alejandría (1955, en la que recibió el Premio de Pintura), Feria mundial de Nueva York (1964), I Bienal de Arte Contemporáneo Español (París, 1965) y la muestra Artistas Españoles en Nueva York (1968).


DÍAZ CANEJA, Juan Manuel
Palencia, 1905 - Madrid, 1988

Discípulo de Vázquez Díaz y amigo de Benjamín Palencia y Alberto Sánchez (Escuela de Vallecas) en su etapa de formación, abandona sus estudios de arquitectura por la actividad pictórica. Tras su estancia parisina, en 1929 participó de forma activa en la lucha por la vanguardia en España en los años anteriores a la Guerra Civil. Represaliado tardíamente (1948-1951), conjugó referencias cubistas y fauvistas en paisajes castellanos con grafismos esquemáticos de gran fuerza expresiva y libres de cualquier elemento anecdótico. Su calidad artística burla su condición de represaliado político tras la contienda civil como lo demuestra la concesión del Premio Nacional de Pintura en 1958.

Premio Nacional de Artes Plásticas en 1980.


DOMÍNGUEZ PALAZÓN, Óscar
Tenerife, 1904 - París, 1957

Perteneciente a la Segunda Escuela Española de París (llega a esta ciudad en 1927 con la excusa de llevar los negocios familiares); interrumpe esta estancia la realización del servicio militar y regresa a París en 1929, donde vivirá hasta su muerte. Surrealista violento hasta la ruptura, en 1947, con la línea institucional de Breton (por defender a Paul Eluard en el célebre proceso, sin embargo, dentro de dicho movimiento es considerado como el inventor de la técnica de las decalcomanías). Seguirá posteriormente una línea cercana a Picasso pero con matices expresionistas, hasta que en su período esquemático (transición de los años cuarenta y cincuenta) supera la dependencia del carismático genio español. Sus temas son frecuentemente escenas violentas y desgarradas. En torno a 1955 se acercará progresivamente a la abstracción (rozándola, pero sin caer en ella) y evolucionará en sus últimos años hasta una recuperación del automatismo de sus años surrealistas.

En 1936 expone en Nueva York en la colectiva internacional del MOMA "Arte fantástico, Dadá, Surrealismo" y en 1937 en Tokio "Exposición Surrealista".


FLORES, Pedro
Murcia, 1897 - París, 1968

Sus inicios plásticos se desarrollan en la región de nacimiento, hasta que en 1928 viaja a París, donde permanecerá cinco años merced a una beca del Consejo Provincial de Murcia. Tras su regreso, se dedica a la actividad docente en enseñanzas medias en Barcelona, hasta que, finalizada la guerra civil, se exilia en París, donde combina su proceso personal con la actividad en la fábrica de tapices de los Gobelinos y diversos trabajos escenográficos.


GAL, Menchu
Irún, Guipúzcoa, 1922

Tras una etapa inicial de formación, a los diecinueve años se traslada a París para estudiar en la afamada academia Ozenfant (allí toma contacto con Leger y Lothe). En 1934 se encuentra en Madrid, en el estudio de Arteta, trasladándose al País Vasco Francés al inicio de la Guerra Civil. No regresará a Madrid hasta el inicio de la posguerra para conformar desde sus inicios la Escuela de Madrid, resultando ser, por su formación internacional, un foco de conocimiento para los artistas del momento. Es principalmente en el paisaje donde desarrollará su actividad, adjetivándolo poéticamente y renunciando a cualquier indicio de dramatismo.


GARCÍA OCHOA, Luís
San Sebastián, 1920

Es en el estudio de arquitectura de su padre, en el que trabaja, donde, a través de diversas publicaciones que allí se reciben, toma contacto con las corrientes artísticas de vanguardia. Discípulo de Vázquez Díaz en la Escuela Superior de Pintura, no logra completar sus estudios al ser movilizado durante la Guerra Civil. Tras la asimilación de diversas tendencias pictóricas coetáneas, en especial el cubismo, y con la orientación de su antiguo maestro, contacta, una vez finalizada la contienda, con Benjamín Palencia y la Segunda Escuela de Vallecas, pero se resiste a instalarse en ella. Sí se integrará, en cambio, en la Escuela de Madrid. Ya en los años cincuenta, evolucionará de manera individual hacia cauces expresionistas, con un trato especial hacia la figura humana. En 1983 ingresa como académico en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Aunque sus exposiciones individuales se realizan preferentemente en el ámbito español, es conocido internacionalmente a través de su participación en varias Bienales de Venecia (1940, 1950, 1952, 1954), Alejandría (1965) y en la Fundación Gulbenkian de Lisboa (1971).


