| Los botes y toda forma de desplazamiento son el motivo central de la obra de Kcho. Los botes y la idea del viaje, el traspaso de los límites, los botes como figura poética que señalan lo que se quiere y cómo y hacia dónde se viaja. "Yo no creo que haya otro medio de transporte que diga tanto sobre la gente", comenta el artista. La utilización de materiales de desecho, extraídos del entorno y la constante evocación del mar y la fuga resaltan la idea de que nada es permanente y todo se transforma. El artista ha utilizado frecuentemente objetos, trozos de madera, cuerda, ropa, botellas, vidrio, restos posteriormente ensamblados y manipulados, cuya propia historia enriquece y condiciona el significado visual y conceptual de las obras. Piezas de gran formato, esculturas, instalaciones o dibujos que giran alrededor de la idea del mar y el viaje. El paisaje de una isla que ha marcado su "doble insularidad" (Kcho nació en la isla de la juventud, situada al sur del archipiélago). Obras como La columna infinita (1996, alusión a la obra de Constantin Brancusi) y A los ojos de la historia (1992-1995, relectura de la pieza de Tatlin Monumento a la III Internacional, 1919-20) se erigen como metáforas de la utopía, de estructuras y creaciones, de una precaria monumentalidad, la fragilidad de los márgenes y las localizaciones, de sentimientos de temporalidad, estados de provisionalidad en constante transformación En sus instalaciones, dibujos y proyectos lo real y lo irreal se entrelazan, la imagen de sus botes, embarcaciones que nos hacen reflexionar sobre la precariedad de nuestras permanencias y en los hundimientos de nuestros traslados, porque "dan la ilusión de que flotan pero en realidad no lo hacen". El viaje, la nostalgia, la pérdida son las ramificaciones de obras donde la propia articulación (en movimiento continuo) del dibujo es la ascensión del tránsito. Sugieren dimensiones sutiles y sobrecogedoras que van más allá de lecturas contextuales o anecdóticas. El posible emplazamiento de narrativas o enclaves referenciales deja paso al disfrute de estados contemplativos, magnitudes infinitas, una especie de condición sublime, poética en la que prevalece la vitalidad incesante de continuas revelaciones, sugerencias e interrelaciones discursivas. El camino de la nostalgia (1994-1999) ofrece, como la constante transformación de su imaginario, un viaje "sucesivo y eterno" a través del espacio y el tiempo. |