Heriberto Mora

Si la iconografía afrocubana ha sido uno de los temas de interés fundamental para el arte cubano, hacia finales de los años ochenta emerge la presencia de una fuerte raíz católica, que participa de los más disímiles discursos. Lo religioso ha acompañado las indagaciones conceptuales, investigaciones y búsquedas expresivas de los artistas como parte de una relación lógica e indisoluble entre al arte y la vida. El Cristo en la Santa Cruz realizado por Heriberto Mora en Santa Cruz de Mudela, 1993, acciona un conjunto de determinaciones y referencias donde se entrelazan lo simbólico, lo estilístico, la traspolación de códigos y lenguajes (el dramatismo de Cristo en la cruz, la expresividad, los enclaves propios del barroco), desencadenantes de una serie de derivaciones sígnicas, altamente significativas.

La obra funciona así como propuesta de indagaciones pictóricas en las que lo formal y lo conceptual comulgan legitimando el traslado de elementos diversos al espacio discursivo, vinculando la acción de creencias o motivaciones con preocupaciones de orden artístico y social, conquistando fórmulas y espacios de "significación estética" que rescata procedimientos y tradiciones como elementos coexistentes en muchas creaciones y derivaciones marcadas por la extraña simbiosis de lo artístico. El dramatismo desplegado en su pintura deja entrever las determinaciones contextuales de una obra realizada en un lugar y un momento específico, a un tiempo marcado por la ausencia de coordenadas, procesos de adaptación y extrañamiento en el tránsito hacia nuevas realidades.