| Los comportamientos actuales del arte cubano, en los que la renovación y "criollización" de lenguajes proponen nuevas lecturas de la realidad, vinculan temas referidos al hombre y su histórica relación con el espacio, revisitando el pasado en un juego constante de apropiaciones y aproximaciones verdadera antropología cultural que intenta, desde la investigación creadora, interpretar, habitar y recuperar el presente. Esta incursión en códigos de disímil procedencia explica la convivencia de movimientos, estilos y corrientes con problemas propios de la cultura nacional: Lo vernáculo (el kitsch, la yesería), lo ideológico (la hoz y el martillo), lo artístico. Asociaciones que rompen límites históricamente contrapuestos como buen-mal gusto, arte culto-popular y arte masivo-elitista. La obra de Esterio Segura ha llevando a cabo producciones paralelas que tienen como vórtice ideas alusivas al decursar de los diferentes procesos históricos y socioculturales de los que ha participado el contexto: "Utilizo todos los modos de representación que se me antojan, con el mismo desenfado con que nos ha dotado nuestro eclecticismo, mestizaje, sincretismo. Las esencias de mi obra se han visto mezcladas en imágenes religiosas, eróticas, objetos kitsch, ídolos del comunismo, hasta con fresa y chocolate. Metáforas costumbristas, que cuentan las historias digiriendo el tiempo y su memoria". El empleo abierto de la ironía acompaña el trabajo con el kitsch religioso, la adopción de temas con implicaciones políticas a través de la imaginería que devela el carácter sacro de la ideología política. Obras como El ateo erguido (1992) o Santo de paseo por el trópico (1992) o una serie de clara inspiración en el retablo religioso destacan el tema mesiánico asociado a la historia cultural e ideológica de la isla. La Natividad, El cordero sagrado, La Caridad del Cobre o América Hermosa (la isla de Cuba y tres carabelas cuyo estandarte son las figuras de Marx, Engels y Lenin), Martí y el dragón, aluden así a la superposición de momentos históricos significativos de oleadas culturales e ideológicas, a la vez que ironizan sobre una suerte de lucha entre "bien y mal" (Cuba y Estados Unidos) desde la contraposición de arquetipos políticos y culturales. Recientemente su trabajo se basa en la investigación y documentación fotográfica de personajes. "Legítimas representaciones de la locura de los complejos cambios que ha hecho la historia; una especie de fauna urbana que existe en mayor o menor cantidad en muchas ciudades del mundo y que en la Cuba contemporánea tienen características muy ligadas a una dimensión distinta de la historia y la memoria". Por mi Habana pasó un trineo (1997) es parte de una serie de figuras basadas en sus observaciones de personajes callejeros que han adoptado, queriéndolo o no, excentricidades conspicuas. Estos personajes aparecen en la propia documentación fotográfica y en la intimidad de dibujos y esculturas que vienen a ser la reencarnación de sus propias alucinaciones individuales y/o colectivas: "La justa evidencia de los viejos recuerdos que se frustraron o que nos hacen reír como en un estado delirante de locura". La figura del artista sobre un trineo, también se refiere al pasado ruso de Cuba. Nuevamente asoma la problemática del pasado, de lo que del pasado constituye parte del legado de la identidad nacional, que sirve de subtexto para gran parte del arte contemporáneo cubano. Cuando se reglamenta la memoria histórica como sucede en Cuba los hechos y la ficción se confunden *. Scott Watson: "La forma contra el contenido: el proyecto de un arte cubano revolucionario" en Utopian Territories. New Art from Cuba, Contemporary Art Gallery, Vancouver, pág. 146. |