GAYA, Ramón
Murcia, 1910

Su obra plástica no puede ser considerada sin el conocimiento de sus escritos teóricos. En 1918 se encuentra ya en París, aunque anteriormente había dejado su impronta en el círculo de la generación del 27. A su regreso a Madrid, en 1933, tras ser aceptado en los cerrados círculos parisinos de vanguardia (Picasso, Corpus Varga y Max Jacob fueron sus amigos e introductores), comienza a publicar sus escritos al tiempo que recorre España con el Museo Ambulante de las Misiones Pedagógicas. Es una etapa donde el cubismo dirige su mano de artista. Significado políticamente con la causa republicana durante la Guerra Civil (intelectualmente colabora en la revista La Hora de España y en el montaje de la exposición del Pabellón de París de 1937) se verá obligado al exilio, escogiendo México como lugar de residencia ¬tras una corta estancia en París¬ donde continuará con su actividad aunque un tanto condicionada por la supervivencia: fruto de ello serán sus paisajes de lugares pintorescos de esta nación así como escenas populares de carácter intimista. En 1952 se traslada a Roma que, junto con otras ciudades italianas, quedará reflejada en sus obras y, aunque en 1960 regresa a España para publicar su libro El sentimiento de la pintura y Velázquez, pájaro solitario, no se decidirá a instalarse de manera definitiva en España hasta 1974. Sus obras más representativas son calificadas por él mismo como "homenajes", en las que revisará plásticamente obras concretas de pintores como Velázquez, Rembrandt, Picasso y Solana. Si bien tanto en su obra plástica como literaria realiza un rechazo de las vanguardias, su actitud no es taxativa ni universalizante, sino que lo patentiza desde el ámbito personal.

En reconocimiento a su labor se le concede la Medalla de Oro a las Bellas Artes en 1987.


GRAU SALA, Emili
Barcelona, 1911 - Sitges, Barcelona, 1975

En 1936 se traslada a París con su esposa, la pintora Ángeles Santos, y es allí donde su trayectoria autodidacta se verá enriquecida por el contacto directo con Bonnard y Duffy, así como con los artistas españoles hacedores de la vanguardia internacional. Definiendo unas formas plásticas cercanas al postimpresionismo francés, poéticas y acogedoras, representará paisajes urbanos y cálidas escenas de interior.


GRAU SANTOS, Julián
Canfranc, Gerona, 1937

Hijo de los pintores Emili Grau Sala y Ángeles Santos, este ambiente familiar le procurará un rico bagaje artístico. Con un referente constante en las vanguardias y un tamiz impresionista se muestra preocupado por la luz en temas de género, bodegones, paisajes y escenas íntimas.

Medalla Fortuny de la Ciudad de Reus (1963), Premio ciudad de Barcelona (1972). Colaborador habitual en el periódico ABC.


GUTIÉRREZ SOLANA, José
Madrid, 1886 - 1945

Ya durante sus estudios en la Escuela Superior de Bellas Artes de Madrid muestra un interés por temas viscerales y dramáticos (clases de anatomía de Parada y Santín) y por la recuperación de costumbres populares: realiza frecuentes viajes por los pueblos de España y en ellos recoge información sobre tipos característicos y marginales plenos de dramatismo, así como de sus procesiones y fiestas; en este acervo antropológico documentará sus carnavales y corridas de toros. Perenne contertulio de los cafés Levante y Pombo, estos coloquios enriquecen su pensamiento estético, revelado no sólo en sus pinturas sino también en una gran cantidad de escritos. Su larga estancia en París, desde 1928 hasta el término de la guerra civil, le pone en contacto con las vanguardias, pero sus principales referentes se encuentran en el arte español del XIX: el Goya de las Pinturas Negras y Eugenio Lucas. La negación de la belleza, la pobreza y lo grotesco, así como una visión fatalista de España ¬su libro La España negra es una buena muestra de ello¬, serán las constantes principales de sus obras.


LAFFÓN, Carmen
Sevilla, 1934

Durante sus estudios de Bellas Artes se traslada de Sevilla a Madrid, finalizándolos en esta última ciudad. Becada en Italia por el Ministerio de Educación en 1955, a su regreso expondrá regularmente, formará parte del grupo La Pasarela de Sevilla e impartirá clases en la Escuela de Bellas Artes de esa misma ciudad. Realiza una obra realista de matiz poético y entrañablemente subjetivo, íntimo pero a la vez profundamente comunicativo. Aparte de sus exposiciones nacionales, deben ser destacadas las realizadas en la Galería Malborough de Nueva York (1973 y 1974) y Jacobs de París (1978). Poseen obras suyas los Museos Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, el MOMA de Nueva York y la Biblioteca del British Museum de Londres.


LAGAR, Celso
Ciudad Rodrigo, Salamanca, 1891 - Sevilla, 1966

Hijo de artista ¬su padre era escultor¬ realiza su formación en Barcelona. Tras la exposición realizada en esta ciudad en 1914 viaja a París, insertándose plenamente en la vanguardia y manteniendo estrechas relaciones con Modigliani, Max Jacob, Derain, Leger y los marchantes Guillaume y Zborowsky. Interesado inicialmente por el cubismo, regresará posteriormente a una figuración más construida, dentro de lo que se ha dado en llamar expresionismo de raíz española, con temas circenses, de toros, paisajes y bodegones, siempre con un ligero tinte de amargura. Su trayectoria se verá truncada por una grave enfermedad que le impedirá la práctica artística durante los últimos diez años de su vida.

