En la figura de Juan Gris se reconoce la más pura representación
del cubismo, el movimiento que transformó la representación
de la realidad en el marco de la modernidad. Pero Juan Gris es también
el pintor que supo «pensar» el cubismo, y el que dio a
este movimiento un carácter clásico que lo convierte
en una forma estética intemporal. Prácticamente toda
su vida artística, corta y sujeta a importantes dificultades
personales, puede verse en relación con el cubismo.
> Para continar leyendo, haz click en "Ampliar"
José Victoriano González, nace en el número
4 de la calle del Carmen de Madrid, en el seno de una familia de
comerciantes que ha de adaptarse a una situación progresivamente
menos acomodada. De su juventud en Madrid recordaba sobre todo sus
frecuentes visitas el Museo del Prado y su paso por la Escuela de
Artes e Industrias de Madrid (luego llamada Escuela Industrial),
donde estudia matemáticas, física, ingeniería
y metodología científica. En 1902 comienza su colaboración
gráfica con la prensa periódica, una actividad que
supondrá su principal fuente de ingresos durante muchos años,
incluso después de trasladarse a París. Sus primeros
dibujos publicados aparecen en las revistas Blanco y Negro y Madrid
Cómico. En 1906 realiza las ilustraciones, de estilo modernista,
del libro del poeta peruano José Santos Chocano titulado Alma
América. Poemas Indoespañoles . Una de ellas aparece
firmada por primera vez con el que sería su pseudónimo
a partir de entonces: J. Gris . Inicia así una actividad,
la de ilustrador de libros, que continuará después
en París en clave vanguardista, en colaboración con
poetas y escritores como P. Reverdy, Max Jacob o Tristan Tzara .
A finales de septiembre de 1906 se traslada a París, donde
le espera su amigo el pintor Daniel Vázquez Díaz, que
le había animado a realizar este viaje. Gris se instala pronto
en el 13, rue Ravignan. Es el célebre edificio del Bateau
Lavoir , donde también vive Picasso. Allí asiste al
nacimiento del cubismo, y conoce a poetas y críticos asociados
con este movimiento, como Guillaume Apollinaire. Algo más
tarde, en 1907, conoce al crítico Maurice Raynal, a quien
le unirá a partir de entonces una gran amistad, y al pintor
Georges Braque. En 1908 Gris conoce a Daniel-Henry Kahnweiler, el
gran marchante y defensor del cubismo, que acude a visitar a Picasso.
Comienza así una relación que tendría gran trascendencia
en la vida artística y personal de Juan Gris. En 1909 nace
Georges González Gris, hijo de Juan Gris y de la joven francesa
Lucie Belin.
Hacia 1910, todo parece preparado para la irrupción de Gris
en la pintura, en la modernidad, en el cubismo. En efecto, aunque
continúa haciendo caricaturas para publicaciones francesas
y españolas, es entonces cuando realiza sus pinturas más
antiguas conservadas. Poco a poco, su estilo se va decantando hacia
la geometrización cubista. Pero sólo abrazará plenamente
este movimiento a partir de 1912, cuando la caótica apariencia
del cubismo analítico que practicaban Picasso y Braque en
el estudio vecino va dejando paso a otra mucho más racional,
ordenada y clarificadora: es el llamado cubismo sintético.
El año 1912 tendrá gran importancia para Juan Gris:
su exposición en la galería de Clovis Sagot, y su presencia
en Salon des Independents y en la Section d'Or de París significan
su plena incorporación pública a las vanguardias parisinas.
Su participación entonces en la exposición cubista
de las Galerías Dalmau de Barcelona supone también
la primera oportunidad de exponer en su país. El artículo
publicado en La Publicitat de Barcelona, probablemente escrito por
Junoy, es la primera crítica dedicada enteramente a Gris.
Además, Gris firma un contrato con el marchante Daniel-Henry
Kahnweiler, que le proporciona una breve estabilidad económica.
Por último, Josette, que acompañará a Gris hasta
la muerte de éste, se establece con él en la rue Ravignan.
En 1913 Guillaume Apollinaire publica Méditations Esthéthiques.
