La Historia
En las tierras fronterizas de los actuales estados de Argentina, Paraguay
y Brasil, en el interior de las selvas atravesadas caudalosos ríos,
se adentraron los padres jesuitas para fundar las «reducciones»,
poblaciones cuyas ruinas permanecen como testimonio artístico
y espiritual de su fervor misionero. El entusiasmo evangelizador, el
empeño en transmitir la palabra de Dios a los confines más
recónditos del Nuevo Continente, tuvo que sortear y vencer numerosos
peligros y reveses, una historia que alcanzó a veces tonos épicos.
Desde la primera provincia creada en el Paraguay, la Compañía
de Jesús fundó a partir de 1609, unas sesenta reducciones
que se asentaban en los territorios pertenecientes a los los actuales
estados de Argentina, Paraguay, Bolivia y Brasil
El patrimonio cultural de las reducciones jesuíticas no
sólo es un importantísimo documento arquitectónico
de la implantación y desarrollo de la arquitectura y el urbanismo
del período barroco, inspiradas en las «ciudades ideales» del
siglo XVI, sino que también forma un legado histórico
crucial en cuanto modelo de organización religiosa, social,
educativa y económica. Después de la expulsión
de los jesuitas de los dominios de la Corona de España en 1767
y tras la supresión de la Compañía de Jesús
por el Vaticano en 1773, muchas de las reducciones fueron abandonadas,
deterioro que se agudizó con motivo de las guerras fronterizas
de 1818, que provocaron la fatal devastación y el definitivo
abandono de las reducciones, sofocadas bajo el deletéreo abrazo
de la selva tropical. Los trabajos de restauración, recuperación
y puesta en valor se llevan realizando sostenidamente durante varias
décadas han consolidado numerosos de los restos de los conjuntos
monumentales que han llegado hasta nuestros días.
La reducción jesuítica de San Ignacio Miní es
una de las más importantes: en su momento de máximo esplendor,
a mediados del siglo XVIII, contó con más de tres mil
habitantes y desarrolló una intensa vida religiosa, cultural
y artesanal. A pesar de haber sufrido también las devastaciones
provocadas por los conflictos armados y por el abandono, San Ignacio
Miní conserva aún importantes vestigios que permiten
realizar una reconstrucción virtual completa de la reducción
con el apoyo de los estudios históricos y de la documentación
existente en varios archivos. Especialmente interesante es su trazado
urbano, paradigma del urbanismo regular y ordenado, y los trabajos
escultóricos de las portadas de su monumental iglesia que testimonian
la adaptación local, con singulares rasgos indígenas,
de las pautas estilísticas del barroco europeo. San Ignacio
Miní se encuentra en la provincia de Misiones, a unos sesenta
kilómetros de la capital de la provincia, Posadas. En 1984 fue
declarada Patrimonio Cultural Mundial por la UNESCO y actualmente dispone
de un interesante Centro de Interpretación que ilustra sobre
la historia y cultura de las misiones jesuíticas.
