Tras haber estudiado pintura en su ciudad natal, Metzinger se trasladó a
París en 1903. Aquí pasó por un aprendizaje que
le condujo rápidamente del neoimpresionismo al fauvismo, y en
1907 expone junto a su amigo Robert Delaunay en la galería de
Berthe Weill. Su obra atraviesa un periodo de clara influencia cezanniana,
aún palpable a la altura de 1909-10, momento en el que está desarrollando
un estilo cubista pleno, de corte analítico.
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Metzinger vivió en Montmartre entre 1906 y 1912, y en 1907,
probablemente, ya había conocido a Apollinaire a través
de Max Jacob, quienes a su vez le introdujeron en el círculo
que reunía a Picasso, Braque y Derain con estos escritores.
Esto, sumado a la vecindad de su estudio con el Bateau-Lavoir, le
permitirá apreciar de cerca la evolución del cubismo
de Braque y Picasso. Apollinaire escribe en el célebre Los
pintores cubistas que Metzinger, al unirse a Picasso y Braque, formó la «Ciudad
Cubista». A finales de 1908 expone junto a ambos, aparte de
con Sonia Delaunay, Derain, Dufy, Herbin y Pascin, en la galería
Notre-Dame-des-Champs de Wilhelm Uhde. Por otro lado, probablemente
en 1910 conoce a Le Fauconnier, Léger y Gleizes, que se convertirá en
su más firme aliado. Según este último, se conocieron
por medio de Alexandre Mercereau, uno de los impulsores de esa especie
de comuna artística que fue la Abbaye de Créteil.
Jean Metzinger es uno de los progenitores del denominado «cubismo
de salón», pero también uno de los más
activos intermediarios -si no es que el único- entre los representantes
de las dos versiones del cubismo de esta época: la de estos
cubistas que exponen en los Salones y que residen en Montparnasse
y Puteaux, y la que practica la célebre banda de Picasso ,
cuyo centro de operaciones se localiza en Montmartre. Esto le convierte
en uno de los portavoces más autorizados del movimiento en
sus primeros años.
A partir de 1910, y hasta el inicio de la guerra, expone habitualmente
en los sucesivos Salones de los Independientes y de Otoño.
Fue, además, uno de los principales organizadores de la célebre
Sala 41 del Salón de los Independientes de 1911 que atrajo
por primera vez la atención del público hacia la existencia
del cubismo: en concreto, de Delaunay, Léger, Le Fauconnier,
Gleizes y él mismo. Por entonces, André Salmon ya se
refiere a él como «el joven emperador del cubismo».
Y es ahora cuando se convierte en asiduo del estudio de los hermanos
Duchamp en Puteaux.
Se mueve así en el entorno de un grupo de artistas muy interesados
en la filosofía de Bergson y las especulaciones sobre las nuevas
geometrías (Riemann, Poincaré), de la mano de Maurice
Princet, el amigo actuario que también por la misma época
introduce a Gris en el espacio no euclidiano, son algunos de los principales
intereses de estos pintores. Su pintura figura junto a la de los pintores
mencionados en el Salón de la Section d'Or, celebrado en octubre
de 1912, un salón cuyo nombre constituye ya toda una declaración
de principios: una defensa del fundamento matemático de la pintura
a la vez que de los principios compositivos clásicos y renacentistas.
Metzinger es además uno de los más tempranos e influyentes
teóricos del cubismo. De 1910 data su primer escrito a este
respecto: «Note sur la peinture», publicado en la revista
neosimbolista Pan. Pero su texto de mayor alcance, y una de las principales
fuentes del cubismo, es Du Cubisme , redactado junto al pintor Albert
Gleizes, que vio la luz en diciembre de 1912. Por esta época
su cubismo se distingue por un uso especial de tramas decorativas
y geométricas -estas últimas, deudoras de Gris, cuya
influencia seguirá presente de ahora en adelante en sus composiciones-,
a pesar de que en Du Cubisme había rechazado explícitamente
tanto unas como otras. Es lo que se puede apreciar en algunas de
sus obras maestras, como La merienda (Le goûter ), de 1911,
o La bailarina en el café , de 1912.
Durante la Primera Guerra Mundial, y para ser más precisos
desde 1915, empieza a trabajar con el galerista Léonce Rosenberg,
firme promotor del así llamado «Cubismo cristal»,
un cubismo sintético rigurosamente purificado, del que Metzinger
es uno de los más destacados representantes. También
en los años de entreguerras, por lo tanto, se encuentra situado
en el centro de gravedad del cubismo, marcando el ritmo de su nuevo
rumbo.
A partir de 1919 se añade a ello su implicación práctica
en el retorno al orden gestado en Francia en torno a la Primera Guerra
Mundial; en esta etapa su obra sigue conservando el estricto orden
geométrico presente de un modo constante en su cubismo, pero
también se puede apreciar en ella un creciente naturalismo.
Como era de esperar, la aceptación del orden clásico,
de una forma ya abierta, por parte de uno de los más renombrados
cubistas, no dejará de suscitar controversia, aunque Metzinger
contará con Waldemar George como uno de sus principales valedores,
y defenderá la comunidad de intereses entre cubismo y clasicismo
presidida por la voluntad de alcanzar la pureza formal. Léger,
que a mediados de los años veinte también estaba defendiendo
la sintonía entre la Acrópolis y la Torre Eiffel, será una
de sus referencias. Y puede que De Chirico fuera otra, pues en los
lienzos de esta época motivos de la cultura popular se encuentran
de forma más bien inaudita con instrumentos náuticos
o estatuas clásicas. Ambas influencias se combinan, por una
parte, con ese otro adalid de lo clásico en esta época
que es el purismo de Ozenfant y Jeanneret, y, por otra, con un cierto
aire mundano Déco .
A principios de los años treinta aparecen algunos elementos
surrealistas en sus pinturas, y su obra última constituye,
a juicio de algunos especialistas, un mero pastiche de su pintura
cubista temprana. En todo caso, la parte final de su trayectoria
se ve atravesada por la publicación de su poesía e
importantes exposiciones del conjunto de su obra.
Los principales museos donde se encuentran sus obras son: la Albright
Knox Art Gallery de Buffalo, la Tate Gallery de Londres, el Metropolitan
Museum de Nueva York, el Museo Guggenheim de Nueva York, el Museo
Peggy Guggenheim de Venecia, el Musée d'Art Moderne de la
Ville de París, el Museum of Art de Filadelfia, la Kunsthalle
de Bremen y el Musée Royale des Beaux Arts de Bruselas.