

Las primeras piezas de este tipo fueron realizadas en un supermercado. Ahí, Orozco recolocaba los objetos para crear situaciones ligeramente incómodas o directamente ingeniosas como en Gatos y sandías, donde sobre una montaña de sandías, Orozco fue colocando con todo cuidado latas de comida para gato, o Buho, donde al superponer una lata de rodajas de piña en almíbar a un paquete de hierbas frescas de forma triangular, automáticamente se generaba la imagen de este ave.
Más claras connotaciones tenía Cinco problemas: cinco patatas transportadas desde la sección de vegetales hasta la de papelería para ser colocadas sobre cinco pilas de cuadernos. La intencionalidad de estos gestos es evidente, no son producto del azar o la causalidad y ese aspecto constructivo ha sido fundamental en el desarrollo de este tipo de obras para Orozco.
Si en estos trabajos lo que llamaba la atención era el contraste entre los objetos, sus intervenciones en el ámbito de la naturaleza o del paisaje urbano tendrán un carácter más sutil, más camuflado dentro de la propia lógica del espacio al realizarse con materiales encontrados en los propios lugares que se alteran. Este es el caso de Ladrillos frotados, una pieza netamente escultórica y efímera que ha sido registrada fotográficamente. Se trata, como su título indica, de un conjunto de ladrillos que han sido frotados contra las piedras sobre las que después son colocados. Queda apenas el rastro rojo del polvo desprendido y los ladrillos, colocados ordenadamente a manera de precario monumento. La integración cromática de los ladrillos con el resto del paisaje contrasta con las propias formas geométricas de los ladrillos y con el extraño cuidado con el que han sido colocados en su sitio.
Este tipo de intervención sutil sobre el paisaje tiene sus antecedentes en piezas como Turista Maluco, en la que al final del día Orozco coloca sobre las mesas desiertas de un mercado en Brasil las naranjas podridas que han sobrado, o A la puerta del volcán, en la que ha colocado sobre unas estacas de madera una bola de nieve que inevitablemente desaparecerá. En todos estos casos la presencia del artista, la subjetividad de su mirada, es el elemento que cohesiona las propuestas. Incluso en una pieza más sutil como Descending Path, en la que no está del todo claro si la situación escultórica que vemos en la fotografía es producto de un encuentro azaroso o de una intervención directa del artista.
En cualquier caso se trata de situaciones al alcance del sujeto y muy alejadas de las grandilocuentes intrusiones del land art. Se trata, al contrario, de un individuo que ha dejado un breve rastro de su paso, una huella casi invisible que, sin embargo, nos deja con la inquietante sensación de estar presenciando una realidad que no es del todo real. I. M. B.
EXPOSICIONES 2003
Gabriel Orozco, Centro de Artes Visuais, Coimbra (Portugal).
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Mapas abiertos. Fotografía Latinoamericana 1991-2002, Lunweg, Catálogo Barcelona, p. 203 (il. c.) - Gabriel Orozco, Centro de Artes Visuais, Catálogo Coimbra, 2003, pp. 78-79 (il. c.).
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