Joaquín Peinado

Obra en la colección

Trayectoria

Joaquín Ruiz Peinado, llamado Joaquín Peinado
(Ronda, Málaga, 1898- París, 1975)

En 1915 comienza sus estudios en la Escuela Superior de Comercio en Sevilla que muy pronto abandona por la pintura animado por dos amigos de la familia, los artistas brasileños recién llegados de París, Mario y Darío Barbosa. En 1918 llega a Madrid para ingresar en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Durante los años siguientes se integra en el ambiente artístico de la capital, conoce a Maruja Mallo, Salvador Dalí, Federico García Lorca, Carlos Sáenz de Tejada, Francisco Bores, Benjamín Palencia, José Moreno Villa, etc.
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Manuel Ángeles Ortiz había nacido en Jaén en 1895, pero su familia se trasladó a Granada cuando el artista tenía tres años, y tanto esta ciudad como su íntima amistad con Federico García Lorca habrían de marcarle para siempre. Exitoso en sus inicios con pinturas costumbristas, sus juveniles asimilaciones del colorismo postimpresionista fueron especialmente acertadas; aunque pronto, un improrrogable afán de novedades habría de llevarle a otras posiciones. Gracias a Manuel de Falla y a Vázquez Díaz, conoció tempranamente el encuentro entre cubismo y nuevo clasicismo. Su Retrato de Ángel Barrios es buena prueba de ello, y en la voluntad de profundizar en el conocimiento de esta situación viajó a París. En 1922 ya estaba instalado en la capital francesa.

Su fructífero encuentro con Picasso favoreció el encuadre de sus posiciones y entre el cubismo y el nuevo clasicismo se situó la obra que realizara entre 1922 y 1927. En estos años, además, Manuel Ángeles Ortiz estrechó su relación con Pettoruti y Juan Gris, se introdujo en la agitada vida social de los condes de Beaumont, expuso en las galerías Quatre Chemins, Berger y Vavin-Raspail, y realizó decorados para piezas musicales de Falla, Satie y Poulenc. Desde Madrid, Gabriel García Maroto le pidió tanto su participación en la primera exposición de la Sociedad de Artistas Ibéricos como la coordinación de la presencia de los renovadores españoles residentes en París. Sin que sepamos por qué, el artista no concurrió a tan importante cita madrileña; pero, aun teniendo en cuenta la pauta marcada por Dalí en 1924, puede decirse que fue Manuel Ángeles Ortiz quien propició el redescubrimiento del cubismo como fuente de la modernidad en el contexto de la Generación del 27.

Se conserva poca obra cubista y neoclásica de Manuel Ángeles Ortiz, aunque los ejemplos y las reproducciones que han pervivido son suficientes para estimar su importante alcance. Mayor es aún este problema con respecto a su producción entre 1927 y 1936, pues prácticamente todo su trabajo de estos años se encuentra aún en paradero desconocido. No obstante, por lo que podemos saber, puede concluirse que precisamente hacia 1927 la obra de Manuel Ángeles Ortiz dio un giro sustancial. Sus registros plásticos se tornaron extraordinariamente diversos. Fue uno de los primeros creadores españoles en interesarse por la abstracción óptica y geométrica derivada del cubismo, se acercó de una manera casi hermética y extremadamente personal a los entornos de lo surreal y realizó toda una importante serie de retratos en la tónica del realismo moderno.

En 1932, el artista regresó a Madrid y trabajó en proyectos de las Misiones Pedagógicas, especialmente con La Barraca. En la capital española su obra fue especialmente estimada por importantes sectores de la alta sociedad y por miembros del establishment republicano, pero, desgraciadamente, la gran mayoría de los proyectos y retratos que realizara para ambos sectores sociales también ha desaparecido.

Durante la Guerra Civil se vinculó con la Asociación de Intelectuales Antifascistas y estuvo presente en el pabellón de la II República española de la Feria Internacional de París de 1937. Tras ser liberado por Picasso en 1939 de un campo de concentración en el sur de Francia, el exilio le llevó a la República Argentina. Allí permaneció hasta 1948. Los registros plásticos del artista se situaron de nuevo en la diversidad. Pintó bodegones de acento naturalista, realizó esculturas con materiales naturales encontrados e, incluso, en obra sobre papel, comenzó a indagar sobre las posibilidades de la abstracción lírica. Sin embargo, su regreso a París en 1948 le volvió a situar en la herencia figurativa del cubismo, tal como puede apreciarse en importantes series como la de la Mujer sentada , tendencia que se acentuó aún más, penetrando en las posibilidades de la abstracción, al lograr visitar España, a partir de 1958, en las series ya mencionadas.

Manuel Ángeles Ortiz murió en París en 1984. Supo vivir la vida intensamente, a pesar de los íntimos sinsabores que de continuo jalonaron su biografía. Pese a la diversidad de sus registros plásticos, el cubismo fue siempre para él una genuina matriz rectora con la que le era fácil reencontrarse y, al final de sus días, la crítica y el público supieron apreciarlo. E. C.