Los Carpinteros

Los Carpinteros unifican en sus obras la ebanistería, el diseño, la pintura y las estructuras metálicas, todo en un proceso productivo que es visto por el grupo como una actividad performática. El análisis y la disolución de los límites entre géneros, manifestaciones artísticas, significado y significante, objetos y lenguajes sin renunciar a la ironía y a un refinado humor es la base de un trabajo de creación en conjunto con una clara intención de recuperar la importancia histórica como la visión artesanal del proceso.

Esto permite un desplazamiento temporal mítico histórico, un juego con las paranoias y las obsesiones de siempre por las diferencias (sociales, geográficas, políticas), revirtiendo los extremos con simulaciones, travestismo, autorreferencia y nuevos conceptos de transformación de las funciones de objetos para crear una metáfora sobre un imaginario lleno de evocaciones introspectivas y existenciales. Habana Country Club (1994), La caza (1995) o Caballo de Troya (1995) constituyen obras donde la interacción entre el hedonismo y el preciosismo del trabajo escultórico de matices artesanales que velan el contenido sociopolítico, las alusiones contextuales y la poética del autorretrato organizan el discurso en función de las diversas alusiones críticas y contextuales: alusiones a la transferencias de poder, a las aspiraciones de confort y lujo, contradictorias en una generación educada en la austeridad colectivista, entre otros aspectos como la persistente condición elitista del arte contemporáneo cubano y la actitud simulacionista del arte.

La compleja evolución de la ritualización del objeto artístico acompaña un trabajo reciente cuya "preocupación central gira en torno a la comunicación humana, hoy amenazada por el aislamiento individual y social como resultado de un aumento creciente de la violencia en nuestras sociedades". Así vinculan el sentido de sus obras a los desafíos que la tecnología impone a nuestras vidas. Esta idea se sustenta en sus conceptos iniciales remitidos a su interés por la arquitectura. Se valen de estructuras metálicas que conforman espacios habitacionales sui géneris, dotados del aura de lo enigmático. Sugieren misterios, simulaciones, juegos, en torno al espacio y al tiempo, y un gran poder de evocación mediante construcciones conscientes que abren el transcurso del imaginario. Espejos de agua, 2001, emana una energía especial, en la que el silencio permea la atmósfera que generan las piezas. El simulacro insiste en expresar la ambivalencia de un rejuego de espejismos, la mesa de dibujo (la creación) deviene una superficie movible, líquida, penetrable y moldeable, de extensiones infinitas, capaz de reflejar, a su vez, el entorno circundante.