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Colecciones de arte

 Georges Valmier

Georges Valmier

 Georges Valmier

Paysage, 1920

FICHA TÉCNICA
Paysage, 1920
(Paisaje)
Óleo sobre lienzo, 60,5 x 81,5 cm

En el momento de ejecución de Paysage , la carrera artística de Valmier se encuentra en su etapa de plenitud (1917-1921): procedente del cubismo, ha alcanzado su mayor grado de abstracción hasta ese momento. Aunque el pintor forma ya parte de los artistas de la galería de L'Effort Moderne, aún no ha seguido la sugerencia de Léonce Rosenberg de detenerse ante el umbral de la pintura no figurativa, sin traspasarlo, para no romper ese equilibrio entre construcción y representación tan anhelado por la mayoría de los cubistas. No será hasta un año después, en 1921, cuando empiece a recular hacia una figuración que mantendrá sin embargo cierta mesura ante cualquier tentación naturalista. Todo ello ocurre, sin embargo, dentro de los límites del Cubismo Sintético, cuyo marco, en la época de entreguerras, es lo suficientemente complejo como para dar cabida a propuestas de cariz diverso.

Al acabar la guerra Valmier se ha sumado al grupo de pintores (Léger, Gris, Severini, Gleizes, Metzinger, etc.), escritores (Jean Cocteau, Pierre Reverdy, Max Jacob) y músicos que Léonce Rosenberg congrega en torno a su galería L'Effort Moderne. Desde 1919 toda su producción pasa por esta galería, el más firme baluarte del Cubismo de postguerra y un escenario para el encuentro y la emulación creativa mutua entre dichos artistas. Entre las ideas que circulan en este entorno se encuentran las teorías de Mondrian sobre la pintura no objetiva, cuyos textos se encarga de publicar en 1920 el galerista en colaboración con Maurice Raynal. Son quizá uno de los mayores estímulos que recibe Valmier para prescindir con firmeza de la descripción pictórica.

Desde 1918 y hasta 1921 su pintura se ha orientado cada vez más hacia esta meta, y si no se pierde del todo la referencia a lo real -tengamos en cuenta que sus composiciones de esta época llevan títulos como Voiliers o Le sémaphore -, sí aparece sugerido de una forma muy tenue. Si en 1917 aún se encontraba practicando un tipo de cubismo hermético, hecho de composiciones presididas por un armazón de tipo piramidal y con algunas facetas puntillistas, paulatinamente las facetas tienden a cerrarse, los colores se han ido encendiendo y se han hecho más planos, llegando así al lenguaje que podemos apreciar en Paysage.

Paysage , de 1920, debe ser incluido en este contexto en el que Valmier se muestra interesado por realizar una esquematización del motivo hasta alcanzar una «síntesis» de su idea, esquivando toda anécdota o detalle. No quiere representar la naturaleza como es, sino sugerirla, en lo que tiene de constante: «Sugerir no es conceder la ilusión de lo que vemos, sino evocar la realidad, la síntesis de la realidad con medios que provienen del espíritu», tal y como escribe en 1925, o bien «Lo sugerido conmueve de una forma distinta a como lo hace una manifestación directa» . Al igual que los propios Braque y Picasso desde sus lienzos herméticos, Valmier comprende bien el valor poético de la sugerencia en los revolucionarios planteamientos sobre la representación que está llevando a cabo la nueva pintura. Y su pintura podría así responder a la afirmación de Mallarmé -muy apreciado entre los escritores del círculo cubista- según la cual: «Nombrar un objeto es destruir las tres cuartas partes del placer que nos brinda el poema, placer que se deriva del gozo de adivinar por grados, de sugerirlo» .

La sugerencia de un paisaje amable y colorido es lo que nos muestra este lienzo: casas, en algunas de las cuales -en una operación típica del cubismo sintético- se ha disociado el dibujo del color; árboles esquematizados, escaleras, líneas ondulantes que sugieren colinas y ofrecen un contrapunto a la poderosa presencia de la línea recta, un pedazo de cielo, tal vez el mar; formas planas que pueden evocar más de un significado. Y, sobre todo, un uso del color que es en sí una forma de joie de vivre , de una ingenuidad sabia: «Todo lo que es energía y vida tiene una influencia directa en mi trabajo».