Les peintres Cubistes , y dedica un apartado a Juan Gris. Lo califica
como «el hombre que ha meditado sobre todo lo moderno, (...)
el artista pintor que no quiere concebir más que estructuras
nuevas, que no querría dibujar ni pintar otra cosa que formas
materialmente puras». Aunque esta visión de Gris como
intelectual escondía un matiz despectivo, probablemente inspirado
por el propio Picasso, lo cierto es que Gris es ya uno de los más
respetados cubistas, y así lo demuestra el creciente aprecio
por su obra que muestran el marchante Léonce Rosenberg y la
escritora y coleccionista americana Gertrude Stein, una de las grandes
aliadas de Gris.
El comienzo de la Primera Guerra Mundial, en el verano de 1914,
sorprende a Gris en Colliure, donde frecuenta a Matisse. Kahnweiler,
por su origen alemán, debe permanecer fuera de Francia mientras
sus propiedades son confiscadas, y sólo puede mantener el
apoyo económico a Gris durante unos meses. El pintor afronta
a partir de entonces serias adversidades, pues a la inestabilidad
económica se suma no sólo la guerra, sino también
la crisis de las vanguardias en un contexto político que azuza
el conservadurismo y el nacionalismo. Frente a todo ello, y como
si concentrara todo su esfuerzo vital en su obra, durante los años
de la Primera Guerra Mundial Gris produce sus obras quizá más
apreciadas en la actualidad: suele afirmarse que 1916-1919 es el
periodo culminante de su pintura. Posteriormente, temiendo una excesiva
rigidez geométrica, su pintura se hace cada vez más
lírica, más matizada cromáticamente. A partir
de 1920 el clasicismo, asociado a la tradición pictórica
francesa, pero no sólo a ella, está cada vez más
presente en su obra.
Aunque en sus últimos años su débil salud le
hace peregrinar por diferentes lugares de Francia, mantiene el contacto
con la actualidad parisina, sobre todo a través de la recobrada
relación con Kahnweiler, y participa activamente en ella.
Así, a pesar de su existencia apartada, su opinión
es requerida por revistas tan dispares como Dada y Valori Plastici
, y participa en la polémica sobre el término purismo
que en 1921 había sido definido en la revista L'Esprit Nouveau
por Ozenfant y Jeanneret. Por último, entre 1921 y 1923, la
colaboración con los ballets rusos de Diaghilev, tan prestigiosos
como bulliciosos, suponen para el austero Gris un verdadero transtorno,
que acaba agudizando una crisis que ya se venía presintiendo
en su obra.
Quizá por la necesidad de dar respuesta a esta crisis, se
intensifica el carácter reflexivo de Gris. Fruto de sus meditaciones
de esta época son sus más conocidos textos de interpretación
del cubismo, como el artículo «Notas sobre mi pintura» publicado
en la revista alemana Der Querschnitt , de Frankfurt am Main, dirigida
por A. Flechtheim (verano 1923), en el que expone su célebre «método
deductivo», o la conferencia pronunciada en la Universidad
de La Sorbona, «Sobre las posibilidades de la pintura» (15
mayo 1924). De gran difusión posterior, este último
texto condensa las principales ideas de Juan Gris tanto sobre su
obra, como sobre el cubismo y sobre el concepto mismo de pintura.
Comienza entonces a producirse un tardío reconocimiento de
su obra: los coleccionistas Alphonse Kahn y G. F. Rever adquieren
varias piezas suyas, y la galería Flechtheim de Düsseldorf
le dedica una importante exposición. Su pintura, según él
mismo dice en sus cartas, comienza tener un aire «pompeyano».
En julio de 1926, su hijo Georges, que vivía en Madrid, decide
quedarse en Boulogne-sur Seine, una localidad cercana a París
donde ahora reside Gris, muy cerca de Kahnweiler. Mientras tanto,
se agrava el estado de salud del pintor. Se habla de un posible tifus,
de una dolencia pulmonar, de enfisema. En enero de 1927, y después
de pasar unos días en la región de los Alpes Marítimos,
Josette, Georges y Juan Gris vuelven precipitadamente a Boulogne-sur-Seine.
Pero la salud de Gris no mejora. Entre febrero y mayo, Gris consigue
volver a trabajar temporalmente. El día 11 de mayo, en Boulogne-sur-Seine,
Juan Gris muere a los cuarenta años de edad. M. D. J.- B.