| Textos, transcripciones orales, ofrendas, fetiches, componentes religiosos acompañaron durante los años 80 la documentación fotográfica de su propia maternidad. La obra de Marta María Pérez realiza un emplazamiento de la superstición en Cuba, que funciona en palabras de Osvaldo Sánchez "como ilustración lúdrica ¿lacaniana? de una profanación del tabú; y tal vez como una crítica autobiográfica de fina ironía ante los atributos kitsch de la maternidad moderna". La experiencia individual pasa de motivación inicial, recreada con impecable esteticismo, a categoría orientadora de ideas que exceden el contexto nacional y la propia presencia narrativa u objetual. Haber parido jimaguas acentúa este alcance, al recordar que en "toda la tradición mítica la Maternidad descansa sobre esa dualidad arquetípica: Osiris y Set, Abel y Caín, Rómulo y Remo, San Damián y San Cosme, los Ibellis (de la tradición yoruba)". La obra posterior, realizada en México, mantiene esta tensión sicológica, enfatizando la sutileza, plasticidad y síntesis comunicativa de la imagen. Receptáculo físico, evocador del drama social, individual y colectivo, del recuerdo, su cuerpo deviene protección y resguardo, reliquia, sublimación y comunión con el universo. Dimensión poética ancestral que convierte el cuerpo de la mujer en constante referencial del discurso femenino, en paisaje o naturaleza original del discurso. Obras que recuerdan la perspectiva integradora de las esculturas, performances, huellas y siluetas de Ana Mendieta para la que "utilizar su cuerpo era como una técnica de inmersión, como un tocar fondo catárquico, que le hacía trascenderse a sí misma para subrayar la inmediatez y la eternidad del flujo vital colectivo". Su obra reciente vuelve a recrear imágenes que hablan de la angustiosa realidad del ser e indagan en sus zonas de fragilidad. De ahí que actualice el legado de un mundo ancestral para ofrecernos la protección que demandamos. Participando de las premisas de la fotografía construida y elaborando sus propios rituales plásticos, Marta María Pérez se ha comprometido definitivamente con el arte que utiliza al cuerpo como entidad discursiva. En sus propuestas estéticas, la identidad personal aparece como una ampliación de la identificación colectiva y el discurso religioso-mitológico como recurso metafórico de un contexto mayor. |