
Essen (Alemania), 1951
Estudia en la Kunstakademie de Düsseldorf entre los años 1973 y 1981, es discípulo de Hilla y Bernd Becher y forma parte de una generación de artistas, formada en las mismas aulas, que compartirían lenguajes y actitudes plásticas. Entre sus compañeros en la Kunstakademie se cuentan Thomas Ruff, Andreas Gursky, Candida Höfer, entre otros muchos que conseguirían crear un movimiento artístico que, sin ser un auténtico grupo estético, ha definido las líneas generales de la llamada nueva fotografía alemana.Pero en su formación plástica tiene tanta importancia la época de estudios como la influencia de los diferentes paisajes que conoce a través de sus continuos viajes por todo el mundo. Las becas de estudios que consigue para Venecia y Londres marcan el comienzo de una afición viajera que está en el centro de todo su trabajo. Desde sus primeras series de paisajes (Landschaft) de Portugal, Grecia, Italia, Francia, España, Suiza y Alemania, Hütte traza las bases de una diferencia estética esencial. La elección de un género poco habitual en el arte actual, como es el paisaje, y una estética abiertamente pictórica definirá un trabajo que se convierte en una marca estética. Atrás quedaban sus retratos en blanco y negro o sus opresivas arquitecturas de Londres, todavía en blanco y negro. A partir de ese momento, la naturaleza, la idea del paisaje como un concepto estético y espiritual, definen una obra que comparte las ideas de belleza y de viaje.
Aunque prácticamente toda su obra está basada en la naturaleza en el estado más natural y libre posible, ninguno de los paisajes que Hütte fotografía puede ser considerado como natural, a pesar de que puedan parecerlo. Se trata de paisajes conformados en un proceso cultural; todos ellos están manipulados de acuerdo con la percepción de diferentes perspectivas, todas ellas impensables en otras coordenadas históricas. En el aspecto real pero también en su aspecto simbólico.
Como el auténtico artista romántico, Hütte se convierte en la única presencia humana ante la naturaleza en toda su grandeza y en toda su extensión: Es por su mirada por la que nosotros llegamos a ver esa naturaleza, a través de lo que él ha mirado y nos devuelve en sus fotografías, para que seamos testigos tanto de la magnitud de la belleza como del hecho irreversible de la presencia y dominio del hombre sobre la naturaleza.
El hecho de que Hütte se desplace durante kilómetros hasta centrar cada imagen, y la realidad cambiante de esas naturalezas, hacen que el tiempo, y no sólo como atmósfera sino también como transcurso y movimiento, sea esencial en el entendimiento de un trabajo en el que, detrás de una apariencia formal en la que la belleza ocupa un excesivo protagonismo, pervive el espíritu del Romanticismo y la pujanza conceptual de todo el arte contemporáneo que se desarrolla en torno al viaje y a la naturaleza y del que Hütte es un claro y exquisito representante. R. O.
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