

FICHA TÉCNICA
Esta imagen pertenece a la serie de cuarenta fotografías que, sobre la Iglesia, Andres Serrano realiza en 1991 durante un viaje por Europa que le lleva a visitar Italia, Francia y España. La serie incluye, además de interiores de iglesias, un grupo de retratos de personajes eclesiásticos. En estos retratos, el objetivo de Serrano se concentra en el simbolismo de la vestimenta y en los detalles del gesto. Ese mismo año confiesa en una entrevista con Coco Fusco lo que puede ser la la intención última de esta serie: "Me atraen los símbolos de la Iglesia. Me gusta la estética de la Iglesia. Me gusta el mobiliario de la Iglesia. Me gusta ir a la Iglesia por razones estéticas, más que por razones espirituales. En mi obra exploro mis propias obsesiones católicas. Un artista no es nada sin sus obsesiones, y yo tengo la mía".
De hecho, Serrano ha mantenido desde el comienzo de su obra un sentimiento ambiguo hacia la fe católica y la representación de sus símbolos ha sido una de las constantes de su trabajo. Después del escándalo que supuso la reprobación pública de su Piss Christ en el Congreso, afirmó que "la religión descansa en símbolos, y mi trabajo como artista es perseguir la manipulación de ese simbolismo y explorar sus posibilidades". En su obra podemos apreciar no sólo la presencia directa de estos símbolos sino también que utiliza las composiciones del arte religioso para crear algunas de sus fotografías de tema profano.
A pesar de que a Serrano no le gusta reconocerse como católico, no le importa afirmar que es cristiano. Lo que él rechaza parece no ser tanto la propia religión y su estética como la dirección opresiva y condenatoria que adopta la institución Iglesia con las minorías que no están de acuerdo con su programa. Su postura puede identificarse con la que él considera que tenía Buñuel hacia el catolicismo: "Buñuel trabaja con la religión subversivamente, es completamente sacrílego. Y así, ésta es la obra de un hombre que mantiene algunas creencias religiosas, si no acepta todo ese catolicismo. Obviamente tiene una relación de amor/odio con la gente y las instituciones que critica".
En esta serie, como en la del Ku Klux Klan, presenta con monumentalidad, sin asociaciones que permitan una lectura crítica, a los personajes que retrata y los interiores que fotografía. Le interesan más aspectos como el uso del hábito como disfraz que, al mismo tiempo que oculta la identidad e iguala a los que lo llevan, confiere poder por el simbolismo del que está cargado. De los edificios le atrae, sobre todo, la teatralidad de los juegos de luces y sombras y que está ligada a la propia celebración del rito católico. S. R.
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