Juan Abreu

Las apropiaciones e intervenciones urbanas como elemento cercano a la identificación cotidiana e íntima con el "otro" y como forma casual de encuentro con el ambiente urbano en una alternativa a la "otredad" constituyen una forma de "exilio ambulante" o manera de recuperar sueños, de pretender, en reinos de individualidad y descrédito, configurar utópicos espacios de encuentros, remodelaciones y aperturas. Falto de lugar, autoexiliado, el artista busca un nuevo espacio, un nuevo modelo, y su búsqueda inventa espontáneamente un espacio móvil, nómada, a través del cual pasan las riquezas de la ciudad. Este espacio es una tierra llena de dobles sentidos y dobles entradas . La obra de Juan Abreu se compone de estructuraciones tendientes a estabilizar, recomponer planos e imágenes hacia un ordenamiento y básico equilibrio en función de facilitar la comprensión y el entendimiento de facultades y de asimilar elementos directamente extraídos del ámbito cotidiano.

Los trazados instalativos funcionan como Nuevos lugares, nuevos mapas (1999-2002), lugares de referencia y localización que acompañan el intento de reconstrucción de mapas individuales y cartografías psicoculturales que potencian métodos de localización y reubicación en la memoria afines a la condición humana. La intención de trasladar o llevar consigo los espacios que de algún modo conectan con su casa natal es un modo de reconocer y trascender la imposibilidad, de retenerla. La tendencia a la nostalgia y a la traspolación de espacios como modo de diferenciación y reafirmación en situaciones de diáspora y exilio.

Alcanzar, abrazar, colocar fragmentos, capturas fotográficas del espacio es la creación de un muro contra la diáspora y el paso del tiempo. Colgar las fachadas, las entradas y salidas de un espacio doméstico en conflicto permanente, eterno dilema inherente a las condiciones objetivas de su existencia que lo relaciona y conduce al reflejo de su entorno. Habitación, ciudad, casa, cuerpo, sentimiento de soledad, nostalgia de ese lugar que definitivamente habitamos y construimos. Como el arte, en continuo cambio y transformación, infinitamente complejo e inconmensurable, la obra deviene lugar de confluencias y soledades, de citas y ausencias, despedidas y entrecruzamientos, "lugar de todos los lugares", forma parte de esos territorios diferentes, enigmas del ser humano, aún por conocer.