

Si el pabellón alemán de Barcelona, construido por Mies van der Rohe para la Exposición Universal de 1929, está considerado como uno de los paradigmas centrales del pensamiento arquitectónico moderno, no cabe duda que el nuevo edificio de la Bauhaus en Dessau, construido entre 1925 y 1926 por Walter Gropius, que precedió a van der Rohe en la dirección de la Bauhaus, es otro de sus ejemplos recurrentes.
Gropius era consciente de estar construyendo en un nuevo lenguaje, y confió la explicación fotográfica del nuevo edificio de Dessau sucesivamente a dos fotógrafos: en primer lugar a Lucia Moholy, que llevó a cabo una descripción aparentemente objetiva de la arquitectura, especialmente del exterior, y desde el comienzo de 1927, y posteriormente, cuando Lucia Moholy tuvo que abandonar Dessau para atender otros encargos profesionales, a Erich Consemüller, estudiante y colaborador del buró personal de Gropius, que fotografió las partes no realizadas por Lucia Moholy, fundamentalmente imágenes del interior, en las que las fotografías, sin abandonar el carácter documental, aparecen como piezas autónomas en las que la luz, la composición, la profundidad espacial y la gradación de grises se encuentran cuidadosamente estudiadas.
En esta serie sobre el pabellón de Barcelona, realizadas en 2002, Hannah Collins parece querer convertirse en Lucia Moholy-Nagy, representar con la mayor fidelidad las ideas arquitectónicas de Ludwig Mies van der Rohe, desaparecer como artista para ceder todo el protagonismo al ideador del espacio.
Como en las fotos que hizo Lucia del nuevo edificio de la Bauhaus en Dessau, lo que llama la atención es la cantidad bruta de belleza contenida en las fotografías, cuando la fotógrafa no sólo no parece haber querido realizar esfuerzos expresivos -de encuadre, iluminación o profundidad, etc.- sino más bien al contrario, parece haberlos evitado cuidadosamente.
¿ Son, por lo tanto, imágenes carentes de artisticidad, puros documentos visuales de una idea de la arquitectura? En ningún caso, ya que la expresividad de Hannah Collins se manifiesta por medio de una imperceptible sutileza que tiene que ver con las líneas de fuga, la alternancia de hueco y lleno, de opaco y transparente, la proporción entre pavimento y cubierta, la posición del mobiliario y los complementos: un lenguaje minúsculo, conjugado de sutilezas, en el que la geometría constituye el principal elemento sintáctico.
Más que los elementos arquitectónicos, la artista ha primado los factores compositivos característicos de una pintura abstracta de los años treinta. En Mies Barcelona I, con el gran ventanal al fondo, el objetivo de la cámara parece haberse encontrado con una serie de líneas de fuga que hacen que el espacio tienda a ensancharse y a desbordar visualmente el marco de la imagen. Hannah Collins ha querido reconstruir un cuadro del edificio, invertir el proceso utópico ideado por Theo van Doesburg, que veía el edificio moderno como desarrollo de la pintura moderna, pero sin cuadros en las paredes. F. J. S. M.
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