Obras suyas están presentes en importantes colecciones internacionales de arte como el Centro de Arte Reina Sofía de Madrid y los Museo de Arte Moderno de Barcelona y París.


LÓPEZ GARCÍA, Antonio
Tomelloso, Ciudad Real, 1936

Alentado por su tío Antonio López Torres inicia muy temprano su actividad pictórica. Se traslada a Madrid para realizar su formación en Artes y Oficios y, posteriormente, en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, donde tiene por compañeros y amigos a los hermanos López Hernández y a María Moreno, con la que se casará; formarán todos ellos un grupo generacional, interesados por la inserción del realismo en las corrientes de vanguardia y definiéndolo como alternativa real a la abstracción. Su obra está sólidamente cimentada por su destreza como dibujante y su virtuosismo pictórico. Sus temas están marcados por un tono íntimo, cotidiano, muy cercano al espectador, al tiempo que juega con situaciones extraordinarias, lo que le ha supuesto ser adjetivado su realismo como "mágico". Imbuido en su actividad artística ¬tan pausada como minuciosa, llegando a la absorbencia¬ ha desarrollado una escasa actividad expositiva hasta su contrato exclusivo con la galería Malborough (1970).

Posee la Medalla de Oro de las Bellas Artes, concedida en 1983 y el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, en 1985.


LOZANO SANCHÍS, Francisco
Antella, Valencia, 1912

Académico de la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, de la que anteriormente había sido alumno y catedrático. Realiza una obra paisajística tomando como referente las tierras de su región, reconduciendo esta temática hacia posturas de vanguardia mediante un proceso de síntesis formal y una preocupación lumínica que expandirá hasta rozar el fauvismo más violento.

Sus obras han estado presentes en las Bienales de Alejandría (1955), de Venecia (1956), en el Pabellón Español de la Feria de Nueva York de 1966 y en las galerías Rutland (Londres) y Malborough (Nueva York).


MARTÍNEZ NOVILLO, Cirilo
Madrid, 1921

Estudia durante la Guerra Civil en la Escuela Superior de Bellas Artes instruido y protegido por Vázquez Díaz. Es en esa institución donde conocerá como compañeros a los que después conformarán la Escuela de Madrid (Delgado, del Olmo, García Ochoa, San José, Nuñez Castelo). Combina por entonces su labor plástica con la escritura en publicaciones anarquistas. Por sus ideas estéticas sufre, a mediados de los cincuenta, el rechazo de los artistas de la Segunda Escuela de Vallecas, aunque ello no es óbice para que mantenga una relación de amistad con Benjamín Palencia. Varias becas le permiten viajar a París a comienzos de los años cincuenta, siendo particularmente provechosa la que le fue concedida por la Fundación Juan March. Tras una primera etapa de gran variedad temática se inclinará en su etapa de madurez por la pintura de paisaje en la que, paulatinamente, incrementará su acercamiento a la abstracción pero sin caer propiamente en ella.

Ha participado en las Bienales de Venecia de 1950 y 1954.


MATEOS, Francisco
Sevilla, 1894 - Madrid, 1976

Durante su infancia su familia se traslada a Madrid, realizando su formación en la Escuela de Artes y Oficios de esta ciudad. A los dieciocho años se encuentra ya trabajando como caricaturista de la revista España, dirigida por Ortega y Gasset y dos años más tarde será colaborador habitual de revistas como La Esfera, El Mundo y Grecia, publicaciones desde las que se difunden las ideas vanguardistas en España. Merced a diferentes becas viaja por Europa (Alemania, Francia, Bélgica); durante su estancia en París es admitido en el prestigioso grupo Cahiers d'Art. Fruto de este nomadismo es su temprana adscripción a los cánones expresionistas ¬en España pasa por ser, si no el primero, sí el de más estricta pureza por su potente carga cínica¬. Sus dotes muralísticas fueron apreciadas por la Sorbona, siendo nombrado en 1928 decorador oficial.

Obras suyas se encuentran en el Centro de Arte Reina Sofía de Madrid y en el Museo de Arte Real de Bruselas. Entre sus exposiciones individuales más importantes a nivel internacional deben ser destacadas las realizadas en la galería Tempo de París (1927), en el Instituto Internacional de Boston (1950) y la de la galería Suillerot de París (1974).


