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María Blanchard

María Blanchard

María Blanchard María Blanchard María Blanchard

Biografía

María Gutiérrez Cueto, llamada María Blanchard
(Santander 1881-París, 1932)

Nace en Santander el 6 de marzo de 1881 de familia burguesa acomodada, siendo su abuelo director de la Abeja montañesa , y su padre director del periódico El Atlántico . Su madre era de ascendencia polaca y francesa, y María adoptaría el apellido Blanchard de su abuelo materno. Como consecuencia de un accidente de su madre durante su gestación, María nació con una gran deformidad corporal debida a una cifoescoliosis con doble desviación de columna, que marcaría toda su vida y le produciría gran sufrimiento psicológico. Sin embargo, durante su infancia contó con los beneficios de un ambiente familiar culto y estimulante en el que su padre alentó su interés por el arte. En 1903 decide marchar a Madrid para completar su formación con Emilio Sala y al año siguiente, tras la muerte del padre, se instala en la capital. Allí acabará toda la familia, aunque en situación económica precaria, aliviada en parte gracias a un tío que sufragó los gastos de la familia y la carrera de María. Estudia en 1906 con Álvarez de Sotomayor y empieza a exponer en la Exposición Nacional de Bellas Artes. Dos años más tarde concurre de nuevo, consiguiendo tercera medalla de pintura. Ese año entra en el taller de Manuel Benedito.

En 1909 obtiene beca de la Diputación y Ayuntamiento de Santander y marcha por primera vez a París. Acude a la Academia Vitti, donde recibe enseñanzas de Anglada Camarasa y Van Dongen, que orientan su trabajo hacia la libertad del color y la expresión, permitiéndole alejarse de las restricciones de la pintura académica en la que había iniciado su carrera. Durante el verano viaja a Bélgica con Angelina Belloff, donde coinciden con Diego Rivera, a quien María ya conocía. Envía un cuadro a la Nacional de Bellas Artes de Madrid y se le concede segunda medalla. Al concluir su primera estancia en París, pasa una temporada en Granada, pero decide solicitar otra beca para regresar, y vuelve allí en 1912.

Esta segunda estancia parisina será decisiva, porque favoreció el contacto con el círculo de la vanguardia cubista, especialmente con Juan Gris y Lipchitz. Sin embargo, el estallido de la Primera Guerra Mundial le obliga a abandonar Francia en 1914, pasando una temporada en Mallorca con Rivera, Belloff y Lipchitz, y más tarde en Madrid. 1915 es la fecha de la exposición de Pintores íntegros que organiza Gómez de la Serna y en la que incluye a María Blanchard junto a Rivera y otros artistas de la vanguardia. Después, la pintora ejerce durante un tiempo como profesora de dibujo en Salamanca, pero recibe rechazo y humillación por parte de sus alumnos, por lo que decide instalarse definitivamente en París.

En 1916 viaja por tercera vez a la capital francesa, iniciando la decisiva etapa cubista en su obra. María estrecha vínculos de amistad con Juan Gris, Lipchitz y Metzinger. En 1918 entra en contacto con Léonce Rosenberg y forma parte del grupo de su galería, L'Effort Moderne. Empieza a encontrar compradores de su pintura sobre todo entre los coleccionistas rusos, americanos y alemanes. En 1920 expone en el Salón de los Independientes, y Rosenberg le compra su obra cubista, pero su trayectoria artística ya está marcada por un giro fundamental hacia la figuración que Rosenberg no se compromete a apoyar. María Blanchard inicia de nuevo un camino de grandes penalidades económicas, pero saca adelante su nueva producción, que coincide con el ambiente europeo del retorno al orden de entreguerras. Se trata de una figuración en la que el cubismo ha dejado una cierta influencia constructiva. Imágenes intimistas, expresivas y con un tratamiento del color y la luz característico.

En esta nueva etapa fue fundamental el apoyo de algunos mecenas belgas como Flausch, Delgouffre y Grimar. En 1923 expone en Bruselas en la muestra Ceux de demain , con prólogo de André Lothe, y en 1926-1927 volverá a repetir exposición, esta vez prologando el catálogo Waldemar George. En 1927, año de la muerte de Gris y de Flausch, María Blanchard se recluye en sí misma y pierde el contacto con los demás artistas. Su salud se empieza a deteriorar, padece tuberculosis. Busca consuelo en la religión, no deja de pintar y mantiene a varios miembros de su familia, lo que le proporciona una gran sensación de agobio económico del que sólo se ve aliviada cuando vende algún cuadro, bien a través de la galería parisina Vavin, o directamente a un coleccionista suizo con el que firma contrato. En 1930 participa en una exposición colectiva en Brasil organizada por la revista Montparnasse , junto a obras de Gris, Léger, Matisse, etc., pero ya entonces su vida está limitada a la pintura y al contacto con unos pocos amigos como Isabelle Rivière y el doctor Girardin. Muere en París el 5 de abril de 1932. C. B.


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