Vincench Barrera

Al reflexionar sobre la proyección de signos o elementos del entorno físico y espiritual circundante sobre el individuo, a la vez que reflexiona sobre el sentido del arte y los modos de representación, objetivos y funciones de lo artístico, Vincench Barrera ha desarrollado un lenguaje en el que se imbrican tendencias actuales del discurso plástico contemporáneo y el sentido esencial profundamente arraigado, asentado de tradiciones populares. Las piezas despiden una especie de "aura", austeridad "minimalista", (visualidad minimal y conceptual) donde la serialidad, economía de recursos, la síntesis, el uso sobrio del espacio, la presentación fría y analítica dotada de esteticidad y diversos elementos constitutivos afines al discurso plástico actual, se funden en un todo matizado por la intención sociológica, la fe poética y la fuerza del sentido ritual.

Con el objetivo de crear un diálogo entre lo público y lo privado, transgrede esas zonas religiosas en las que participa desde dentro –el acercamiento al universo Yoruba, a la Regla de Palo Monte, al Tratado adivinatorio de Ifá y a las recetas más comunes de las supersiciones populares– que son activadas hacia fuera, haciéndolas transitar de un espacio interior a uno exterior y viceversa. Desde La huella simbólica. Motivo de ideología (1995), donde la distancia crítica se torna imprescindible para el análisis de determinados segmentos culturales que se manifiestan a escala social y que permiten reconocer niveles de identificación colectiva, va desplazando su recorrido hacia un terreno más privado. De la resistencia al folclor habla además del movimiento de los años ochenta como cultura de resistencia. El sentido y la visualidad semi-abstractos de su propuesta dejan entrever conflictos en torno a la representación que conducen a la síntesis compositiva y el rejuego analítico. Su propuesta significa también una interesante reflexión sobre el orden constructivo y referencial del proceso creativo y la sucesión de significados. La fragmentación, repetición de elementos y la ubicación de estructuras conducen a la recreación de un singular tratamiento de lenguajes contemporáneos, junto a preocupaciones relativas al acontecer actual.

Masificar determinadas ceremonias religiosas implica prever niveles de intervención pública. La serie Lecciones de Ifá, –un tránsito hacia una morfología más escultórica– tiene como fin traducir para el público, a manera de advertencia, lo que ya ha sido advertido para el artista a través de los textos sagrados. La serie, de evidente matiz autobiográfico, aúna las vertientes sicológicas y sociológicas de la antropología (con raíces en los ochenta), donde el artista actúa como mediador entre el credo y el público. Para marcar la piel (1994) sugiere lo difícil que resulta escapar no sólo de las determinantes culturales, políticas, sino de las propias huellas de los signos, impuestos del lenguaje como límites, sucesivamente "atravesados"; intentando una reflexión sobre estados de poder y control sobre el individuo, para lo que propone tal vez el arte como una cura posible.