MORENO VILLA, José
Málaga, 1887 - México, 1955

A los diecisiete años se traslada a Friburgo para realizar su licenciatura en Química; sin embargo, no tarda en abandonar unos estudios impuestos por su familia (con acreditadas bodegas de las que él, tras su formación, supuestamente sería analizador). No obstante, el abandono no se realiza para una dedicación a la pintura sino a la literatura, concretamente a la poesía. Su actividad pictórica estará siempre determinada por el ejercicio simultáneo de crítica y literatura, siendo por ello que su pintura es, frecuentemente, tildada de poética. Tras un corto viaje a Londres, en 1909 colabora en la fundación de la revista Gibralfaro, con Ricardo y Francisco Orueta, Gustavo Jiménez Fraud, Pedro Vances y Manuel García Morente, colaborando en ella con sus poesías. Tras su traslado a Madrid en 1910 se ligará al Centro de Estudios Históricos y a la Residencia de Estudiantes, donde se encontraban como residentes Lorca, Buñuel y Dalí. Paralelamente a estas labores comienza a realizar su investigación plástica, recibiendo el espaldarazo oficial en la Exposición de Artistas Ibéricos de 1925. Tras elaborar diversas publicaciones, en las que mezcla poesía, prosa y dibujos, es nombrado editor de la revista Arquitectura y contribuye con sus trabajos en la realización de las más prestigiosas publicaciones españolas de vanguardia (Revista de Occidente, Alfar, Litoral, Mediodía, Verso y Prosa, etc.). En 1937 es nombrado agregado cultural en la Embajada Española en Washington y, tras la Guerra Civil, se exilia en México hasta su muerte. Su obra plástica sufre una derivación desde las formas cubistas iniciales hacia un surrealismo muy personal, perceptible también en su obra literaria.

Sus exposiciones personales se realizaron principalmente en los tres países en los que vivió en su etapa de madurez (España, EE. UU., México) si bien deben ser destacadas las colectivas del Jeu de Pomme de París, "El arte español contemporáneo" y la Bienal de Venecia, ambas en 1937.


ORTEGA MUÑOZ, Godofredo
San Vicente de Alcántara, Badajoz, 1905 - Madrid, 1982

Artista autodidacta. Viaja por Europa, Asia Menor y Egipto entre 1920 y 1925; instalándose en Italia, no regresará hasta después de la Guerra Civil. Con un realismo muy personal, formas simplificadas y colores matizados por una paleta tan luminosa como sobria, afronta paisajes concretos que retoma infatigablemente. Describe la serena belleza de lo natural sin especulaciones intranscendentes.

En 1958 expuso en la Sala de Honor de la Bienal Internacional de Venecia.


ORTIZ, Manuel Ángeles
Jaén, 1885 - París, 1984

Discípulo de Larocha en Granada y de Pla en Madrid, gozó de la amistad de Lorca desde su infancia y, ya en la madurez, colaboraría con éste y Falla en el Concurso de Cante Jondo de Granada de 1922, para el que, entre otras ocupaciones, tuvo el encargo de elaborar el cartel anunciador. A su llegada a París, en compañía de Emilio Prados, queda impresionado por el cubismo y también por el surrealismo, aunque en menor medida. Integrado plenamente en el grupo de la Escuela de París no regresará a España hasta 1933 para colaborar con Lorca en el proyecto de La Barraca. La Guerra Civil le truncará diversos proyectos (especialmente el de la organización de un centro de arte de vanguardia en Madrid en compañía de Torres García). Por su significación republicana, se exilia transitoriamente en París y durante casi diez años en Buenos Aires. En 1949 regresa a París y, a partir de 1955, repartirá su tiempo entre esta ciudad y Granada. La influencia de esta ciudad andaluza en sus paisajes es notoria: en ellos realiza una narración plana de las formas, como había aprendido del cubismo, aunque de una manera muy personal.

En 1981 recibe el Premio Nacional de Artes Plásticas del Ministerio de Cultura. Tiene obras en propiedad de Museos como el Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, el MOMA de Nueva York y los de Arte Contemporáneo de Sevilla y Granada. Expuso en el Pabellón Español de la Exposición Internacional de París de 1937, así como en los Salon de Mai de París (1952, 1954, 1955) y en la Bienal de Alejandría de 1963.


PALENCIA, Benjamín
Barrax, Albacete, 1894 - Madrid, 1980

A los dieciséis años se traslada a Madrid para estudiar con Elías Tormo. Sus primeras obras están pautadas por el impresionismo. Juan Ramón Jiménez, al que conoce en 1916, le introduce en los grupos intelectuales de la época y en los que conoce a Ortega, Azorín, Machado, Borges, Dalí y Cossío, entre otros. La participación en el Salón de Artistas Ibéricos de 1925 supone su refrendo como artista. En 1926 se traslada a París durante dos años, en los que contactará con Picasso, Gargallo, Miró y Braque; esta estancia le aporta, además de la recepción de las ideas cubistas y surrealistas, el descubrimiento de diversos medios procesuales como el collage y el fotomontaje que utilizará durante el resto de su vida. Viajes a Berlín, Nueva York e Italia dejarán impronta en su obra. Pero la actividad a la que siempre estará ligado su nombre es la realizada en la denominada Escuela de Vallecas, de la que él debe ser considerado su fundador y, la labor de este grupo, como la configuradora de una estética nacional del paisaje. El nacimiento del grupo puede situarse en 1927, cuando acostumbra a pasear con el escultor Alberto hasta el cerro de Almodovar, en el pueblo de Vallecas, dialogando sobre múltiples temas estéticos que les preocupaban, y a los que frecuentemente se unirían Maruja Mallo y Caneja. El grupo se disolvió con la Guerra Civil pero volvió a reconstruirse tras la contienda, concretamente en 1945, con el nombre de Segunda Escuela de Vallecas y con sus miembros renovados (Álvaro Delgado, Del Olmo, Enrique Núñez Castelo, San José y Carlos Pascual de Lara). A finales de los años veinte, la actividad de Palencia era inmensa, debiendo ser destacadas sus colaboraciones para La Barraca de Lorca (escenografías y figurines para la representación de La vida es sueño de Calderón).

