
Pudasjärvi (Finlandia), 1959
La escasa presencia de artistas nórdicos en los canales habituales del arte contemporáneo hacen de Männikkö una excepción en el entorno de la fotografía actual. Realiza sus estudios y su actividad artística en diferentes ciudades de Finlandia, aunque su origen -nace en una zona pesquera muy humilde- está presente permanentemente en su trabajo. La mayoría de sus imágenes son retratos de los habitantes de los bosques existentes en Laponia y de las llanuras de Ostrobothnia, en el norte de Finlandia. Se trata de una región en clara decadencia cuyos habitantes se han desplazado a la ciudad de forma masiva. Los que se han quedado son, en su mayoría, hombres solitarios, cazadores, pescadores y muchos de ellos desocupados. Ésta es una de las razones por las que apenas aparecen mujeres en sus fotografías.
La obra de Männikkö se desarrolla entre el documental antropológico y social y la creación puramente estética, y en esas dos líneas se puede también emplazar su método de trabajo. El artista convive con su modelos durante días, habla, bebe y entra en sus casas como un invitado, como un testigo que no resulta ajeno ni molesto y es desde esa perspectiva de cercanía desde donde Männikkö realiza su obra. Pero es también desde una estructura mental y estética muy concreta: todos los retratados están en el interior de sus viviendas (sólo en muy escasas ocasiones aparecen en el exterior), en actitudes cotidianas y rodeados por los objetos habituales de su entorno. Todo ello configura un trabajo mucho más premeditado de lo que podría parecer una simple documentación social de la decadencia de una zona del país.
El conjunto de cada imagen nos ofrece gran cantidad de información sobre las personas retratadas, tanto acerca de su pertenencia a un estrato social y a un conjunto geográfico e histórico como sobre sus gustos y hábitos.
Entre 1996 y 1998 Männikkö es invitado a trabajar en Estados Unidos, pero esto no altera su forma de trabajar. Elige allí poblaciones marginales como Batesville, un territorio estadounidense habitado por un gran número de emigrantes mexicanos a los que retrata con el mismo tratamiento humano y con la misma distancia que le sitúa a él mismo como un espectador objetivo.
Una parte muy importante es la presentación física de cada fotografía, siempre en color y siempre en unos formatos que se alejan de la obra de sus contemporáneos alemanes, a los que por otra parte tanto se acerca en la objetividad y el análisis social. El artista enmarca personalmente cada fotografía con marcos pintados, comprados en los mercados callejeros y rastrillos donde los propios personajes fotografiados compran y venden sus pertenencias. El conjunto entre imagen fotográfica moderna y esos marcos antiguos restaurados conforman un objeto que va más allá de la propia imagen fotográfica, confiriendo a la obra un valor objetual y completando la información estética de los protagonistas de estas obras. R. O.
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