| La obra del grupo Gabinete Ordo Amoris está basada esencialmente en la reflexión sobre la dualidad que existe entre la percepción de la obra de arte, a través de un sistema semántico, y la extracción del trabajo artístico desde la realidad más inmediata. En este acercamiento destaca la sensiblidad convertida en obsesión de coleccionista, colección asistemática como museo de lo pretérito, Ordo Amoris despliega hechos sencillos, toscos, objetos acumulables, muestrarios desapegados, con aire documental, evidencias que dan un orden y una oportunidad a lo factual. Al consolidar una objetualidad, atrapada la mayoría de las veces en lo circunstancial, les permite poner de manifiesto los límites del arte en relación con la permanencia de los límites de la utopía. Algunos de sus trabajos insisten en presentar la realidad sociohistórica de una objetualidad encerrada en la condición serial y en las reacciones prestablecidas. Durante la pasada Bienal de La Habana, el grupo instaló un par de antenas de televisión, una original y una copia fabricada por ellos mismos. La obra titulada Un día como otro cualquiera (2000) acentúa el sentido de su propuesta al validar el arte surgido de la cotidianidad más cercana al individuo, al tiempo que insisten sobre la idea de las antenas también como Transmisiones en cadena (1998) que accionan los reclamos de una mayor comunicación y colectivización de la percepción social y estética. El trabajo del grupo es más una investigación constante que arte, diseño u otra manifestación. En obras como Taxi-limosina, Parquear la bicicleta y Evite ser requerido se alcanza ese equilibrio entre preocupaciones de índole formal, selección y tratamiento del material, técnica, y las inevitables resonancias sociales, económicas que tales materiales y artefactos evocan, enfatizando la definitiva intención del grupo de lidiar con lo social y lo histórico en el presente. Se basan en tres afirmaciones: "nada es para siempre, nada es feo, y todo es arte". Buscan el lugar de convergencia donde los espacios se encuentran, donde el límite desaparece y las relaciones arte y cotidianidad encuentran su cercanía más enriquecedora. Antonio Eligio Fernández (Tonel): "Por La Habana en limosina" en La Gaceta de Cuba, n.° 6, 1999, pág. 22. |