Su obra fue internacionalmente conocida a raíz de su participación en la Bienal de Venecia de 1936. Fue Primera Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1943.


PARRA, Ginés (José Antonio Ramón Parra Menchón)
Zurgena, Almería, 1896 - París, 1960

De orígenes proletarios (minero en Argelia, albañil en Argentina), en 1917 decide trasladarse a Nueva York para estudiar durante dos años en el Art Students League. En 1920 se encuentra en París, estudiando en la Ecole Nationale des Beaux Arts y trabajando para subsistir. Introducido en los grupos de vanguardia por Picasso y Julio González forma parte de la Escuela de París. Su pintura es profundamente dramática, sabia mezcla de fauvismo empobrecido, cubismo y un dibujo expresionista.

La exposición de sus obras en la Galerie des Taureaux de París en 1927 supone para él su acreditación como artista; en 1960 fue incluido en el Salon des Independents de París.


PEINADO, Joaquín
Ronda, Málaga, 1898 - París, 1975

En 1918 ingresa en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, teniendo como profesores a Cecilio Plá y Moreno de Torres. En 1923 se traslada a París para ampliar su formación en diversas instituciones; allí conoce personalmente a Picasso. Fue colaborador habitual de la revista malagueña de vanguardia Litoral. Pintor de género con rasgos cubistas geométricos y cezannianos, se caracteriza por mantenerse en una posición solitaria, sin influencias de modas.

Su consagración como artista se realizó en el Salón de Otoño de París de 1924 y el Museo de Arte Moderno de París cuelga obras suyas.


PELAYO, Orlando
Gijón, Asturias, 1920 - Oviedo, 1990

Exiliado en Orán al finalizar la Guerra Civil, allí comenzará a pintar y exponer. Desde 1947 reside en París y su reconocimiento fue refrendado por el Estado Francés con la distinción de Officier de la Orde de les Arts et des Lettres en 1984. No volverá a España desde su exilio hasta 1967. Su obra, profundamente poética y dramática, se inspira en los grandes artistas españoles del pasado.

Sus obras están presentes en diversos museos, entre ellos el Reina Sofía de Madrid, el Museo de Arte Moderno de la Villa de París y el Centro Georges Pompidou de París.


QUIRÓS, Antonio
Ucieda, Santander, 1912 - Londres, 1984

Su formación se llevó a cabo dentro del academicismo y sus primeros contactos con la vanguardia no fueron plásticos sino literarios, de la mano de sus amigos Gerardo Diego y Federico García Lorca. Su paso al medio pictórico fue dado por influencia de María Blanchard, tía suya, quien le dirige hacia formas cubistas. Se exilia en París tras la Guerra Civil, pero dejará de pintar hasta el término de la Segunda Guerra Mundial para poder luchar en la Resistencia Francesa. Asiste posteriomente en París a la celebérrima Academia Julian y a la Grande Chaumière; es una etapa de estética mecanicista. A finales de los cuarenta visita Cantabria y por entonces su estilo ya está consolidado: realiza una extraña figuración, personajes grotescos y patéticos, y unas naturalezas muertas de objetos prácticamente irreconocibles.


REDONDELA (Agustín González Alonso)
Madrid, 1922

Su formación artística se inicia de la mano de su padre, el pintor y escenógrafo José González Redondela. Tras pasar por la Escuela de Artes y Oficios entra en contacto con el grupo de la Escuela de Madrid, aunque mantiene pautas muy personales: tan sólo parece unirle al grupo su interés por el paisaje.

En 1953 se le otorga el Premio Nacional de Pintura y en 1953 viaja a Estados Unidos merced a una beca de la Catherword Foundation de Filadelfia.


SAN JOSÉ, Francisco
Madrid, 1919 -1981

Sobrino del escritor Diego San José, es azuzado por éste para que inicie su formación artística. Estudia Bellas Artes durante la Guerra Civil como alumno de Vázquez Díaz. Finalizada la guerra, forma parte de la Segunda Escuela de Vallecas, introducido por Palencia. En 1959 se encuentra en Venezuela, donde funda una escuela de arte, y no regresará a Madrid hasta 1970. El período venezolano supone un cambio en su temática: el paisaje se hace urbano y admite otros géneros como la figura y el bodegón; a su regreso recupera la amistad de Palencia, del que se había distanciado antes de su estancia sudamericana, y retorna al paisaje de aire vallecano.

