La instalación está formada por una columna de madera con ocho caras, apoyada sobre una tarima de metal. La columna contiene una serie de sensores al tacto y la presión. Cuando los espectadores se acercan, la tocan o la abrazaban, se disparan grabaciones de voces. Anteriores al propio significado de las palabras, estos sonidos recogen distintos estados emotivos: desesperación, angustia, placer, alegría, ternura... El programa permite recombinar situaciones y distorsionarlas. Esta instalación ha sido pensada para un solo usuario.
De entre los variados aspectos que sugiere esta pieza cabría destacar dos: la expansión del gesto y la dimensión emotiva. Alfabeto insiste en la idea de las interfaces corporales que permiten controlar simultáneamente, imagen, sonido y movimiento, pero en este caso no se limita al performer, como en Epizoo o Afasia, sino que la hace extensiva al espectador, al que provoca hasta implicarle.
La sustitución de la relación entre humanos como generadora de emociones por otros elementos tiene, en las diferentes manifestaciones artísticas, una larga tradición.
es habitual, por ejemplo, emocionarse escuchando una composición musical, o llorar ante una película. Estas creaciones artísticas apelan a nuestra forma de ser, a nuestro estado de ánimo y nos provocan una determinada emoción. Sin embargo, nuestra relación frente a estas situaciones es casi siempre pasiva. La idea es, pues, convertir un cilindro, a través de los sensores y un sistema informático, en un ente capaz de respuesta, y que invite a cambiar nuestro rol de receptor pasivo. Al interactuar mediante nuestros gestos con la columna, nos convertimos en sujetos activos, en moduladores de temperamentos vocales.
Alfabeto 

Uso: Dos sensores reconocen la presencia del espectador en la sala, y activan el dispositivo interactivo. Un sensor situado en la base superior de la columna identifica el "estado emotivo" de la columna. Organizados en cinco grupos, estos "estados" son distintos entre sí. Este interruptor determina la jerarquía de uso, de tal manera que el resto de los sensores activan sólo el conjunto de sonidos que conforman cada "estado".
Hay veinte sensores digitales sensibles al tacto y repartidos a lo largo de las caras del cono, que activan las distintas voces; la situación y el número de los sensores activados determinan las onomatopeyas y su "conjugación". Los sensores de resistencia colocados en las ocho esquinas de los lados de la columna reconocen la presión del abrazo y distorsionan las voces.

Elementos de la instalación:
-Columna ortogonal de madera, 140cm altura, 40 cm diámetro.
El interior de la columna contiene 4 altavoces situados a distintas alturas y 20 fotosensores. En el exterior de la columna, situados desde arriba hacia abajo, en las aristas del cono, 8 sensores a la presión.
-Una tarima-escalón de metal, cuadrada, de 150 x 18 cm.
-Ordenador PC con tarjeta de sonido y sistema de control digital de sensores externos.
-Cables diversos.
-Iluminación.