

Aunque con el transcurrir de los años noventa Hannah Collins ha frecuentado cada vez más la fotografía en color, las imágenes del Pabellón de Mies de Barcelona constituyen una cierta excepción a la línea general de su trayectoria, y no tanto por el propio empleo del color, como por la estricta y organizada composición geométrica de la imagen.
Para una artista como Hannah Collins, encontrarse con el pabellón Barcelona es como tener la ocasión de fotografiar la idea de la modernidad en estado puro, sin contaminación, sin convulsiones, sin traición. Un edificio fuera de la historia, un monumento inmemorial. Respecto a su construcción de Barcelona, Mies van der Rohe enfatizó su carácter ejemplificador y su concepción del edificio como modelo ideal de un mundo justo y bello, y por ello escribió: "El caos en el que vivimos se retirará a favor del orden y el mundo volverá a tener sentido y ser bello."
Las imágenes del Mies Barcelona I realizadas por la fotógrafa inglesa se han convertido en un campo de relaciones visuales y contrapesos de masas, de huecos y llenos, de luz y sombra, en las que prima una geometría elemental. En Mies Barcelona II a diferencia de la imagen anterior, las líneas de fuerza se encuentran más contenidas y la imagen parece situarse en los propios límites del marco.
Sin embargo, a pesar de que intelectualmente comprendemos que el pabellón se organiza en una estructura estrictamente ortogonal de planos que se cruzan en 90º, la imagen que ha obtenido Hannah Collins está formada por un minucioso entrecruzarse de diagonales, un espacio inestable en el que todos los puntos conducen a una acelerada fuga. Y ello a pesar de que el arquitecto había concebido el pequeño edificio de Barcelona como un espacio matemático, ideal, del que ha sido eliminada cualquier referencia al dolor y las contingencias negativas de la historia. Así pues, la artista ha obtenido una imagen dinámica y expresiva de un edificio que pretendía ser ejemplo de parsimonia compositiva.
El pabellón aparece como un Sancta santorum del Esprit nouveau en el que el desorden de la vida ha sido cuidadosamente excluido. El espacio se ha convertido en el encuentro puro de diferentes líneas de fuga y la convivencia armónica de materiales muy diferentes. "Calma, lujo y voluptuosidad", esa consigna baudeleriana que Henri Matisse empleó como paradigma de decoración y placer visual en su nueva Arcadia, bien podría aplicarse a este ambiente artificial e ideal en el que van der Rohe consiguió sintetizar su ideal de habitabilidad. F. J. S. M.
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