Obras suyas están expuestas en el Museo Nacional de Arte Moderno de Buenos Aires, en el Provincial de Bellas Artes de Huesca y en el Reina Sofía de Madrid.


SERNA, Ismael González de la
Guadix, Granada, 1898 - París, 1968

Tras sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios de Granada se traslada a la Escuela de Bellas Artes de Madrid. Primo del escritor Ramón Gómez de la Serna. En 1921 muda su residencia a París, donde le cuesta introducirse en los altares de la vanguardia, por lo que pasará duras etapas de penuria económica. Con su primera muestra parisina, en 1927, conseguirá atraer la atención de personajes clave de la vanguardia (el editor Tèriade y el marchante Christian Zervos). En 1937 expone en el Pabellón Español de la Exposición Internacional de París. A la etapa inicial de sorpresa cubista le seguirá una segunda procedente del Picasso más clásico y, finalmente, una tercera etapa más personal en la que combina formas expresionistas y abstractas que presentan una visión trágica de España.

Poseen obras suyas la Galería Nacional de Berlín, el Museo de Arte Moderno de París, el Museo de Mannheim y el Centro de Arte Reina Sofía de Madrid.


ÚBEDA, Agustín
Herencia, Ciudad Real, 1925

A principios de los años cuarenta estudia en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. El Instituto Francés le concede en 1953 una beca de estancia en París; al finalizar la misma, prolongará su estancia durante veinte años más. Expone allí con los componentes de la Escuela de París y a su regreso a España imparte docencia en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Con una obra muy personal, reflexiona sobre la sensualidad femenina desde pautas figurativas, irónicas y goyescas.

Obras suyas pueden encontrarse en el Museo de la Villa de París y en el Centro de Arte Reina Sofía de Madrid.


VAQUERO PALACIOS, Joaquín
Oviedo, 1900

Inicia su formación en su ciudad natal con Manuel Arboleya y se relaciona con Evaristo Valle y Nicanor Piñole. Rehusa iniciar estudios en Escuelas de Bellas Artes al considerar que le serán más beneficiosos los estudios de Arquitectura, que realiza en Madrid, donde frecuenta los estudios de artistas que están llevando a cabo el salto hacia la vanguardia. Tras una breve estancia en París, viaja a Nueva York, siendo admitido inmediatamente en los círculos de vanguardia. Su pintura, por entonces, está marcada por el influjo del expresionismo. Alterna su residencia entre España e Hispanoamérica desde 1929 hasta 1950, fecha en la que es nombrado Subdirector de la Academia Española de Roma. En su etapa hispanoamericana sus obras reflejarán temáticamente su enorme capacidad perceptiva en especial la ejercida sobre el arte maya mexicano. Tras una etapa conocida como "época negra", en la que retrata el mundo sociolaboral de Asturias ¬mineros y marineros¬, desemboca en una pintura esquemática que, por influencia del arte clásico y de los paisajes ruinosos de Roma, deriva en una recuperación de los volúmenes y la introducción de espacios arquitectónicos más complejos. En 1965 regresa a España, donde cultivará el género paisajístico, desplegando una gran sobriedad marcada por tonos cálidos, acordes con el paisaje castellano en el que habita.

En 1969 es nombrado académico de la Academia de Bellas Artes de San Fernando. En 1926 y 1928 ya realiza exposiciones en París y Nueva York y en 1929 es invitado a participar en la Exposición Internacional de Barcelona. Asiste con sus obras a las Bienales de Venecia de los años 1940, 1942, y 1954. Pueden contemplarse obras suyas en los museos de Brooklyn (Nueva York), Vaticano de Roma, Museo del Parque de Bilbao y en el Museo de Arte Contemporáneo de Villafamés (Castellón).


VÁZQUEZ DÍAZ, Daniel
Aldea del Río Tinto, Huelva, 1882 - Madrid, 1969

En 1902 se gradúa como profesor mercantil en Sevilla y empieza a pintar de manera autodidacta. En 1903 se traslada a Madrid donde conoce a Juan Gris. En 1906 viaja a París donde vive de cerca la gestación del cubismo, unas formas que se consolidarán definitivamente en sus composiciones. Su etapa parisina dura doce años, consiguiendo ser discípulo de Bourdelle y apreciado por Picasso, Braque y Gris. Desde 1918 hasta su muerte vivirá en Madrid, ejerciendo un maravilloso influjo en las etapas iniciales de artistas que luego demostrarían su valía. Este afectuoso magisterio trasciende incluso el ámbito docente, que desarrolla en la cátedra de Pintura Mural de la Escuela de San Fernando, convirtiendo su taller en un núcleo de peregrinaje de aquellos jóvenes artistas que sientan inquietudes vanguardistas. Entre 1927 y 1930 realiza los frescos del Descubrimiento para el Monasterio de la Rábida. Aparte de la citada interpretación personal del cubismo, otra de las constantes de su obra.

En 1934 recibe la Primera Medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes y veinte años más tarde la Medalla de Honor de la Exposición Nacional de Bellas Artes. En 1968 ingresa en la Academia de Bellas Artes de San Fernando.


