| La insularidad, los procesos migratorios y sus efectos constituyen una de las problemáticas fundamentales del arte cubano contemporáneo. Nuestra condición de isla y los instrumentos de una identidad sometida al reflujo migratorio, a las múltiples rupturas crean una dualidad que se reconoce viva dentro y fuera del país más allá de diacronías y limitantes, generadora de un proceso de interacciones y confluencias que forman parte insoslayable de las motivaciones en el arte, la vida y la cultura. Desde el recuerdo de aquellos que han muerto intentando atravesar en precarias embarcaciones el estrecho de la Florida, Sandra Ramos se representa en el fondo del mar de sus cuadros y maletas como un intento por compartir tal suerte y como expresión unánime de aquello que murió en el alma de cada cubano. En las maletas (Migraciones II, 1995) donde el que viaja o emigra "carga" su mundo de nostalgias y aspiraciones, los óleos donde recrea la existencia traumática del desarraigo y las calcografías, donde ironiza sobre el turismo y los accidentes cotidianos, Sandra Ramos reproduce un "rostro" que se repite uniendo en una misma trama los recuerdos de la artista con historias que pertenecen a la memoria colectiva. Es el retrato de una reina holandesa, que tomó de un grabado del siglo XIX y que posee un extraordinario parecido con la artista, lo cual refuerza el carácter autorrefencial de sus obras, al tiempo que enfatiza el mundo de quien abandona Cuba para siempre. Este personaje se mezcla en algunas series con la figura de Alicia en el país de las maravillas, que tiene la función de comentar la historia reciente del país incorporando personajes clásicos de la caricatura política popular cubana, como Liborio y el Bobo de Abela, que son símbolos del pueblo cubano durante el período neocolonial. Para Sandra Ramos el arte constituye un medio de comunicarse con las demás personas; de explicar el significado del mundo al que pertenece. El autorretrato es una forma de meditar acerca del hecho de pertenecer a una isla políticamente distante del resto del mundo, donde la historia colectiva y el destino personal se encuentran estrechamente relacionados en la recuperación de una memoria individual y social. Su trabajo reciente aborda la representación imaginaria de un mundo acuático. Nuevos materiales, como agua, peces, arena, crean otra isla debajo del agua: un mundo nuevo, artificial, definido por la imposibilidad de cambiar la realidad humana. La especulación filosófica se basa en el origen del hombre y la humanidad en el agua primaria, descrito por Tales de Mileto, y en la idea de Heráclito del río que siempre fluye. El agua es vista como un elemento natural que determina el destino del país, una tormenta de agua que nos brinda la vida y la muerte. Es "una hipérbole de la inconformidad, hasta la isla aspira a escapar de la fatalidad: La maldita circunstancia del agua por todas partes (1993), tal como la describiera el poeta cubano Virgilio Piñera, una de las uniones simbólicas más agudas entre el cuerpo y la isla. El cuerpo mismo de la artista es la isla (rodeada de elementos emblemáticos de cubanidad) "soñando tal vez con ser un continente". La historia convocada en sus contornos, personajes, "criaturas de isla" que igualmente han vivido el arraigo, el desarraigo, y han trascendido sus fronteras, desde ese sentido de levedad y fragilidad con que se asocia al espacio insular, territorio propicio para el tránsito: "La isla puede parecer tan ingrávida e inestable como un barco o un avión, tan precaria y etérea como la noción de lo eterno" *. Eugenio Valdés Figueroa: "La llave y el ojo en la cerradura. De Construcciones y Utopías en el Arte Contemporáneo Cubano" en Utopian Territories. New Art from Cuba, Contemporary Art Gallery, Vancouver, pág. 151. |