

FICHA TÉCNICA
El viaje es una parte casi infaltable en las biografías de los artistas modernos. Especialmente de aquellos que vivieron en las periferias tanto de Europa como de América. Todos ellos ansiaban traspasar fronteras, penetrar otros mundos y otros lenguajes, incorporar nuevas experiencias, interactuar con otros artistas e intelectuales, partiendo del presupuesto de que, en aquellos espacios metropolitanos, estaban ocurriendo cosas excepcionales y era necesario vivirlas allí. Los periódicos y las revistas de las metrópolis de las periferias se hacían eco del movimiento de París, Londres, Milán, Venecia, Berlín, Munich, Madrid. En fin, de todos aquellos hechos que permitieran que las páginas de arte y cultura estuvieran «al día».
Este afán de actualización inundó también a artistas e intelectuales, que poblaban compulsivamente sus bibliotecas con revistas, libros, catálogos, postales, en suma: todo tipo de material impreso que los informara acerca de lo que ocurría al otro lado del océano, con la angustiante sensación, sin embargo, de que de todas formas todo este esfuerzo era en vano y -como es recurrente leer en las autobiografías- «aquí no llegaba nada». Estas lecturas les permitían armar un mapa imaginario a transitar en el momento de poder concretar el ansiado «viaje a Europa». Y «Europa» al fin, podía comenzar por cualquier parte a la hora de poner el primer hito en el plano: podía ser el sitio de llegada del vapor -Londres, Génova, Vigo, Hamburgo- o del nexo más fuerte (ligado a la tradición familiar, a las enseñanzas recibidas por los maestros, al contacto previo con algún otro colega que haya estado o incluso que permanezca aún en ese sitio). Al parecer lo que en definitiva importaba, por sobre todo en esta experiencia del viaje, era la posibilidad de confrontarse con el «otro» y en esa confrontación «verse», medirse y evaluar el camino a seguir.
Xul Solar no fue la excepción. Su viaje estuvo pautado por una carta de viaje que ha ido construyéndose en el imaginario de su juventud, a partir de los recortes de prensa con los que fue armando una red de referencias vastísima que recorría los cinco continentes y las culturas del pasado y el presente -reales e imaginarias- a través de fotografías de obras de arte, escenas de costumbres de pueblos diversos y hasta personajes fabulosos: dragones, cíclopes, etc. Un mapa misceláneo que le indicó como primer destino finalmente no concretado Australia, y que luego sería reencauzado hacia «el viejo continente». Los relatos familiares, las lecturas, los recorridos más o menos aleatorios de sus redes de relación completaron este mapa- collage que orientaría su derrotero entre 1912 y 1924.
La elección de la compañía naviera contribuía a definir algunos aspectos del recorrido. La de Xul es de bandera Británica. Llega al puerto de Londres en abril de 1912. El año anterior había reorientado su actividad: el ingeniero comenzaba a formarse de manera autodidacta en dibujo. Años más tarde su pasaporte lo consignaría como «pintor» en el ítem relativo a la profesión.
Su propósito era: «fundar una nueva religión sobre mi arte y crear un mundo para mis seguidores». Esta declaración tuvo en ciernes un objetivo radical que supuso la fundación de algo nuevo, de un proyecto visionario que por cierto aspiraba a superar los marcos del ámbito artístico. Estaba deseando crear aquello que, más adelante en la revista vanguardista Martín Fierro de Buenos Aires, se delimitaría como la «nueva sensibilidad». Pero para alcanzar esta meta, primero hay que ver bastante y el extenso viaje emprendido es su oportunidad.
La sombra del caminante, un trabajo de Xul realizado durante los primeros años en territorio europeo, exhibe sus aproximaciones iniciáticas al mundo artístico por entonces en ebullición entre el cubismo, el expresionismo y el futurismo. Se trata de una pintura muy pequeña que recrea imaginariamente en su superficie, por la yuxtaposición de planos triangulares de colores, la suma de teselas que configurarían un mosaico. Un camino trazado por diagonales y un ritmo de líneas que se instersectan arman secciones de colores próximos que van definiendo las formas sobre la superficie, para dar paso a un paisaje facetado. El camino termina en una nube. El caminante va hacia ella. Su sombra lo persigue y se alarga hacia el espectador. Una paleta intensa ofrece contrastes de verdes, ocres y tierras aplicados de manera vibrante y matizada creando una pintura que impacta por su dinamismo y variedad.