Como era su costumbre en este momento, Valmier debió de ejecutar para este paisaje uno de esos bocetos previos con la técnica del gouache y del papier collé que le servían para explorar las posibilidades compositivas; así parece al menos deducirse de este tipo de composición basada en una diestra y delicada combinación de planos en su mayor parte geométricos, secundada por colores lisos, uniformes y opacos, yuxtapuestos en algunos puntos de la superficie pictórica, y sobre los que se superponen fragmentos de líneas que procuran claves y acentos decorativos. El artista ha optado por enmarcar la composición en un óvalo que concentra la composición. Todo ello indica que el enfoque de Valmier es sintético: no parte de la observación de la realidad como base, pues su punto de partida son formas planas y coloreadas. Utiliza así herramientas usuales en el cubismo de entreguerras, la traducción del papier collé al óleo, que constituyen un desarrollo del legado del cubismo sintético que practicaron Braque y Picasso a partir de 1912.

Paysage llama la atención, desde el primer momento, por lo que es uno de los mayores logros de la pintura de Valmier: el sentido sutil, elegante y alegre del color, evocador de vida, y que no desdeña lo decorativo. Por eso forma parte también de esa corriente de pintura pura fundada en el color tan característica de una de las ramas del cubismo de esta época. «Con las manifestaciones plásticas actuales -escribe Valmier- el color toma su auténtico significado, su vida propia. [...] El color es materia destinada a expresar el espíritu» .

La mayoría de los autores que se han ocupado de la pintura de Valmier utilizan asiduamente para referirse a ella palabras como delicadeza, elegancia, refinamiento, sutileza o «tacto», este último, uno de los términos preferidos de su vocabulario; y casi todos coinciden también en destacar algo de lo que Paysage es sin lugar a dudas una buena muestra: su búsqueda constante de un perfecto equilibrio entre lo sensual y lo cerebral, sensibilidad e inteligencia, realidad y abstracción, exaltación del color y rigor de la composición, tal y como expresaba su marchante Léonce Rosenberg. Paysage es así uno de los exquisitos frutos de un pintor que poseía «una gracia sutil y una implacable precisión: como un Watteau que hubiera pasado por el estudio de Eiffel» .

A partir del momento de ejecución de este lienzo, la obra de Valmier virará, por sugerencia de Léonce Rosenberg, hacia una mayor legibilidad. Mantendrá siempre su espíritu decorativo, que tendrá oportunidad de verse también reflejado en ese otro campo artístico más práctico que es el diseño de vestuario, escenografías teatrales, papeles pintados, tejidos, etc., esa aplicación del arte a la vida por la que reconocemos en Valmier a un entusiasta de la modernidad; un entusiasta atrapado en esos Ritmos mecánicos en los que trabajaba para la Exposición de 1937 cuando le alcanzó la muerte. M-T. M.B.

La firma es autógrafa y figura en la parte inferior, a la izquierda del eje central: G. VALMIER.

PROCEDENCIA

Léonce Rosenberg L'Effort Moderne / Galerie Saint Augustin de París / Florent Schmitt / Galería Leandro Navarro

EXPOSICIONES

Georges Valmier, Peintures de 1909 à 1937 , París, Galerie Saint-Agustin, 1956 / El cubismo como nueva espirituralidad: Albert Gleizes, Georges Valmier , Madrid, Galería Leandro Navarro, 2003.

BIBLIOGRAFíA

RUBIO NOMBLOT, JAVIER, El cubismo como nueva espirituralidad: Albert Gleizes, Georges Valmier , Madrid, Galería Leandro Navarro, 2003, p. 73 / Ficha del lote con Paysage (1920) en el Catálogo de Sotheby's, Londres, 2002 / Será incluido en el suplemento del Catálogo razonado de Georges Valmier a cargo de Denise Bazetoux.

(1) BERTHON-MARCEILLAC, LAURENCE, «Georges Valmier», L'OEil , nº 287, abril, 1980.

(2) MALLARME citado por Jules Huret en una «Enquête sur l'évolution littéraire» para L'Echo de Paris , 14 marzo 1891.

(3) Valmier , Georges, «Réponse à l'enquête sur l'avenir de la couleur dans la peinture moderne», Bulletin de l'Effort moderne , nº 22, febrero, 1926.

(4) Solana, Guillermo , «Música de cámara», en Georges Valmier , catálogo de la exposición, Madrid, Galería Leandro Navarro, 2000, s.p.


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