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Auguste Herbin

Auguste Herbin

Auguste Herbin

Biografía

Auguste Herbin
(Quiévy, 1882- París, 1960)

Desde el criterio darvinista o rígidamente evolutivo que suelen aplicar los historiadores del arte moderno, pocos creadores que iniciaron su obra en el momento de las vanguardias históricas logran sobrevivir artísticamente a un determinado momento, cerrado en el tiempo, de su propia producción. Auguste Herbin tuvo la fortuna de ser una excepción a esta regla historiográfica tan cuestionable.

Cuando al término de la Segunda Guerra Mundial, los creadores y partidarios del Arte Concreto -y los artistas y críticos reunidos en torno a la galería de Denise René- reivindicaron su figura y su obra rompieron felizmente algunos esquemas de valoración. Pero por mor de una extraña paradoja, el Herbin exaltado por el Arte Concreto vino a ocultar las variables de una trayectoria coherente, aunque compleja. Afortunadamente, desde hace más de una década, y gracias a los trabajos de Geneviève Claisse o de Serge Lemoin, el lugar de Herbin en la fundación del arte moderno ha sido recuperado con acierto, volviéndose a subrayar, especialmente, todo lo relacionado con el importante papel que el artista desempeñó en la creación del arte cubista.

Hijo de una familia de obreros textiles, Auguste Herbin nació en Quiévy, una pequeña localidad próxima a Cateau-Cambrésis, el 29 de abril de 1882. Era, por tanto, de la misma edad que Braque y apenas un año menor que Picasso. Gracias a grandes esfuerzos económicos familiares, el joven Herbin pudo ingresar en 1899 en la Academia de Bellas Artes de Lille, pero su temprano y despierto interés por la estela de la pintura impresionista le hizo entrar en conflicto con profesores y compañeros. Se puede decir, en consecuencia, que Herbin fue un autodidacto, aunque ello no impidió sino que estimuló un progresivo tono intelectual de su carácter y de su actitud ante la creación, carácter intelectual que se acrecentaría a lo largo de su trayectoria.

Tras instalarse en París en 1901, conoció en 1904 a Wilhelm Uhde y a Clovis Sagot, quienes adquirieron sus primeras obras. Para entonces, Herbin practicaba un impresionismo exaltado en cromatismo y pincelada que, en algunos aspectos, sin duda anticipaba soluciones fauvistas. Pero entre 1905 y 1908 la obra de Herbin acogió dos registros en paralelo; de un lado asumió valoraciones abstractas de la mancha cromática y, de otro, introdujo la geometrización y la simplificación de formas en retratos y paisajes. Aunque arraigado en su propio modo de hacer, la posición de Herbin en esos años era, por tanto, equiparable a la de Braque o Derain.

En 1909, Herbin se trasladó al Bateau-Lavoir. Su cercanía con Picasso y Braque, y más tarde con Gris, fue inmediata y puede decirse que el pintor participó en el nacimiento y el desarrollo del cubismo, manteniendo un intenso contacto con Picasso, incluso cuando éste se trasladó a vivir al Boulevard de Clichy. Cercano en ocasiones a Gris, a Metzinger o incluso a Gleizes, entre 1911 y 1914, el cubismo de Herbin desarticuló muy pronto las diferencias entre lo que llamamos convencionalmente cubismo analítico y cubismo sintético , propiciando fórmulas variables que oscilaron entre la traducción geometrizada de los motivos y el encuentro entre el cubismo y lo abstracto, aspecto este último en el que Herbin fue realmente un pionero.

Movilizado al estallar la Primera Guerra Mundial, Herbin pasó buena parte de su servicio decorando la capilla del campo militar de Mailly-en-Champagne y realizando camuflajes para material bélico. Sin embargo, en plena contienda, su contacto con los ambientes que hicieron perdurar el cubismo se acrecentó al suscribir un contrato en exclusiva con Léonce Rosenberg en 1916. Su obra se adentró entonces en la reconsideración abstracta de elementos vegetales y naturales a los que dotaba de un peculiar sentido decorativo, al tiempo que el carácter de un buen número de sus piezas de entonces le acercaba a los postulados del purismo o le hacía franquear de nuevo el punto de encuentro entre herencia cubista y abstracción.

Hacia 1919 Herbin se interesó por las cualidades plásticas de lo monumental y comenzó a realizar, a partir de 1920, sus primeras pinturas sobre mortero y madera esculpida; obras curiosamente cercanas al llamado segundo futurismo, en las que el artista introdujo un nuevo sentido del tótem moderno que, sin embargo, no fue bien acogido por la crítica.

En 1921 la obra cubista de Herbin se cotizaba más alta que la de Léger o Braque y, sin embargo, el artista, para vencer ciertos momentos de impasse, decidió dar un giro a su obra. Entre 1922 y 1926 produjo una de las más originales fórmulas del nuevo realismo europeo. No se trataba, sin embargo, de un mero adentrarse en el retorno al orden . Herbin hizo bueno el criterio de Roh relativo a que sólo después de haber hecho abstracto el arte podía reflorecer el sentimiento de la figura, la naturaleza y el objeto. Y, efectivamente, sin huir de lo descriptivo, las representaciones novorrealistas de Herbin estuvieron matizadas por lo conceptual.

Tras esta etapa, el artista retomó, hacia 1925 ó 1926, la abstracción. Esta vez sobre la base de formas orgánicas muy dinámicas en las que paulatinamente introdujo el arabesco de línea negra. En 1931 fue el empeño de Herbin el que hizo surgir el grupo Abstraction-Création , llenando un importante espacio artístico en contraposición al surrealismo. En los años cuarenta, como tantos otros pintores abstractos coetáneos suyos, Herbin vinculó las posibilidades de la abstracción con la capción de cierto pensamiento esotérico (Steiner, Washmuth, Wronski), llegando a codificar un alfabeto plástico de correspondencias entre letras, formas y colores. Con todo el bagaje acumulado, en la inmediata segunda posguerra se produjo la ya mencionada reivindicación del artista por parte de jóvenes creadores del Arte Concreto y en este ámbito, y portador de un reconocimiento poco usual, desarrollaría Herbin su obra, superando incluso graves problemas de salud, hasta su muerte, en 1960, a los 78 años.


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