Esta imagen dialoga con los movimientos contemporáneos, aunque sin adscribir a ninguno de ellos, ensayando un planteo plástico que lo sitúa en el entorno del cubismo por su manera 'otra' de aprehender la realidad.
Por otra parte, un dato de su biografía completa la lectura de la obra. «Lavoro sempre con la mia tempera e vedo come imparo a dominare le difficoltá techniche poco a poco» le escribe a su padre en una carta enviada desde Turín en 1912. «Mi ho comprato un libro Der Blaue Reiter sull'arte piu avanzatto, delle 'belve', 'futuristi' e 'cubisti'».
Parafraseando a Ernst Gombrich, sólo es posible ver aquello para lo que se está preparado, o sea, sólo vemos lo que estamos en condiciones de percibir. En este caso, la compra de Xul está precedida por su ejercicio cotidiano de recoger imágenes diversas y agruparlas en un mismo sitio. Esta tarea de yuxtaposición de imágenes de orígenes y motivos diferentes, no debió darle resultados tan apartados de lo que serían algunas de las páginas del libro que adquirió: Der Blaue Reiter . Seguramente se trataba del almanaque que en 1912 publicaron Franz Mark y Vassily Kandinsky.
Allí reunían imágenes procedentes del arte contemporáneo «más avanzado» como ellos mismos consignaron y de trabajos de pueblos primitivos, así como partituras de Alban Berg y Antón Webern reflejando además, en los ensayos incluidos, los intereses de Kandisky por las relaciones entre las artes visuales y la música. Este universo de problemas y preocupaciones estéticas tan plural está en sintonía con las búsquedas de Xul, que comenzará a transitar en estos años y que continuará y desarrollará a lo largo de toda su vida, dando paso a proyectos que le permitieron avanzar sobre nuevas construcciones de lenguaje en diferentes registros: musical, plástico, lingüístico, literario.
Der Blaue Reiter había expuesto en Munich, Berlín y otras ciudades. Convocó a numerosos artistas de diferentes nacionalidades, partiendo de aquellos que habían pertenecido al grupo Der Brüke . Desde su propuesta, Der Blaue Reiter se presentó como una alternativa crítica al cubismo ya que si bien reconocía su valor innovador, discutía su extrema racionalidad.
No es casual entonces que Xul sintiera empatía por este planteamiento así como por las obras de Marc. Macke, Klee y Kandinsky y, en este sentido, La sombra del caminante aparece como el resultado del impacto de estos hallazgos de viaje. D. W.
Firma: no se alcanza a advertir la firma dentro de la superficie de la pintura. Sí se identifica en el ángulo inferior izquierdo «XIII» que podría ser la indicación del año de la obra, con lo cual debería ajustarse la datación hacia 1913. Por otra parte, el óleo es una técnica que Xul Solar abandona hacia 1917-18 y retoma hacia la década del 50 lo que haría suponer que tal vez el XIII sí esté indicando el año de realización de la obra.
PROCEDENCIALatina American Sale , Christies, New York, USA, New York / Important Drawings And Sculpture (Part II). Anon. Sale, Christies, New York, EE UU / Colección Privada, Caracas, Venezuela / Galería Vermeer, Buenos Aires, Argentina.
(1) Según ARTUNDO, PATRICIA, esta práctica de reunir recortes la habría iniciado entre 1903 y 1907 y la mantuvo toda su vida, en: «El libro del Cielo. Cronología biográfica y crítica» en: Xul Solar catálogo de la exposición realizada en MNCARS entre el 26 de febrero y el 13 de mayo de 2002. Comisario Marcos Ricardo Barnatan (p. 201-227).
(2) Ibídem (p. 203),
(3) Sobre la presencia de Xul en la revista y sobre la situación de las artes plásticas en ella cfr. Wechsler, Diana , Papeles en conflicto. Arte y crítica entre la vanguardia y la tradición. Buenos Aires, FFyL-UBA, 2004, (pp.119-164 y pp.183-200),
(4) Carta de Xul Solar a su padre, Turín 1912, Archivo Xul Solar, Buenos Aires, en: Xul Solar , Catálogo cit. (p.204)
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