

A pesar de que Pettoruti estaba fuera de Buenos Aires, no perdió el contacto con su espacio de origen. Siguió enviando obra y dando indicios de que lo suyo aportaría una nueva mirada a través de lo que la crítica, hacia 1916, leía como formas "meramente geométricas". Mientras tanto participaba con su obra de ceremonias inaugurales a la vez que consagratorias para el arte moderno internacional, como lo fuera la entrada de artistas modernos jóvenes a la XII Biennale Internazionale di Venezia en 1920. También compartió con sus colegas el rechazo. El mismo año de la Bienal de Venecia es apartado junto a Marusig de la Biennale di Brera. Exponen entonces en la Famiglia Artistica de Milán con gran repercusión de prensa. "Los rechazados de la Bienal de Brera -dice el periódico Risorgimento de Milan de 1920 - (...) fueron rechazados por el jurado sin que ojo mortal pueda adivinar una plausible razón de arte. Vean en la sala grande (de Famiglia Artística) dos cuadros (rechazados) de Pettoruti de una fuerza plástica y de un trabajo serio".
Desde Europa, entre tanto, fue imaginando su regreso a Buenos Aires. Lo planeó cuidadosamente. Diseñó su táctica de reentrada a partir de diferentes recursos: se anunció a través de notas en los medios gráficos de la ciudad, proclamó su autoprofecía declarando que sabía que a su regreso "no sería comprendido" , restableció lazos con sus pares al otro lado del océano y se insertó -conjuntamente con su amigo Xul Solar y el escultor Pablo Curatella Manes- entre los jóvenes de la "nueva sensibilidad", integrantes del grupo Martín Fierro, nombre de la revista que los nucleó. Programó además una importante exposición. Fueron 86 obras que presentó, a los tres meses de regresar a la Argentina, en octubre de 1924 en la prestigiosa Galería Witcomb. Simultáneamente atacó también el frente de los espacios oficiales enviando obra al Salón Nacional.
El impacto fue intenso y el objetivo logrado. La reentrada había sido un éxito y pasaría al relato histórico artístico canónico como el hecho de mayor relieve en el proceso de emergencia de la primera vanguardia en la Argentina. Las palabras de Xul Solar en Martín Fierro anticipaban lo que se vería: una "arquitectura clara y sólida", "nuevas y amplias perspectivas", el "serio esfuerzo de Pettoruti -disidente por fin-" que aportaría "un alivio y una liberación". "La valentía de este pintor ejemplificará", sentenciaba . "Cabe a un argentino -subrayaban desde las páginas de la revista de la nueva generación - el coraje de iniciar la fatigosa cruzada en pro de las nuevas formas plásticas" . Un año más tarde otro crítico recordaba: "La noticia de que un futurista exponía sus cuadros en calle Florida recorrió como un estremecimiento eléctrico los nervios de la ciudad (...) Todo el mundo se apasionó (para) reír a mandíbula batiente".
Como en todo proceso histórico, ningún hecho ocurre aisladamente. La presentación de Pettoruti había caído en terreno fértil. El arte nuevo se anunciaba desde diferentes posiciones y su múltiple presentación, respaldada por el colectivo de artistas, poetas e intelectuales de la "nueva sensibilidad", no hizo sino avivar el fuego del debate moderno en la Argentina para ya no apagarse más.
La saga pettorutiana se recreó una y otra vez, no sólo en el remedo de los críticos en las sucesivas presentaciones a lo largo de su extensa trayectoria, sino también a partir de su propio relato. Pettoruti colaboró asiduamente a partir de finales de los años veinte con el diario Crítica y con otras publicaciones periódicas. Allí solía escribir sobre diferentes artistas italianos contemporáneos cumpliendo una doble misión: por un lado colocaba y actualizaba información sobre artistas modernos que llegarían a tener importante presencia en las artes plásticas de la región; por otra, trazaba a través de sus biografías párrafos de la propia. Esta notas lo muestran una y otra vez en diálogo con Marusig, Dudrevill, Prampolini y otros italianos. Los sitúa y se sitúa dentro de un relato del arte moderno en clave internacional.
Esta hábil operación tiene continuidad en su autobiografía. Allí recogió un rico relato en el que rescató desde su infancia hasta los años sesenta. Las primeras impresiones del recién llegado, en el primer viaje a Europa, sus relaciones con otros artistas, con el trabajo, con el dinero, con el medio, las guerras, la política, las instituciones, la necesidad de construir espacios para el desarrollo del arte moderno en la Argentina, su representación tanto en el ámbito nacional como internacional son todos elementos que pueblan la autobiografía que Emilio Pettoruri escribe, a modo de mirada retrospectiva y balance, construyendo una narración que recupera su vida haciendo hincapié en la construcción de una imagen poderosa de artista combatiente, de militante moderno tanto en territorio europeo como americano. Un relato que contribuyó a delinear la lectura que la historia hiciera luego de él.
Diana Wechsler.(1) Sobre la obra Armonías en la sección de artes decorativas de "El Salón Nacional", La Nación, Buenos Aires, 22 de septiembre de 1916.
(2) C.F. Risorgimento, Milano, 14 de octubre de 1920, citado en: Emilio Pettoruti catálogo de la Exposición realizada en las Salas Nacionales de Exposiciones, Buenos Aires, Secretaría de Cultura de la Nación, junio/julio de 1995.
(3) "Atlántida en Europa. Argentinos en Berlín. El Pintor Emilio Pettoruti". Emilio Pettoruti en entrevista con Julio de la Paz, Atlántida Buenos Aires, 8 de febrero de 1924.
(4) XUL SOLAR, "Pettoruti" en Martín Fierro, Buenos Aires, septiembre/octubre de 1924.
(5) BLAKE, PEDRO, "Pettoruti" en Martín Fierro, Buenos Aires, 20 de noviembre de 1924.
(6) ESTARICO, LEONARDO, "Emilio Pettoruti" en Crítica, Buenos Aires, 1 de julio de 1925.
(7) Cfr. WECHSLER, DIANA B. "Buenos Aires 1924: Trayectoria pública de la doble presentación de Emilio Pettoruti", en: El arte entre lo público y lo privado, Buenos Aires, CAIA, 1995.
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