

A principios de la década de los noventa, Gabriel Orozco abandonó la práctica de la escultura de corte más tradicional para centrar su atención en el paisaje urbano y los objetos cotidianos. Con ellos, comenzó una serie de propuestas mediante las que buscaba transformar las nociones convencionales de la realidad apelando a la atención y a la imaginación del espectador.
La manera en que Orozco se acerca a los objetos da lugar a una serie de metáforas sobre lo transitorio. La apropiación y alteración de objetos tales como una mesa de ping-pong, un billete de avión o un tablero de ajedrez nos obligan a reexaminar nuestras relaciones convencionales con estos objetos y a entenderlos dentro del contexto de los intercambios sociales, la movilidad geográfica, las relaciones económicas, pero también -y muy especialmente- la poética de lo cotidiano.
Desde que impactara por primera vez al mundo del arte contemporáneo con su DS, un automóvil Citröen rebanado de lado a lado y del que extrajo la parte central para crear un modelo exageradamente estilizado y aerodinámico, Orozco ha creado gran cantidad de trabajos con una amplia variedad de medios que incluyen la escultura, el dibujo, la fotografía, la instalación y el vídeo. En todos estos casos, sin embargo, sus contenidos se escapan a las constricciones formales tradicionales. Para la Documenta X, Orozco presentó Black Kites, un cráneo humano sobre el que había desarrollado un dibujo geométrico a base de rombos negros que lo cubría completamente, yuxtaponiendo así, literal y simbólicamente, dos sistemas opuestos: el mundo natural y físico frente al mundo ideal y abstracto de la geometría.
Orozco, en tanto artista conceptual, se ha caracterizado por detectar situaciones banales que se transforman en ilustraciones metafóricas de la poesía de lo cotidiano: el vaho humano sobre un lustroso piano negro justo antes de que desaparezca -Breath on Piano-, un perro dormido sobre la arena que mueve la cola y crea un dibujo -Dog Circle- o un balón sobre un charco que refleja el cielo nocturno y en el que la pelota hace las veces de enorme luna llena (Ball on water). Todos estos trabajos son presentados como fotografías que hacen las veces de documento en el que se registra, no sólo el momento pasajero, sino también la presencia subjetiva del artista atento que sabe reconocer estos efímeros acontecimientos escultóricos y captarlos con la cámara para hacerlos durar.
Gabriel Orozco ha presentado su trabajo en prestigiosos centros y museos de todo el mundo incluyendo el Whitney Museum of American Art, el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el Museo de Arte de Filadelfia, la Bienal de Venecia y Documenta X y XI. Recientemente se realizó una amplia retrospectiva de su obra que fue acogida por el Museo Rufino Tamayo de la Ciudad de México y por el Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles. Actualmente vive y trabaja en México, París y Nueva York. I. M. B.
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