Aprovechando los cielos borrascosos y las tormentas eléctricas de Kaleva, Munkki Juhani levanta su poderoso báculo gnóstico en forma de tau y transforma las energías radiantes por medio de una polarización cósmica fotoígnea. En las cosmogonías nórdicas tanto el relámpago como los rayos solares tienen propiedades destructoras y fertilizantes a la vez, como la lanza de Aquiles, que podía herir o sanar. Para los guardianes de la luz que conceden la vida o la muerte, el relámpago se asemeja tanto a una descarga mortífera como a una emisión de esperma. El relámpago fecunda el agua y hace brotar la inspiración, pero puede achicharrar a los espíritus díscolos o rebeldes. En las sagas islandesas estudiadas por Borges el héroe Browulf exclama valientemente Moski, roski ut plandengui! (¡rayos, truenos y centellas!) mientras con su drakar sortea la lluvia de relámpagos enviados por los soberanos de Asgard.