VICENTE, Eduardo
Madrid, 1909 - 1968

Tras sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando trabaja en los talleres de escenografía de Amorós y Mignoni. Fue director del Museo Ambulante de Misiones Pedagógicas durante la República. En la posguerra habrá de dedicarse a la pintura industrial hasta que su amigo Cossío, director de la Editorial Espasa-Calpe, le contrata y le introduce en el círculo de D'Ors. Gracias a una beca, puede trasladarse a Nueva York en 1948. Su pintura recibe el influjo de la generación del 98, describiendo seres anónimos y fracasados.

Su obra es mostrada en el Pabellón Español de la Exposición Internacional de París de 1937. Ha participado en diferentes Bienales de Venecia (1940, 1950, 1954 y 1956).


VILLA, Miguel
Barcelona, 1901 - Masnou, 1988

Artista catalán, con un lenguaje personal constante con una preocupación por la materia, en su afirmación de la solidez e independencia de objetos, afines al noucentisme, con una intensificación del rigor de sus imágenes e intensidad de su cromatismo en propuestas cercanas a la pintura de Cezanne y del fauvismo, equilibrado y sereno. Merece ser destacada su sensibilidad para eliminar cualquier rasgo anecdótico e incorporar una gran carga de gravidez tanto estructural como matérica.

Ha expuesto en el Salón de Otoñó de París (1924), en el de los Independientes (1925, 1926, 1928) y en el Carnegie Institute de Pittsburg (1935, 1936, 1937, 1938 y 1950).


VIÑES, Hernando
París, 1904 - 1993

Cuando tiene once años viene con su familia a Madrid, donde inicia su formación plástica. En 1918, tres años más tarde, regresan a París. Es Picasso quien descubre su capacidad expresiva y le aconseja que asista a los cursos de la Grande Chaumière, donde recibe enseñanzas de Lothe y Severini. Impregnado de las ideas del cubismo, el surrealismo y el futurismo, no aparecerá hasta 1930 una obra plenamente personal de gran armonía cromática pero aplicadas de manera agresiva. En 1965 regresa a España.

Sus obras cuelgan de las paredes de importantes museos entre los que deben destacarse el Reina Sofía de Madrid y el de Arte Moderno de la Villa de París.


ZABALETA, Rafael
Quesada, Jaén, 1907 - 1960

Pinazo y Plá serán profesores suyos en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Su estancia en ésta ciudad se reduce a su período de formación ¬la brevedad de su estancia no impedirá su inserción en los grupos de vanguardia existentes, en especial el del Café Pombo¬ y, por problemas patrimoniales debe regresar a su pueblo. Realiza cortas estancias en Madrid, Barcelona, Italia y Francia. Eugenio D'Ors lo incluye en sus Salones de los Once desde 1943. Fue un importante colaborador en la revitalización del Museo de Arte Contemporáneo, por entonces en el olvido. Sabiendo aprovechar las diferentes ideas de los movimientos de vanguardia desarrolla unas formas muy personales; tomando como referencia el medio rural, con esquemas geométricos un dibujo rotundo y unas situaciones de corte ingenuo.

En 1955 es seleccionado para participar en la I Bienal de Arte del Mediterráneo en Alejandría.


 
 


Lista de obras

AUTORES EXPUESTOS

Juan Barjola
La era. Óleo/lienzo 60 x 80 cms. 1958
Tauromaquia. Óleo/lienzo 81 x 100 cms.

Francisco Bores
Bodegón. Óleo/lienzo 73 x 92 cms. 1950
Nature morte à l'antique. Óleo/lienzo 89 x 116 cms. 1963
Naturaleza muerta con cortina. Óleo/lienzo 60 x 73 cms.
Le Marin. Óleo/lienzo 146 x 114 cms. 1932

Antoni Clavé
La señora en la ventana. Óleo/lienzo 90 x 65 cms. 1942

Pancho Cossío
Mesa y sillas (gran bodegón). Óleo/lienzo 73 x 91,5 cms.

Álvaro Delgado
El valle de Miñagón. Óleo/lienzo 81 x 100 cms.
Bodegón de la Paloma. Óleo/lienzo 116 x 81 cms.

Juan Manuel Díaz Caneja
Sin título. Óleo/lienzo 65 x 80,5 cms.

Óscar Domínguez
Le Rêve. Óleo/lienzo 81 x 100 cms. 1946-1947
Pájaros. Óleo/lienzo 100 x 35 cms. 1950
Le coup de grace. Óleo/lienzo 53 x 72 cms. 1946

Pedro Flores
Bodegón. Óleo/tablex 27 x 35 cms.

Menchu Gal
La Costa. Óleo/tablex 50 x 71 cms. 1950
Faro. Óleo/lienzo 89 x 146 cms.
La casa blanca. Óleo/lienzo 81 x 100 cms.

