| La versatilidad y autonomía del gesto pictórico, una voluntad de emancipación donde se entretejen ideas en torno a la existencia constituyen los posibles rasgos definitorios de la obra de Carlos Quintana. Una imagen primordial, cosmogónica, en continuo movimiento, en la comprensión del origen de una pintura como expansión irregular o estallido de signos que escapan hacia los límites del soporte y del pensamiento en un trabajo identificado por un especial sentido de transgresión: "extenuación y revitalización de lo pictórico" *. Recursos que vinculan tendencias y lenguajes, lo grotesco expresionista, índices surrealizantes, trazos informalistas, la espontaneidad del gesto, de la acción, los poderes del signo y una suerte de irracional ejercicio de violencia sobre la imagen que parece estar continuamente en juego, como en la pintura de Pollock durante la búsqueda del objeto subsconsciente **. Una voluntad de expresión articulada sobre la base del cruzamiento continuo de los límites entre abstracción y figuración, que condiciona las resoluciones visuales y conceptuales más allá del paisaje de emociones y acontecimientos narrado por el imaginario. La memoria sobre la base de áreas, líneas, manchas que insisten en el trazado de figuras antropomorfas, sobre áreas cambiantes de materia y color. Redescubrir el ser en el juego continuo del arte y sus alcances territoriales, donde metáfora y alegoría se instauran para asistir al disfrute de la libertad. Evidencia, testimonio de la existencia como un recorrido y un estar en el mundo simbólicamente registrado en el universo de la pintura que es, en sí, espacio, religión y sentido de la vida del artista. Museo de arte, placer puro, como necesidad de reconocimiento ante frecuentes estados de dispersión, pérdida y olvido acentuados por el entorno contemporáneo. Espacio testimonial que reclama la reorientación de una mitología, el intento de restauración de coordenadas existenciales y direcciones continuamente diluidas. * Cfr. Fernando Castro Flórez: "La carne de la pintura. Una nota en torno a una obra de Vicente Peris" en Vicente Peris. Gestos y Ceremonias, Consorcio nacional de Museos de la Comunidad Valenciana, septiembre-octubre 1998, pág. 130. ** Rosalind E. Krauss: "La transgresión está en el ojo del observador" en Creación. Estética y Teoría de las Artes, n.º 6, Madrid, octubre 1992, pág. 43. |