

Sus primeros estudios de formación fueron paradójicamente en la Escuela Oficial de Comercio de Sevilla, que muy pronto abandona por su verdadera vocación, la pintura. En 1903 se traslada a Madrid con el deseo de ingresar en la Academia de San Fernando, en un primer intento que fracasa; de inmediato comienza a introducirse en los ambientes intelectuales de la ciudad: las tertulias de los componentes de la Generación del 98 o de Juan Ramón Jiménez y su revista Helios. Al mismo tiempo, copia cuadros del Museo del Prado, donde conoce la obra de Velázquez, Goya, Zurbarán, El Greco y los venecianos.
D e 1906 a 1918 se encuentra en París, aunque no pierde contacto con España y continúa enviando obras a las exposiciones nacionales, donde había comenzado a presentarse desde 1904. Allí se casa con la escultora danesa Eva Aggerholm (1910); conoce la obra de impresionistas, postimpresionistas, nabis y simbolistas; trata con el escultor Antoine Bourdelle, Modigliani, Max Jacob y con españoles como Juan Gris, Picasso, Sunyer, Durrio, Anglada Camarasa, Echevarría; comienza a exhibir sus obras en el Salon des Indépendants, el Salon d'Automme y el Salon de la Société des Artistes Français; realiza sus primeras exposiciones como la de la Galería Chevalier y «L'Espagne Pittoresca» en 1911, la de la Ville des Arts en 1912 o la Galería Boutet-Monvel en 1914 e inicia sus colaboraciones en las revistas L'Espagne , La Vie Mondaine , Je sais Tout , Elegancias ... En 1915 viaja a Reims, Verdún y Arrás, donde comienza una serie de aguafuertes titulada «Ciudades Mártires», algunos de cuyos dibujos serán expuestos en los certámenes nacionales de 1915 y 1917 y en la Exposición de Legionarios de Madrid.
De regreso a Madrid en 1918, celebra en el Salón Lacoste su primera individual en la que recibe duras críticas negativas y se le considera un afrancesado. En 1920 expone en Bilbao con la Asociación de Artistas Vascos y en 1921 celebra en el Palacio de Bibliotecas y Museos de Madrid una interesante muestra, cuyo catálogo está prologado por Juan Ramón Jiménez, amigo personal del artista desde hacía años. Aquella muestra representa el inicio de la modernidad en la pintura española, el llamado retorno al orden. Amigo de los ultraístas, éstos celebran en su honor un banquete por esta exposición, además decora el escenario de la Velada Ultraísta de Parisiana e ilustra Ultra , El Sol , La Voz o El Fígaro con decenas de dibujos ultraístas.
Tras su participación en numerosas muestras -Galerías Dalmau (1921), Sala Illustraçao Portuguesa de Lisboa (1922), Oporto y Coimbra (1923), Pittsburgh (1924)-, en 1925 firma el primer manifiesto de la Sociedad de Artistas Ibéricos y participaría en diversas exposiciones que organiza aquélla durante la República (1931, 1932, 1933, 1935 y 1936). En octubre de 1929, con el patrocinio de Alfonso XIII, inicia el famoso ciclo de frescos para el Monasterio de Santa María de La Rábida (Huelva) donde muestra sus personales estructuraciones cubistas en las que representa varios pasajes de la partida de los primeros descubridores de América.
Su obra alcanza un éxito indiscutible, confirmado por la obtención de la Cátedra de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando a comienzos de los años treinta, superando el escándalo de 1923, cuando fue eliminado injustamente de la Cátedra de Pintura al Aire Libre.
Es autor de numerosas ilustraciones para libros - Andrómeda, La Comedia de un tímido o Marinero en Tierra - y revistas - Los Aliados, Almanaque de las Artes y las Letras para 1928, Almanaque Literario 1935, La Gaceta Literaria y Verso y Prosa, entre otras- y de obras tan representativas como La fábrica dormida o la Galería de retratos de Eva, Don Francisco, Adriano del Valle , etc.
En 1936, con el estallido de la Guerra Civil, rechaza la invitación que el Gobierno Republicano le hace para trasladarse a Valencia y decide permanecer en Madrid. Terminada la contienda envía sus obras a la I Exposición de Pintura y Escultura celebrada en Valencia en 1939 y al año siguiente celebra su primera muestra monográfica en el Ministerio de Asuntos Exteriores. A partir de entonces inicia un prolífico periodo de exposiciones que le consagran como uno de los artistas más conocidos del régimen: participa en las bienales de Venecia; en 1947 la editorial de la Revista de Occidente le dedica una gran muestra, obtiene el Gran Premio de la I Bienal Hispanoamericana de Arte (1951); se le concede la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio; medalla de honor en la Exposición Nacional (1954); en 1963 es nombrado Vicepresidente del Patronato del Museo de Arte Moderno de Madrid, recibe la Medalla de Oro de la Villa de Madrid, la Gran Cruz de Isabel La Católica, y en 1968 ingresa en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Por su taller pasaron artistas de la generación previa a la guerra como Rafael Botí, José Caballero, Juan Manuel Díaz Caneja, Jesús Olasagasti y Pablo Zelaya entre otros; y del periodo posterior como Cristino Vera, Rafael Canogar o Agustín Ibarrola. I. G. G.
© 2006 Fundación Telefónica. Todos los derechos reservados | Requisitos | Política de protección de datos