Luis GarcÍa Ochoa
La fábrica. Óleo/lienzo 114 x 146 cms. 1960 (Préstamo. Colección privada)

Ramón Gaya
Homenaje a Rosales. Óleo/lienzo 54 x 65 cms. 1989

José Gutiérrez Solana
Bodegón del pavo muerto. Óleo/lienzo 73 x 104 cms. 1929

Carmen Laffón
Jardines del Alcázar. Óleo/lienzo 36,5 x 56 cms. 1962
Bodegón y Alacena. Óleo/lienzo 81 x 100 cms.

Celso Lagar
La foire au Trône, Paris. Óleo/lienzo 55 x 46 cms.
Puerto de Honfleur. Óleo/lienzo 49 x 68 cms. 1931

Antonio López
El teléfono. Óleo/lienzo 98 x 116 cms. 1963


Francisco Lozano
Balcón al mar. Óleo/tablex 50 x 61 cms. 1959

Cirilo Martínez Novillo
Paisaje con casas. Óleo/lienzo 72 x 92 cms. 1950

Francisco Mateos
El friso de los peces chicos. Óleo/lienzo 122 x 183 cms. 1962

José Moreno Villa
Florero y Copa. Óleo/lienzo 54,5 x 65,5 cms. 1931

Godofredo Ortega Muñoz
El camino. Óleo/tablex 73 x 92 cms.

Manuel Ángeles Ortiz
Bañista en el crepúsculo. Óleo/lienzo 27 x 35 cms. 1951

Benjamín Palencia
Paisaje de Guadalupe. Óleo/lienzo 65 x 81 cms. 1957
Montes. Óleo/lienzo 65 x 81 cms. 1963

Ginés Parra
Frutero. Óleo/tablex 46 x 36 cms. (h. 1945)

Joaquín Peinado
Sin título. Óleo/lienzo 64 x 91 cms. 1927
Bodegón. Óleo/cartón 70 x 100 cms. 1952

Antonio Quirós
Raqueros. Óleo/lienzo 73 x 92 cms. 1970
Niña. Óleo/lienzo 73 x 60 cms. 1970

Agustín Redondela
Anochecer. Óleo/lienzo 81 x 65 cms.
Pueblo. Óleo/lienzo 50 x 70 cms.

Francisco San José
Vista de Madrid desde los campos de Vargas. Óleo/lienzo 73 x 100 cms. 1952

Ismael de la Serna
Bodegón. Óleo/tablex 100 x 60 cms. 1930

Agustín Úbeda
Sendas que pierden horizonte. Óleo/lienzo 81 x 100 cms.

Joaquín Vaquero Palacios
Paisaje. Óleo/tablex 49 x 67 cms.

Daniel Vázquez Díaz
Paisaje de la Rábida. Óleo/lienzo 114 x 142 cms. 1930
Baño en la Pedriza. Óleo/lienzo 52 x 56 cms. 1940
Rua de Portugal. Óleo/lienzo 42,5 x 32,5 cms.

Miguel Villa
Bodegón de frutas. Óleo/lienzo 54 x 73 cms.

Rafael Zabaleta
Paisaje montañés. Óleo/lienzo 65 x 81 cms.


OTRAS OBRAS DE LA COLECCIÓN

Francisco Árias
Paisaje. Óleo/lienzo 50 x 70 cms.

Juan Barjola
Tauromaquia. Óleo/lienzo 81 x 100 cms.

José Beulas
Paisaje. Óleo/lienzo 46 x 65 cms.

Óscar Domínguez
Torero y toro. Acuarela y tinta 55 x 38 cms.

Luis García Ochoa
Figuras contemplándose. Óleo/lienzo 65 x 81 cms.
Morena. Óleo/lienzo 22 x 16 cms.
Mujer tapándose la cara. Óleo/lienzo 22 x 27 cms.

Ismael González de la Serna
La maison avec jardín. Óleo/lienzo 81 x 60 cms. 1928

Emilio Grau Sala
Carreras de Deauville. Óleo/lienzo 54 x 65 cms.

Julián Grau Santos
Combarro. Óleo/lienzo 46 x 55 cms.

Francisco Mateos
Máscaras. Óleo/lienzo 100 x 81 cms. 1972

Godofredo Ortega Muñoz
Alcornoques. Óleo/tabla 30,5 x 37 cms. 1970
Paisaje con camino. Óleo/tablex 34,5 x 38,5 cms.

Orlando Pelayo
Composición Abstracta I. Óleo/tablex 16,5 x 12 cms. 1950-1955
Composición Abstracta II. Óleo/tablex 16,5 x 12 cms. 1950-1955
Composición Abstracta III. Óleo/tablex 20,3 x 26 cms. 1950-1955
Composición Abstracta IV. Óleo/tablex 20,3 x 26 cms. 1950-1955

Agustín Úbeda
Casa. Óleo/lienzo 73 x 54 cms.


Eduardo Vicente
Plaza. Óleo/lienzo 54 x 65 cms. 1955

Hernando Viñes
Interior. Óleo/lienzo 97 x 130 cms. 1939


 
 


Origen