El valle de Boí está integrado por las poblaciones
de Barruera, Boí, Cardet, Cóll Durro, Erill la Vall,
Saraís y Taüll. Entre sus calles se encuentra una de
las muestras de arte románico
más importantes del mundo.
El 30 de noviembre del año
2000 la UNESCO declaró este
conjunto PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD.
El románico y el valle
El románico nace en torno al año 1000 en el norte
de Italia y se extiende rápidamente por toda Europa.
A finales del siglo XI, la Vall de Boí es un valle feudal:
campesinos ligados a la tierra y bajo el dominio de los señores
feudales, la familia de los Erill.
Siglo XII. Con las riquezas que los Erill recibían de su
participación en las campañas de reconquista, patrocinaban
la construcción de iglesias en el valle, contratando para
ello a los mejores constructores y artistas del momento.
Esta circunstancia, unida a la cercanía entre los diferentes
núcleos de población del valle, ha dado lugar a una
concentración de iglesias con un elevado nivel artístico
en un territorio muy pequeño.
Aún más excepcional es la conservación a través
de los siglos de estas iglesias sin apenas modificaciones que hayan
alterado su concepción inicial.
Es de destacar, como una de las características principales
del románico de la Vall de Boí, su unidad de estilo
arquitectónico.
Las iglesias del valle
En 1907 tuvo lugar una expedición, organizada por el Institut
d'Estudis Catalans, para conocer y estudiar los monumentos de la
Ribagorza. Esta misión encabezada por Josep Puig i Cadafalch
evidenció la existencia de las riquezas artísticas
existentes en el valle de Boí.
Las iglesias de la Vall de Boí han alcanzado en su conjunto
el nivel de paradigma de todo el arte románico catalán.
Aparte de su belleza intrínseca y de su esmerada armonía
con el paisaje, estos edificios han llegado a tener un papel singular
en el arte catalán por la riqueza de sus elementos decorativos
y mobiliarios, en un estado de conservación y de una calidad
que es necesario calificar como excepcionales.
Es por ello que este conjunto monumental único fue declarado
Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000.
La conservación de la pintura
A mediados del siglo XIX se inicia en Cataluña el movimiento
cultural de la Renaixença. Con la voluntad de conocer y estudiar
los monumentos románicos del país, en 1907 el Institut
d’Estudis Catalans organiza una serie de viajes histórico-literarios.
De esta voluntad por conocer el país, definir y reivindicar
una identidad propia, surgen fotografías, dibujos y planos
que serán la base de una serie de publicaciones. Entre ellas,
la obra Les pintures murals romàniques, que años más
tarde fue utilizada por coleccionistas y museos extranjeros a modo
de catálogo para comprar y trasladar estas obras de arte.
Ante este peligro, la Junta de Museos de Barcelona decidió acometer
un proceso de “salvamento”. La mayor parte del conjunto
de pinturas murales románicas se extrajeron, arrancándolas
mediante la técnica del strappo, y se trasladaron al Museu
d´Art i Arqueologia de Barcelona entre los años 1919
y 1923.