Obra en la colección
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Seduzir (#9) - 2002
FICHA TÉCNICA
Pietà, 1993
Color Cibachrome, 178,8 x 178,8 cm
Adquisición: Junio de 2003
Procedencia:
La Fábrica Galería, Madrid (España)
Edición: 1/3 + 4 P.A.
Información detallada de la obra
Trayectoria
Lisboa (Portugal), 1934
Licenciada en pintura por la Escola Superior de Belas-Artes de Lisboa,
Helena Almeida es hija del escultor Leopoldo de Almeida, madre de la
artista Joana Rosa, y esposa de Artur Rosa, arquitecto y escultor que
también realiza sus fotografías.
Durante más de treinta años, el trabajo artístico
de esta portuguesa se ha afirmado como portador de un lenguaje expresivo
en el que confluyen diversas disciplinas y actitudes. Aunque generalmente
aparece representada en los manuales como fotógrafa, su obra
se encuentra íntimamente relacionada con otras artes plásticas,
como la pintura y la escultura, debido al minucioso proceso de elaboración
de las imágenes, y al empleo de pigmentos y materiales complementarios
en la realización de las fotografías.
Su discurso creativo encuentra su base en la auto-representación.
No se trata meramente de autorretratos, la artista aparece siempre
como modelo, escenificando distintas facetas: como autora, como mujer,
planteando sus dudas personales ante la vida. Sus composiciones suelen
presentarse como escenografías secuenciadas a la manera cinematográfica,
instaurando espacios donde Almeida consigue emplazar su subjetividad.
Pese a convertir su cuerpo -y la experiencia personal del mismo-
en el objeto fundamental de su trabajo, en las obras de Almeida no
hay lugar para el relato autobiográfico, mostrándonos
su fisonomía como único soporte y ve-hículo de
comunicación -Ouve-me, 1979.
La artista y su cuerpo son siempre los protagonistas: sus formas,
sus posturas y su relación con los objetos de su estudio son
las principales categorías de interacción empleadas -O
Atelier, 1983. Esta auto-representación a través del
lenguaje fotográfico tiene como objetivo último indagar
en los límites de la representación -no hay que olvidar
que sus orígenes coinciden con el apogeo de la performance y
el debate surgido alrededor del arte conceptual.
Mientras Helena Almeida se introduce en el cuadro, los procedimientos
de la pintura se sitúan en el exterior de la imagen, sobre la
fotografía en blanco y negro. En ocasiones la artista deviene
una gran mancha negra -Espaço espesso, 1982; Negro Agudo, 1983-
otras, su cuerpo se deja contaminar por brochazos de color que ensucian
sus formas -Perdão, 1993. Sus imágenes nacen pues de
la pintura, disciplina en la que experimentó durante la década
de los setenta para concluir identificando el cuadro-objeto con el
propio autor en obras como Desenho Habitado o Pintura Habitada, ambas
de 1975. Pese a su más que evidente relación con la performance
y el body art, la artista somete todo su proceso creativo a una imagen
preconcebida, realizando minuciosos bocetos hasta encontrar la representación
deseada. Lo que contemplamos es sólo el resto de una acción
compleja que puede implicar una larga y cuidadosa elaboración.
A. S.